Document created: 28 July 05
Air & Space Power Journal - Español Otoño Trimestre 1991

Apoyo Aéreo al Campo de Batalla
Evaluación Retrospectiva

Dr. Richard P. Hallion

La potencia aérea fue utilizada inicialmente como arma durante la Primera Guerra Mundial. Al propio tiempo, surgió una controversia-que continúa hasta hoy-sobre si los aviones específicamente diseñados para ataque terrestre o los cazabombarderos en función tipo "swing-role" o variable se prestaban más para el apoyo aéreo al campo de batalla.

Han transcurrido más de 70 años desde que los aviones armados atacaran por primera vez a las tropas en lo que se consideraría ahora como misiones de apoyo aéreo cercano (CAS) y de interdicción aérea en el campo de batalla (BAI). Una cantidad extraordinaria de criterios y debates ha resultado en numerosas publicaciones, documentos y simposios relacionados con la cuestión del apoyo al campo de batalla prácticamente en todos sus aspectos. Hoy, este interés continuo es especialmente importante a medida que los servicios militares se esfuerzan por abordar el futuro de la misión CAS/BAI.

La publicación de los Jefes de Estado Mayor Conjunto (JCS Pub) 1, Department of Defense Dictionary of Military and Associated Terms, define el apoyo aéreo cercano como "acción aérea contra blancos hostiles que se hallan próximos a las fuerzas armadas y que requieren integración detallada de cada misión aérea con el fuego y movimiento de estas fuerzas," Pero la interdicción aérea en el campo de batalla no se define tan nítidamente. La interdicción aérea (AI) tradicional -nuevamente de acuerdo con la Pub JCS 1 -se define como "operaciones aéreas realizadas para destruir, neutralizar o retrasar el potencial militar enemigo antes de que pueda aplicarse eficazmente contra fuerzas amigas a una distancia tal de las fuerzas amigas que no requiera una integración detallada de cada misión aérea con el fuego y movimiento de las fuerzas amigas." BAI, básicamente interdicción aérea utilizada en apoyo de la batalla en proximidad, se describe en la definición siguiente: "los ataques de interdicción aérea contra blancos de fuerzas terrestres que surten un efecto a corto plazo sobre las operaciones o plan de maniobras de las fuerzas amigas, pero no están próximos a las fuerzas amigas, se denominan interdicción aérea en el campo de batalla." Tal como un general de la Fuerza Aérea escribió recientemente, "Nuestro concepto de BAI-lo que es, cómo se controla, etc.-está aún evolucionando."1

Teniendo presentes estos detalles, conviene examinar la cuestión de CAS/BAI desde la perspectiva de más de siete décadas de operaciones; podemos postular algunas premisas, explicándolas en mayor detalle:

1. Siempre hemos hecho lo que ahora se delinean como operaciones CAS/BAI. CAS y BAI datan de la Primera Guerra Mundial, específicamente de 1917, cuando el Cuerpo Aéreo Real (RFC, precursor de la Fuerza Aérea Real [RAF]) comenzó a realizar misiones de "ataque a las trincheras" (CAS) y "ataque a tierra" (BAI) en el frente occidental. Utilizando cazas modificados para el transporte de bombas tales como el S.E.5a y el Sopwith Camel, la RFC emprendió operaciones directamente sobre el frente y atacó a la fuerza de segundo nivel hasta una profundidad de 30 o más kilómetros detrás del frente. El servicio Aéreo Alemán Imperial siguió esta iniciativa. Dichas actividades por los aviadores británicos, alemanes, franceses y norteamericanos eran habituales en el flujo y reflujo de las grandes ofensivas de 1918 y quedaron plasmadas extensamente en las memorias y documentos de la época. BAI desempeñó un papel decisivo en el colapso de las fuerzas turcas en Palestina durante la breve aunque cruel campaña aérea a fines del verano de 1918. CAS/BAI apareció en muchos de los conflictos entre las guerras de los años 20 y 30 y, sobretodo, en las tres grandes guerras de los años interbélicos: Abisinia, España y China. La lucha en España estuvo caracterizada por un empleo extenso de CAS/BAI por ambos lados, culminando con el climático combate del Río Ebro en 1938.2

CAS/BAI desempeñó un papel importante en la lucha durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente durante los ataques relámpagos nazi, en la lucha en el Desierto Occidental, la campaña italiana, el paso a través de la región norte de Francia y la lucha en el frente oriental. A pesar de numerosos comienzos falsos en los años interbélicos y de principios de la guerra, fue sólo en 1943-después de la amarga experiencia de Kasserine y la explosión de los aviadores norteamericanos al sistema británico de apoyo aéreo en el Desierto Occidental-cuando Estados Unidos abordó de forma pragmática el problema de apoyar a las fuerzas de infantería mediante ataque aéreo directo. El Manual de Campaña 100-20, Mando y Empleo de la Potencia Aérea, surgió de esta experiencia y por él se rigió el uso posterior del apoyo aéreo táctico norteamericano durante el resto de la guerra. Aunque el General George Kenney había trabajado con este problema el año anterior (en Nueva Guinea), las peculiaridades de la guerra en el Pacífico Suroeste generaron circunstancias notablemente diferentes de la forma más tradicional de guerra que se estaba luchando en los teatros norteafricano y europeo. En particular, los atacantes de bajo nivel podían continuar con los ataques aéreos sufriendo relativamente pocas pérdidas, algo que no habría sido posible en cielos europeos o mediterráneos más densamente defendidos. En muchos casos, los atacantes de Kenney fueron empleados con más frecuencia y rentabilidad en misiones de supresión del dominio aéreo contra los aeródromos japoneses en vez de hacerlo en verdaderas misiones al estilo CAS y BAI. Por su parte, la Armada y el Cuerpo de Infantería de Marina perfeccionaron un tipo especial de operación CAS, mediante la cual CAS servía de sustituto para la falta de artillería disponible. Este sistema, arraigado en la experiencia con "guerras pequeñas" de los Soldados de Infantería de Marina en los años 20 y 30 (que vinculó las unidades aéreas de la Armada y la Infantería de Marina a las fuerzas terrestres a las que apoyaban) demostró ser eficaz y se convirtió en una fuente de controversias en los años de la posguerra. Durante la Segunda Guerra Mundial, reapareció el caza-bombardero maniobrable en servicio de los aliados y de las fuerzas del Eje, complementando y con el tiempo reemplazando al avión de asalto especializado como principal instrumento del ataque en el campo de batalla de aire a tierra.3

Corea presenció una gama extensa de actividad CAS/BAI. Además, la breve aunque encarnizada campaña del Sinaí en 1956 (y las posteriores guerras del Oriente Medio de 1967 y 1973) presenciaron operaciones decisivas CAS/BAI, siendo quizás el mejor ejemplo los ataques israelíes concentrados en las fuerzas egipcias en la región del Paso de Milta, Egipto, durante la guerra de 1967. Mucho más típico del combate posterior a la Segunda Guerra Mundial fue el empleo de CAS/BAI durante las guerras "limitadas" de los años 50-80, especialmente en Malayo (donde ocasionalmente fue eficaz), e Indochina (donde no pudo salvar a los franceses de la derrota), Argelia (donde lo hizo pero otras consideraciones dictaron un acuerdo), y África del Sur (especialmente en la operación Dragón Rouge, el rescate de los rehenes belgas en Stanleyville, Congo), el Asia Suroriental (donde los resultados fueron ambivalentes), Marruecos (donde resultó costoso de realizar), Las Malvinas (donde tuvo un efecto aunque limitado), la guerra de Irán-Irak (donde predominó BAI) y Afganistán (donde primero funcionó bien y luego se desmoronó frente a la creciente amenaza de los misiles de superficie a aire lanzados desde el hombro [SAM].4

2. Las operaciones BAI siempre han tenido mas valor-y han sido más extensas- que las operaciones CAS. Por su propia naturaleza, CAS tiende a utilizarse sólo en ultimo recurso. Incluso un análisis de pasada de las operaciones de apoyo aéreo al campo de batalla desde la Primera Guerra Mundial en adelante indica que BAI ha sido más dominante y prevaleciente. En situaciones de guerra limitada, especialmente en ausencia de maniobras o combates intensos, CAS se ha empleado con más frecuencia pero incluso aquí es a menudo sorprendente cuántas pocas salidas se dedican realmente a la misión CAS. Por ejemplo, un análisis de las salidas de la fuerza aérea en Vietnam del Sur hasta octubre de 1966 inclusive puso de manifiesto que sólo 3 por ciento se dedicaron a misiones CAS; tal como escribió posteriormente un historiador de la Fuerza Aérea, "muchas" otras estuvieron comprendidas en "una zona dudosa entre misiones que eran claramente apoyo aéreo cercano en el sentido tradicional y las que habrían sido llamadas anteriormente interdicción."5 Es interesante que esta zona indefinida se llamara apoyo directo, eufemismo BAI que data de la experiencia británica en la Segunda Guerra Mundial.

Las operaciones BAI han sido claramente más útiles en su impacto sobre la batalla terrestre de maniobras; la blitzkrieg, la Campaña en el Desierto Occidental, la Campaña Italiana, el paso a través de Francia, y las épicas batallas de aire-tierra del Frente Ruso en 1943-45 fueron esencialmente campañas en las que predominó BAI. Los planificadores de la Luftwaffe subrayaron el asalto a las fuerzas del segundo nivel, comenzando en las etapas posteriores de la Guerra Civil Española y continuando hasta la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo hicieron las Voyenno Vozdushnye Sily (VVS-Fuerzas Aéreas del Ejército Soviético). Ambos servicios combinaron las operaciones CAS en el frente con ataques de segundo nivel más numerosos a una profundidad en exceso de 30 kilómetros detrás del frente. Durante los desembarcos en Normandía y la posterior etapa de consolidación, BAI con los cazas y bombarderos tácticos dificultó gravemente la llegada de las Fuerzas Alemanas al campo de batalla.

Las operaciones de protección de las columnas acorazadas británicas y norteamericanas en apoyo del paso y persecución de las fuerzas alemanas a través de Francia varió entre CAS y BAI pero muchas fueron más claramente operaciones BAI, muy por fuera del alcance de las fuerzas terrestres amigas. Finalmente, las batallas gemelas de Mortain y el Paso de Falaise-Argentan fue- ron principalmente ataques BAI de fuerzas combinadas de las Fuerzas Aéreas del Ejército (AAF)-RAF; tuvieron un efecto destructor sobre las fuerzas alemanas. En los años de la posguerra, hubo poca oportunidad de examinar el apoyo aéreo al campo de batalla en el ambiente acelerado de una guerra total, mecanizada y fluida; sin embargo, los pocos casos que existen ofrecen evidencia afirmativa de que BAI desempeñó un papel más amplio y más importante que GAS. Entre estos casos figuran las guerras del Oriente Medio en 1956, 1967 Y 1973 así como la prolongada guerra de Irán-Irak (donde los iraníes tendieron a seguir patrones norte- americanos-por ejemplo, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos-y la Fuerza Aérea Iraquí sustituyó las tácticas soviéticas por tácticas francesas).6 Este análisis no tiene por fin denigrar GAS o indicar que no exista necesidad de ella; sin embargo, su uso refleja típicamente circunstancias más desespera- das o peculiares-en tales como la lucha en "Bloody Ridge" en Guadalcanal en 1942; "Hellzapoppin Ridge" en Bougainville en 1943; la lucha en Naktong y Ghosen Reservoir en 1950; la defensa de destacamentos, columnas y poblados en Indochina y Vietnam del Sur, y la misión para romper el asedio en Dien Bien Phu y Khe Sanh (una con éxito y la otra sin él). En todos estos casos, GAS sustituyó la falta de recursos de artillería y a menudo contrarrestó enormes disparidades de fuerzas entre los lados beligerantes. Pero, como regla general, cuando las fuerzas móviles se unen al combate (especialmente en terreno abierto), BAI se emplea mas frecuentemente-y decisivamente-que CAS.7

3. Con raras excepciones, el bombardero estratégico ha tenido un valor mínimo en el apoyo aéreo al campo de batalla. La noción de bombardero estratégico cruzando majestuosamente el campo de batalla y soltando una ristra de bombas siempre ha tenido cierto atractivo pero las peculiaridades de las operaciones entrelazadas con bombarderos han limitado grandemente su eficacia. Entre éstas figuran la necesidad de establecer una corriente de bombarderos de alguna clase, o la mayor vulnerabilidad de este tipo de avión a las defensas terrestres y aéreas enemigas y las necesidades de coordinación mucho mayores para ataques eficaces. Los ataques de bombardeo con B-17 y B-24 antes de la invasión contra Omaha Beach en la mañana de los desembarcas en Normandía hicieron poco para suprimir las defensas costas; mucho más valiosas fueron las 36 escuadrillas aliadas de caza-bombarderos que proporcionaron CAS a las fuerzas que desembarcaban y las 33 escuadrillas adicionales que volaron misiones BAI más al interior. La Operación Cobra, emprendida inmediatamente antes del paso de Saint-Ló el 24-25 de julio de 1944, ilustró los puntos fuertes y débiles de utilizar los bombarderos estratégicos para misiones CAS. Logró el efecto deseado, destruyendo a la división Panzer-Lehr al otro lado del Séptimo Cuerpo Norteamericano pero una mala planificación, una mala ejecución y mala suerte resultaron en bajas de fuerzas amigas por errores de bombardeo que mataron a más de 100 soldados, hirieron a unos 500 y desencadenaron amargos intercambios entre los comandantes de las fuerzas aéreas y terrestres. Estos intercambios se debieron en parte al hecho de que uno de los fallecidos era el Teniente General Lesley J. McNair, "comandante" del "Primer Grupo del Ejército" fantasma. Al final de la guerra, el 120 Grupo del Ejército del General Ornar Bradley calificó los caza- bombarderos como especialmente valiosos para apoyo de las tropas pero se mostró bastante menos entusiasta hacia los bombarderos medios y en particular hacia los pesados. La actitud del grupo era la de que los bombarderos pesados tenían posibilidades de ser destructivamente eficaces pero eran propensos a producir bajas en las fuerzas amigas y, por tanto, necesitaban el establecimiento de grandes zonas de seguridad entre las fuerzas amigas y enemigas, restricciones no conducentes a una buena explotación de un enemigo asediado después de un ataque.8 Las operaciones después de la Segunda Guerra Mundial también han sido ambivalentes. Los B-29 volaron en función de apoyo aéreo al campo de batalla (especialmente de noche, utilizando bombardeo radárico) para las fuerzas aliadas en Corea y parecen haber tenido poco efecto real en la situación en tierra, a pesar de declaraciones ocasionales en sentido contrario. Los franceses buscaron sin conseguirlo la intervención de los B-29 equipados con bombas atómicas durante el desastre de Dien Bien Phu; los británicos emplearon bombarderos Lincoln contra le Mau Mau en Kenia (sin éxito notable); y correspondió a Estados Unidos demostrar la evolución de las técnicas de guía y control de precisión cuando, junto con una situación estática, podrían resultar en apoyo rentable para las fuerzas terrestres por los B-52 durante el asedio de Khe Sanh. Sin embargo, cabe advertir que todas estas operaciones (emprendidas o no) correspondieron más a BAI que a CAS y se emprendieron en conflictos en los que tanto los comandantes aéreos como terrestres prefirieron en mucho utilizar aviones más pequeños, más ágiles y operativamente flexibles-notablemente el cazabombardero.9

4. La interdicción aérea "clásica" ha resultado desalentadora y mucho menos importante que BAI o CAS; su efecto en las operaciones del campo de batalla es cuestionable, en particular cuando no se sincroniza con la guerra de maniobra en tierra. Existen cuatro ejemplos de cuatro conflictos distintos que ponen en duda la eficacia de la intervención no BAI: la Operación Strangle (Italia, 1944); las Operaciones Strangle y Saturate (Corea, 1951-52); las iniciativas de intervención francesas contra las líneas de suministro del Vietminh, 1952-54, y la larga y ardua campaña contra la red de sendas Ho Ghi Minh por toda una década después. La Operación Strangle en Italia nunca alcanzó el grado de supresión de las líneas de suministro a las fuerzas alemanas que sus planificadores habían esperado, como esfuerzo puramente de "interdicción," fracasó. Pero los ataques más cerca del frente emprendido durante la posterior etapa Diadem dificultaron la movilidad alemana cerca de la línea de combate-otro ejemplo de la eficacia de BAI, tal como se refleja en los recuentos nazi contemporáneos y las memorias de la posguerra. 10 Lo mismo no podría decirse de la Operación Strangle en Corea que, como su predecesora, trató de evitar el paso de suministros a lo largo de la península. Aquí, los ataques a las carreteras resultaron ser poco más que un movimiento de tierra costoso por el que se pagó un alto precio en tripulaciones, muertas o captura- das, y aviones de asalto perdidos o dañados. La Operación Saturate, su sucesora, ese destinó contra la red ferroviaria norcoreana con algo más de éxito, pero (en vista de la naturaleza de la lucha en el frente) aún no impidió a las fuerzas comunistas obtener los suministros necesarios para continuar la lucha. Un informe de evaluación, en realidad, llegó a la conclusión de que en enero de 1953 "el enemigo estaba mejor pertrechado, alimentado y equipado que en cualquier época anterior."11 En Indochina (posteriormente en Vietnam), los planificadores no tenían incluso las ventajas de la geografía-atacando a través de una península-y, de ahí, que los problemas de la interdicción fueran mucho más agudos. Los franceses no tenían recursos para continuar la campaña contra las rutas de su- ministro de la China Comunista y la introducción de recursos antiaéreos cada vez más intensos resultó en tasas de pérdidas inaceptables de aviones de asalto y bombardeo. La captura de Dien Bien Phu se debió en gran medida al eficaz transporte de grandes cantidades de suministros y equipo, junto con una "supresión aérea" igualmente eficaz de las fuerzas de ataque a tierra francesas.12 En Vietnam, la escasez de recursos que sufrieron los franceses no fue un problema grave para los Estados Unidos y sus aliados. En teoría, prácticamente todo el país estaba a 15 minutos de la cobertura de la potencia aérea táctica y las operaciones CAS/BAI funcionaron bien por lo general. Pero la diversidad de rutas entre las que podían seleccionar las fuerzas comunistas les permitieron contrarrestar la intensa campaña aérea lanzada contra ellos y el creciente perfeccionamiento de esos recursos de defensa aérea condujo a pérdidas preocupantes y continuas. Aunque el ataque aéreo redujo sin duda la cantidad de suministros que consiguieron pasar, nunca logró detener el flujo o generar pérdidas tan extensas que comprometieran la capacidad de combate del Vietcong. Los éxitos que la potencia aérea tuvo contra el Vietcong se lograron principalmente con BAI y CAS, en particular cuando la acción aérea se sincronizó con la maniobra en tierra.13

5. El problema periódico mayor en el apoyo aéreo al campo de batalla ha sido efectuar ataques oportunos y de precisión con comunicaciones, control y coordinación satisfactorias. Incluso en la Primera Guerra Mundial, los comandantes de tierra y aire se quejaron de los problemas de concertar y coordinar las misiones de apoyo aéreo. El Coronel William ("Billy") Mitchell, por ejemplo, hizo esfuerzos extremos por asegurar la idoneidad de los procedimientos de comunicaciones e identificación en sus preparativos para la ofensiva de Saint-Mihiel. Dichos problemas continuaron en los años de la posguerra. Las experiencias británicas y francesas con el "control aéreo" pusieron de relieve los problemas continuos en este área; los franceses, en realidad, utilizaron observadores aerotransportados equipados con radio que funcionaron esencialmente como controladores aéreos avanzados (FAC) y a principios de la Guerra del Rif en los años 20 en África del Norte. Los procedimientos eficaces de control directo aparecieron por primera vez en la Guerra Civil Española, gracias a la labor de la Legión Cóndor. Posteriormente, durante la Segunda Guerra Mundial, prácticamente todos los principales países combatientes establecieron procedimientos específicos de apoyo aéreo, en una mayor o menor medida limitados o realzados por la doctrina aérea específica del ejército que se siguiera. Los procedimientos norteamericanos estuvieron pro- fundamente influenciados por la experiencia de la RAF en el Desierto Occidental. Aun así, la coordinación y comunicación en el campo de batalla resultó difícil. Cuando los británicos comenzaron inicial- mente su campaña en el Desierto Occidental, el retraso típico entre una petición de apoyo y la llegada del avión de asalto sobre el blanco era de dos y media horas a tres horas. Ni que decir tiene, esta tardanza se redujo notablemente para el final de la guerra. (En Vietnam, el tiempo promedio desde la erupción de la lucha hasta el primer lanzamiento de CAS fue más de una hora, pero al analizar la cuestión se observó que 40 minutos de este tiempo lo perdían los comandantes de tierra retrasando su petición de apoyo aéreo.14

La identificación y comunicación entre las fuerzas aéreas y terrestres amigas han presentado problemas continuos. Los ataques aéreos contra las fuerzas amigas eran incidentes muy comunes en la Segunda Guerra Mundial (y aparecieron en guerras anteriores y posteriores también aunque no en el mismo grado). Los bombarderos en picado A-36, que eran supuestamente armas de "precisión," resultaron ser notorios a este respecto durante la campaña de Sicilia. Pero los alemanes lo experimentaron en España y en la guerra relámpago igual que los aliados. Ciertamente, cada vez que una guerra terrestre es rápida y fluida, el número de bajas de fuerzas amigas ocasionadas por la acción aérea aumenta grandemente. Este principio promueve lamentable pero comprensiblemente la mentalidad de "si vuela y viene hacia nosotros, dispara," que agrava el problema fratricida. La saturación de las redes de comunicaciones, los problemas con la seguridad de las comunicaciones y la incapacidad de las fuerzas aéreas y terrestres de hablar en una red común también han presentado problemas permanentes. Abundan los ejemplos en todas las guerras. En la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, las operaciones aire-tierra alemanas hasta 1943-44 sufrían la falta de una sola radio capaz de tramitar el tráfico de mensajes aéreo y terrestre. Los meses iniciales de la Guerra de Corea fueron notables por los problemas encontrados en las comunicaciones entre los distintos servicios al igual que ocurrió con la abrumadora rapidez del avance norcoreano. Además, estas dificultades con las comunicaciones degradaron gravemente la calidad "del servicio del blanco" de CAS y BAI. Los primeros días del Vietnam estuvieron caracterizados por un problema similar que sufrieron las operaciones FAC. Ciertamente, el concepto FAC, que había funcionado tan bien en Corea, tuvo que redescubrir y reestructurarse, inicialmente utilizando 0-1 del Ejército transferidos a la Fuerza Aérea. Los debates con una amplia gama de oficiales del Ejército y la Fuerza Aérea indican que siguen habiendo reservas importantes acerca de la eficacia de las capacidades de comunicación contemporáneas en el campo de batalla. Lo que es peor, la "experiencia" de los ejercicios de capacitación conjuntos del Ejército y la Fuerza Aérea confirman que estos sentimientos tienen un fundamento considerable.15

6. Las tropas expuestas al ataque aéreo experimentan un grave deterioro fisiológico y moral que impide su desempeño posterior en el combate. Irónicamente, las poblaciones civiles expuestas al bombardeo parecen tener una fuerte resistencia al desmoronamiento de su moral mientras que los jóvenes luchadores atacados en el campo de batalla experimentan un desmoronamiento de su moral que no guarda proporción con la fuerza real del ataque. La experiencia indica que, tal como podría esperarse, este fenómeno se produce especialmente en las tropas sometidas al ataque aéreo por vez primera. Numerosos recuentos procedentes de la Primera Guerra Mundial, los conflictos interbélicos, la Segunda Guerra Mundial y los conflictos postbélicos, demuestran este aspecto del ataque aéreo. El ruido parece tener un valor particular como "arma de choque" contra las tropas. El valor del choque de un bombardeo en el campo de batalla verdaderamente intenso-tal como un bombardero con Cobra-no es sorprendente. Sin embargo, lo que es sorprendente es cómo incluso un ataque o dos de ametrallamiento relativamente insignificantes pueden paralizar grandes cantidades de tropas incluso cuando su propia fuerza aérea tiene una clara superioridad aérea y es un enemigo temible. (Esto ocurrió con los alemanes en Sedan [Francia] y con las fuerzas norteamericanas después del día D). El hecho de que los soviéticos están preocupados con el impacto de los ataques aéreos sobre la moral se desprende claramente de los comentarios recientes de un comandante soviético de un pelotón de capacitación de infantería. 16 Como regla general, los ejércitos temen tradicionalmente a la fuerza aérea enemiga más que respetan a la suya propia. En debates contemporáneos con personal de "tierra" y "aire"-independientemente del país-los oficiales de tierra tienen generalmente poca fe en la capacidad de su propia fuerza aérea para impedir un ataque destructor contra ellos contra una fuerza aérea enemiga y emprender cualquier clase de ataque igualmente destructor contra las fuerzas terrestres enemigas. En resumen, todo esto da una importancia exagerada a la eficacia prevista de una fuerza aérea enemiga, tanto en defender su propio espacio aéreo como en proyectar la fuerza a través del frente, y resta importancia a la capacidad de sus propias fuerzas aéreas para defenderles de un ataque enemigo y realizar misiones importantes CAS/BAI contra el enemigo.

7. El ambiente tierra-aire siempre ha presentado una amenaza creciente para las operaciones aéreas en el campo de batalla. Incluso en la Primera Guerra Mundial, las misiones de ataque al campo de batalla sufrieron grandes pérdidas de aviones atacantes, especialmente a medida que las tropas adquirían experiencia y aprendían a devolver el fuego. Durante la batalla de Cambrai (Francia), por ejemplo, las tasas de pérdidas de aviones de las misiones de ataque a tierra nunca descendieron por debajo de 30 por ciento, lo que resultó en la destrucción prácticamente total de una escuadrilla de cazas en cuatro días. Comprensiblemente, los pilotos expresaron una preferencia decidida por el combate aéreo considerando que esto aumentaba notablemente sus posibilidades de supervivencia. La proliferación del fuego antiaéreo ligero en los ejércitos del mundo para finales de los años 30 tuvo un efecto drástico sobre las operaciones CAS y BAI posteriores. Este fuego produjo grandes pérdidas en los aviones de asalto a tierra durante la Guerra Civil Española y, durante la blitzkrieg, el fuego ligero antiaéreo alemán destruyó a los atacante s de bajo nivel, especialmente en las campañas de Polonia y Francia. Naturalmente, después de la guerra, los aliados tuvieron su oportunidad de suprimir el ataque aéreo enemigo y la combinación de artillería antiaérea dirigida por radar (AAA) junto con abuses de espoleta de proximidad hasta tamaño tan pequeño como los de 40 milímetros (mm) fueron especialmente eficaces.17

El ambiente de la amenaza de tierra a aire aumentó en servida en los años de la posguerra. Aunque los conflictos tales como los de Carea e Indochina se caracterizaron como "limitados," sin embargo produjeron grandes pérdidas de aviones. Por ejemplo, en abril de 1951 la Armada y el Cuerpo de Infantería de Marina perdieron 33 aviones principalmente en misiones CAS/BAI ante fuego de AAA ligero y medio y fuego de armas pequeñas. Durante el asedio de Dien Bien Phu, el Vietminh trajo formaciones de artillería antiaérea pesada y logró privar del dominio de los cielos a los franceses; para mayo de 1954, inmediatamente antes del colapso, los cazas y bombarderos franceses (y no digamos nada de los aviones de transporte y de enlace), no podían operar sobre el valle sin sufrir pérdidas prohibitivas.18 Las pérdidas de aviones norteamericanos de ala fija en el Sureste Asiático (SEA), aunque no fueron grandes en el contexto de todo el esfuerzo aéreo de SEA, ciertamente no fueron insignificantes y la introducción de los SAM disparados desde el hombro durante la ofensiva de la primavera de 1972 por los norvietnamitas añadió nuevos problemas para los planificadores aéreos tácticos. Mientras que con anterioridad en las guerras limitadas los atacantes aéreos podían depender de generaciones más antiguas de aviones o incluso de aparatos de capacitación ligeros, de hélice, convertidos a aviones de "ataque" y FAC, la mayor amenaza SAM prácticamente impidió volar a dichos aviones, incluyendo el famoso Douglas A-l. La guerra del Oriente Medio de 1973 puso de relieve la sinergia mortífera de los SAM en base fija y disparados desde el hombro con el fuego antiaéreo ligero de cañones múltiples dirigido por radar y AAA tradicional. De una cifra estimada de 109 aviones perdidos por la Fuerza Aérea Israelí (IAF) durante la guerra de octubre, 61 fueron abatidos en apoyo cercano. Durante las operaciones al principio de la guerra, la IAF tuvo que depender de la supresión de la artillería de las defensas SAM enemigas para permitir a sus aviones de asalto operar sobre las Alturas del Golan. La extraordinaria eficiencia de las defensas terrestres tuvo un filo doble; los artilleros israelíes abatieron una cifra estimada de 101 aviones árabes que atacaban posiciones de las tropas: 23 fueron abatidos por SAM y 42 por fuego desde tierra con munición de 20 mm.19

Más recientemente, las experiencias en Angola y Mozambique, en la guerra de guerrillas del Polisario en Marruecos, en Las Malvinas y en Afganistán han confirmado nuevamente el peligro que los SAM presentan para los atacantes, en particular las armas pequeñas de la clase SA-7-/Redeye-/Blowpipe-/Stinger. Los patriotas con Stinger en la resistencia de Afganistán impidieron el dominio de los cielos a los soviéticos. Así pues, derrotaron a un sistema móvil soviético de armas combinadas que utilizaba apoyo de aviones y helicópteros y produjeron una inversión en la superioridad aérea soviética que había permitido ataques contra los Mojahedin prácticamente a su albedrío. Supuestamente, desde septiembre de 1986 hasta mediados de 1987, los soviéticos perdieron un promedio de un avión o helicóptero por día ante los defensores aéreos afganos. En cualquier guerra futura de alta intensidad, el evitar la atrición de las fuerzas propias por las amenazas de aire a aire y tierra a aire será un reto grave para los comandantes aéreos. Las amenazas de tierra a aire-incluyendo el fratricidio de fuerzas "amigas" -continuarán sin duda presentando un problema importante del apoyo aéreo al campo de batalla. Ciertamente, la época para algunos aspectos del apoyo aéreo al campo de batalla-tales como F AC en sobrevuelo-probablemente haya desaparecido para siempre.20

8. El caza-bombardero siempre se ha desempeñado más satisfactoriamente en función CAS/BAI que como avión de asalto de fines especiales. El caza-bombardero posee la capacidad intrínseca de desempeño, flexibilidad y seguridad para realizar la misión CAS/BAI mejor que los aviones de asalto más especializados. Tanto el avión caza como de asalto aparecieron en la "Gran Guerra," y la disparidad de desempeño entre ellos fue ligera. Para el final de la guerra, tal como se dijo antes, el caza portador de bombas había aparecido como un elemento de la guerra de ataque a tierra. Después de la Primera Guerra Mundial, las disparidades de desempeño, tamaño y complejidad del avión de asalto especializado se hicieron tan grandes que, para 1939, dichos aviones tenían una clara desventaja frente al caza para la misión CAS/BAI. Duran- te esa época, el avión de asalto a tierra había evolucionado generalmente hasta convertirse en una máquina bimotora casi imposible de distinguir de los bombarderos medios contemporáneos o, por otro lado, el bombardero en picado especializado. Ambos aviones resultaron vulnerables a cazas contrarios y al fuego antiaéreo intenso de bajo nivel que cada vez más acompañaba a las fuerzas terrestres, al igual que fueron incapaces de emprender la clase de misiones tipo "swing-role" o variable que podían realizar los cazas. Para el final de la guerra, tanto los aliados como las fuerzas del Eje expresaron una clara preferencia por el caza-bombardero modificado (tal como el P-47), el Typhoon, el FW-190G y el Yak-7B) para ataque a tierra en el campo de batalla. En el caso de Estados Unidos, esta superioridad la reconocieron no sólo la AAF, sino también las fuerzas terrestres del ejército. En los años de la posguerra, incluso la Unión Soviética, que había opera- do aviones de asalto (Shturmovik) especializados desde los años 20, los abandonó a favor del caza-bombardero reactor, comenzando con el Su-7 Fitter.21

Es irónico, pues, que los años 1970 presenciaran la reintroducción del avión de "ataque" en el servicio estadounidense-el A-l0. Esto representó una vuelta a una filosofía más antigua de la potencia aérea en el campo de batalla desacreditada por las experiencias de la Segunda Guerra Mundial. Nacido de una necesidad de guerra limitada-reemplazo de los A-l, el A-10-fue, en cierto respecto, una respuesta exasperada a la presión del Congreso de apaciguar a las fuerzas terrestres. Estas, específicamente, declaraban que necesitaban un avión actualizado, muy acorazado, con gran capacidad de permanencia en el aire, y alta capacidad de bombas, construido sin considerar otras cuestiones tales como las misiones tipo "swing-role" o variable y la supervivencia contra amenazas avanzadas aire a tierra y tierra a aire. Incluso en el momento de su creación, tenía una capacidad de supervivencia dudosa en una guerra de alta intensidad caracterizada por múltiples amenazas de aire-aire y de aire a tierra. El actual debate sobre la misión CAS/BAI, el interés intenso en perfeccionar aviones tales como el A-7 y el A-l0, y las demandas del movimiento de reformas de la defensa para un "mud fighter" reflejan todos la confusión que sigue habiendo en la adquisición de aviones "de asalto." Un enfoque mucho mejor que el de crear diseños reconfigurados y posibles ases enemigos como el propuesto "mud fighter" es el caza-bombardero que ha venido prestando servicio desde la Primera Guerra Mundial. Y a este respecto, no importa si tales aviones tienen una designación "A", tal como la variante A-16 del F-16 o la mitad del A-18 del F/A-18. En décadas previas reconocimos que los cazas tenían una función doble; no distinguimos entre "P"-47 y "A"-47 y entre los "F"-84 y " A "-84. Y tampoco lo hacemos hoy porque tales distinciones ayudan a promover la creencia de que hay algo inherentemente deseable en un avión de asalto especializado para apoyo aéreo al campo de batalla-una noción ciertamente cuestionable. (Las realidades políticas, empero, favorecen dichas designaciones separadas; el tener un avión "A" denota un compro- miso del servicio a sus asociados en tierra.) El caza tipo "swing role" o variable es exactamente eso: un avión capaz de ataque de aire a tierra y de aire a aire. Una mayor diferenciación puede conducir a una dicotomía peligrosa de criterio entre la guerra aire-aire y de aire a tierra. Más que argumentar sobre los aviones "F" o "A", los planificadores deberían abordar temas más importantes tales como la conveniencia de incorporar la tecnología de despegue ver- tical y/o despegue y aterrizaje en pistas cor- tas (VSTOL) en futuros caza-bombarderos a la luz de la vulnerabilidad histórica de los aeropuertos a un ataque de supresión del dominio de los cielos.22

9. CAS y BAI han demostrado una enorme sinergia beneficiosa. Abundan los ejemplos en los que GAS y BAI eficaces. trabajando en colaboración, han surtido un efecto destructor sobre el campo de batalla, especialmente en situaciones donde la potencia aérea ha logrado contrarrestar las disparidades entre las fuerzas beligerantes en tierra. De acuerdo con la experiencia estadounidense, los mejores ejemplos provienen de Corea y el Sudeste Asiático. En Corea, la naturaleza dispar del GAS de la Fuerza Aérea y al Armada-Infantería de Marina parece haber proporcionado en realidad una cobertura al campo de batalla más completa que si hubiera predominado cualquiera de estos sistemas. El sistema de la Armada-Infantería de Marina subrayó el apoyo aéreo dentro de 50-200 yardas (45-183 metros), supliendo el apoyo aéreo la falta de artillería. La Fuerza Aérea con- templaba a CAS como un servicio que rara vez requería intervención más cerca de las 1.000 yardas (914 metros). Aunque surgió una gran controversia sobre qué sistema CAS era mejor, lo que con harta frecuencia se pasó por alto (y se pasa ahora también) es el hecho de que ambos sistemas funcionan en colaboración con bastante eficacia, proporcionando el sistema de la Fuerza Aérea una parte mayor del lado BAI y el sistema de la Armada-Infantería de Marina más del verdadero lado CAS. Comenzando con el otoño de 1952, los ataques con Cherokee de la Armada junto con una serie de ataques "de presión aérea" por la Fuerza Aérea resultaron en intensas operaciones BAI de la Fuerza Aérea-Armada de Estados Unidos que contribuyeron grandemente a dificultar la movilidad táctica comunista y eliminar los suministros que las fuerzas norcoreanas y comunistas chinas habían podido acumular detrás del frente. Este esfuerzo, junto con CAS "tradicional" aplicado directamente sobre el frente en apoyo de las fuerzas aliadas, ayudó a impedir la pérdida de territorio antes de la firma de la tregua a fines de julio de 1953. Los intensos ataques en Khe Sanh tipo CAS/BAI de la Fuerza Aérea-Armada-Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos impidieron una repetición de la experiencia de Dien Bien Phu, y, ciertamente, permitieron a Khe Sanh lograr lo que los franceses en Dien Bien Phu habían tratado pero no consiguieron: crear un imán para la atracción, concentración y destrucción de las fuerzas enemigas. Ataques masivos y continuos CAS/BAI, junto con una lucha en tierra desesperada, restaron fuerza y después derrotaron a la ofensivo de la primavera de 1972 por Vietnam del Norte.23

10. La experiencia CAS/BAI de guerras limitadas sólo ha limitado la pertinencia para el conflicto de alta intensidad. Esta observación, naturalmente, es en realidad una conclusión secundaria de una mayor: las propias guerras limitadas pueden tener una pertinencia sólo limitada para conflictos más amplios y más intensos. El ambiente benigno (benigno en comparación con el ritmo elevado y amenazas múltiples de la guerra moderna) de una guerra limitada genera sus propias limitaciones peligrosas sobre el pensamiento y análisis. Las operaciones CAS/BAI en tales conflictos tienden a ser de naturaleza más estática y a no estar caracterizadas por tasas de pérdidas, por la bruma de la guerra y por las restricciones operativas impuestas en una guerra de alta intensidad donde cada aspecto importante de las operaciones militares está de ordinario disponible o cuestionable por gran parte del tiempo. En guerras anteriores-Indochina, Argelia, Vietnam, África, por ejemplo--tales condiciones también fueron conducentes a la operación de aviones más viejos y menos perfeccionados. Sin embargo, desde principios de los años 70, la rápida proliferación de las armas eficaces de tierra a aire ha exigido que los aviones modernos de apoyo para estos conflictos repentinos sean casi tan complejos como los concebidos, por ejemplo, para un conflicto entre la OTAN y el Pacto de Varsovia en el frente central. Sin embargo, las guerras limitadas-a pesar de la naturaleza cambiante de la tecnología-tienen de ordinario una serie de condiciones distintas que los hace principalmente pertinentes para conflictos más extensos. Por ejemplo, puede haber cuestiones de "santuario"; de ordinario, sólo un lado tiene/utiliza la potencia aérea, hay un deseo consciente de reducir al mínimo las bajas y el daño colateral; etc. Para considerar lo que es más típico de la guerra de alta intensidad, deberíamos examinar el último conflicto extenso de alta intensidad: la Segunda Guerra Mundial, especialmente en las campañas del frente este y oeste en 1943-45.24

11. CAS/BAI nocturnos han sido la forma más difícil y frustradora de CAS/BAI y han demostrado ser menos importantes que las operaciones diurnas. El denegar a un enemigo la capacidad de moverse libremente por la noche ha sido una de las metas más difíciles de obtener para los planificadores militares.25 No sorprende que el ataque aéreo nocturno--y no sólo las operaciones CAS/BAI-haya presentado grandes retos. Los intentos por emprender lo que ahora se consideran como misiones CAS/BAI nocturnas ocurrieron durante la Primera Guerra Mundial pero, incluso entonces, el ataque aéreo nocturno al campo de batalla sigue siendo únicamente un hostigamiento más que una guerra aérea "seria" hasta la Segunda Guerra Mundial. Durante la campaña de Normandía, la RAF utilizó bombarderos Mosquito para interdicción nocturna, bombardeando bajo iluminación de los aviones de bengalas Mitchell; a medida que se reducía la amenaza de los atacantes nocturnos alemanes en 1944-45, la AAF utilizó cazas nocturnos P-61 modificados para el mismo fin. Los alemanes establecieron formaciones especializadas nocturnas de ataque a tierra aunque su contribución real al combate parece haber sido mínima. Las VVS volaron misiones nocturnas de hostigamiento utilizando aviones de capacitación modificados (tripulados principalmente por mujeres) como presagio de operaciones similares por los norcoreanos durante la guerra de Corea.

En Corea, los aviadores de la Fuerza Aérea y Armada estadounidenses emprendieron extensas operaciones nocturnas de interdicción y CAS Aun cuando dicha actividad eliminó grandemente el tráfico vital y ferroviario coreano, las bajas fueron elevadas debido a las pérdidas en combate y a los accidentes en las operaciones. (En una ocasión, el director de operaciones de la Quinta Fuerza Aérea, el Coronel George S. Brown, se quejó de "intercambiar B-26 por camiones de una forma muy antieconómica."26) Los atacantes nocturnos volaban típicamente en misiones simples y de aviones múltiples, atacando bajo la luz de las bengalas lanzadas por aviones de transporte o bombarderos de patrulla. A veces, atacaban blancos CAS utilizando bombardeo ciego desde balizas radáricas, iluminación con faros en el campo de batalla o información proporcionada por disparos de referencia con bombas trazadoras desde posiciones amigas.

En Indochina, los franceses hallaron que la noche encubría eficazmente a las fuerzas del Vietminh contra el ataque aéreo. Vietnam presenció extensas operaciones nocturnas que fueron a la vez una ayuda y un engorro para los atacantes aéreos. En los primeros días de la guerra, la oscuridad protegía los aviones contra el fuego antiaéreo; así pues, aviones tales como el B-26, T-28 y AC-47/AC-119/AC-130 podían operar con una impunidad relativa. Sin embargo, la noche era un enemigo ya que encubría al Vietcong de los observadores aéreos, presentando un reto para el desarrollo de sistemas de censores avanzados que detectaran al enemigo. Con el tiempo, la constante escalación de la amenaza enemiga de tierra a aire puso en peligro las operaciones por aviones tales como los artilleros pesados y requirió complejos procedimientos de escolta y supresión de las defensas aéreas enemigas (SEAD). El ataque aéreo nocturno en Vietnam ofrece resultados ambivalentes. Por un lado, particularmente durante los primeros días de la guerra cuando las fuerzas terrestres estadounidenses eran pocas y el Vietcong presentaba un reto mayor a los defensores de los poblados que en fecha posterior, el ataque aéreo nocturno desempeña a veces un papel vital en permitir a los defensores de un poblado aguantar hasta la venida del día cuando el Vietcong típicamente abandonaba el contacto. Por otro lado, la eficacia de las operaciones CAS/BAI nocturnas estuvo limitada por las dificultades en localizar al enemigo, aumentando la vulnerabilidad de los atacantes nocturnos a las defensas terrestres, problemas de desorientación tradicionales en el ataque nocturno (específicamente condiciones combinadas de nubes y claros), problemas de evitar el terreno y problemas operativos por los propios aviones (tales como la visibilidad desde la cabina, ceguera momentánea por los disparos de las armas falta de ayudas suficientes de navegación y situación en cabina, etc.).

Con esta experiencia de varias guerras, es comprensible por qué hay tal interés en continuar con éxito los ataques nocturnos y en todo tiempo de CAS/BAI/interdicción profunda mediante adelantos tecnológicos.

Un tal sistema es el de navegación infrarroja de identificación nocturna de blancos de baja altitudes (LANTIRN) , proyectado para el F-15E y el F-16. Cualquier avión futuro CAS/BAI deberá operar durante el día y durante la noche y en climatología adversa. El hecho de si podremos o no invertir una tendencia histórica de operaciones nocturnas CAS/BAI menos que satisfactorias sigue naturalmente presente, pero problemente no deberíamos esperar realistamente lograr exactitudes idénticas o eficiencias generales comparable con el empleo CAS/BAI diurno, aunque el intento por lograr tales objetivos sea muy encomiable.

Un análisis de las conclusiones precedentes nos lleva a dos preguntas: (1) ¿Es pragmático esperar que podamos seguir emprendiendo la clase de operaciones CAS/BAI que han caracterizado la guerra aire-tierra en el pasado? y (2) ¿Cuáles son las posibilidades futuros de interdicción "tradicional" en profundidad? Estas son dos cuestiones que requieren mucha más atención de la que se les puede dar aquí pero las siguientes ideas finales se ofrecen con miras a promover un dialogo saludable, Es pragmático esperar que haya una necesidad continua de la aplicación de la potencia aérea en el campo de batalla pero es dudoso si los resultados obtenibles con las misiones CAS merecen el empleo de tripulaciones y aviones escasos. Esta declaración no debería interpretarse como una negación insensible de la necesidad de apoyo aéreo de las fuerzas terrestres. Esa necesidad se ha satisfecho históricamente mejor con BAI, no con CAS, Si CAS es lo que dictan circunstancias desesperadas, que se lleve a cabo, a cualquier costo que se juzgue aceptable. Pero los comandantes tanto aéreos como terrestres han de reconocer que, en cualquier guerra futura de alta intensidad, los aviones y pilotos consumidos en misiones de dudoso valor no estarán disponibles para utilizarlos al día siguiente paro misiones que pueden ser verdaderamente necesarias. Finalmente, el avión empleado en misiones de interdicción "tradicionales" quizás sea mucho más valioso operando en modalidad BAI que en modalidad de ataque en profundidad. La naturaleza tradicional fija de los blancos de interdicción en profundidad-intersecciones ferroviarias y viales, puentes, instalaciones, etc.-es tal que éstos pueden ser los mejores blancos para armas "brillantes" o discriminadoras autónomas tales como los misiles de crucero, los misiles de lanzamiento a distancia. los vehículos aéreos no tripulados. etc. Ciertamente, la historia indica el alto grado en el que estos blancos se convierten en trampas para el fuego antiaéreo. Si se requiere verdaderamente la interdicción profunda por aviones pilotados, entonces ésta pueden emprenderla sistemas de baja observación. Así, puede redundar en interés máximo de la Fuerza Aérea reformular sus prioridades para las misiones aéreas a fin de colocar BAI en un nivel de más alta prioridad que la interdicción en profundidad y relegar CAS a un nivel más bajo de prioridad, de acuerdo con el reconocimiento de su uso solo en condiciones extremas. Una lista de prioridades sería la siguiente: (1) superioridad aérea, (2) BAI, (3) ataque en profundidad y (4) CAS. Ahora, en una guerra total que entrañe el uso de armas nucleares-especialmente intercambios nucleares entre las superpotencias-todo esto pierde significado; igualmente, las realidades políticas de Washington pueden dictar otra dirección.

En conclusión, en este artículo hemos tratado de examinar la cuestión del apoyo aéreo cercano y la interdicción aérea en el campo de batalla desde distintas perspectivas. No se pretende que sea la última palabra o una evaluación definitiva de la experiencia CAS/BAI. Habrá conseguido su objetivo si genera un diálogo mayor entre los individuos dentro de las comunidades operativas, de planificación, doctrina y adquisición que incluso ahora hacen frente al reto de la futura guerra CAS/BAI.

Notas

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9. Véase una opinión contraria en Robert F. Futrell, "Tactical Employrnent of Strategic Air Power in Korea," Airpower Joumal 2, no. 4 (Invierno 1988): 29-41.

10. F. M. Sallagar, Operotion "Strangie" (Italy, Spring 1944): A Case Study of Tactical Air Interdiction, Rand Report no. R-851-PR (Santa Monica, Calif.: Rand Corporation, Feb 1972). Véase un punto de vista diferente (aunque no totalmente contrario) en Eduard Mark, "A New Look at Operation STRANGLE," Military Affairs 52, no. 4 (Oct 1988): 176-84. Price T. Bingham del Centro de Doctrina, Investigación y Educación Aeroespacial (AUCADRE) ofrece una perspectiva provocativa e informada en su "Ground Maneuver and Air Interdiction in ilie Operational Art," Parameters 29, no. 1 (Mar 1989): 1&-31.

11. Futrell, USAF in Korea, 324-25, 441-42, 451, 471-73; Armada de EE.UU., comandante en jefe, Flota del Pacífico, Interim Evaluation Report 5, Major Lessons, 1, 3 (uno de seis informes de evaluacíón provisional publicados entre 1950 y 1953), Achivos de la Oficina de Historia de Aviación Naval, Washington Navy Yard Annex, Washington, D. C.; Hallion, Naval Air War in Korea, 137-50.

12. Chaussin, passim; Bernard B. Fall, Hell in a Very Small Place: The Siege of Dien Bien Phu (Nueva York: Vintage Books, 1966).

13. Schlight, 215-17. 

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18. Hallion, Naval Air War in Korea, 89; Otoño, Hell in a Very Small Place, passím.

19. David K. Mann, The 1972 Invasion of Military Regían I: Fall of Quang Tri and Defense of Hue (Hickam AFB, Hawaii: Headquarters Pacific Air Forces, Directorate of Operations Analysis, examen histórico contemporáneo de operaciones actuales (CHECO)/Corona Harvest Division, 15 Mar 1973); Kreis, 325-38.

20. Barnes, 91; Tilford, 46; Steven Zaloga, "The Soviet Antidoteto NATO Tactical Air," Armed Forces Journal International, Ene 1989, 26-28; John Walker, "The Air Battle: The First Hours," NATO's Sixteen Nations 33, no. 5 (Sep 1988): 28-33.

21. Bradley u Comité de Efectos Aéreos, 12o Grupo del Ejército, Effect of Air Power, 26-45, 201-15; Jacob W. Kipp, Barbarossa, Soviet Covering Forces, and the lnitial Period of War, Military History and Airland Battle (Fort Leavenworth, Kans.: Soviet Army Studies Office, n.d.), Military History Institute library; and Jacob W. Kipp, "Soviet 'Tactical' Aviation in the Postwar Period: Technological Change, Organizational Innovation, and Doctrinal Continuity," Airpower Joumal 2, no. 1 (Primavera 1988): 10-12.

22. George M. Watson, Jr., The A-10 Clase Air Support Aircraft: From Development to Production, 1970-1976 (Andrews AFB, Md.: History Office, Headquarters Air Force Systems Cornrnand, n.d.); véase también R. Schamberg, Tactical Aircraft for Limited War (U), Rand Report no. RM-3534-PR Santa Monica, Calif.: Rand Corporation, Mar 1963) (Secreto); y los documentos citados con anterioridad del Comité de Servicios Armados de la Cámara, Close Air Support: Report and Hearing.

23. Para ejemplos, ver Futrell, USAF in Korea; Hallion, Naval Air War in Korea; Nalty; Shore; Mann; Harry G. Summers, Jr., "Afghanistan and Vietnam: Wrong Equation, Wrong Answer," Washington Times, 16 Feb 1989, Fl; Bruce Palmer, The 25-Year War: America's Military Role in Vietnam (Lexington, Ky.: University Press of Kentucky, 1984), 120-21, 157-60; Harry G. Summers,Jr., On Strategy: A Critical Analysis of the Vietnam War (Novato, Calif.: Presidio Press, 1982), 134-35: Jobn A. Doglione et al., Airpower and the 1972 Spring lnvasion (Maxwell AFB, Ala.: Air University, n.d.).

24. Saunders, 136; J. E. Johnson, Wing Leader (Nueva York: Ballantine Books, 1967), 237; AAF Evaluation Board, Effectiveness, 89; Hardesty, 163-64; Sergei Rudenko, "The Gaining of Air Supremacy and Air Operations in the Battle of Kursk," in The Battle of Kursk, ed. van Parotkin et al. (Moscú: Progress Publishers, 1974), 193-95; y Ray Wagner, The Soviet Air Force in World WarII: The Official History (Garden City, N. Y.: Doubleday. 1973). 172: and M. N. Kozhevnikov, The Command and Staff of the Soviet Arrny Air Force in the Great Patriotic War. 1941-1945: A Soviet View. estudio soviético de 1977 traducido por la Fuerza Aérea de EE.UU. corno volumen en la serie Soviet Military Thought series (Washington, D. C.: Government Printing affice, n.d.), 152-79.

25. Saunders, 118-21; Bradley y Comité de Effectos Aéreos, 12& Grupo del Ejército, Efect of Air Power, 45; AAF Evaluation Baard, Efftectiveness, 384-85; Futrell, USAF in Korea, 329--30; Hallion, Naval Air War in Korea, 103-4, 146-49, 165-67; Frank Smyth, "Night Support: A New Weapon," Marine Corps Gazette 35, no. 11 (Nov 51): 16-21; "Night Hecklers in Korea," Naval Aviation Confidential Bulletin 1-52 (Ago 1952): 25-26; Alm Charles S. Minter, Jr.. USN, Jubilado, memoria de historia verbal del Instituto Naval de EE.UU., archivos de la Nimitz Memorial Ubrary, Academia Naval de EE.UU., Annapolis, Md.; Chaussin, 670-75; Schlight, War in South Vietnam, 99--102, 253.

26. Futrell, USAF in Korea, 461


Colaborador

El Dr. Richard. P. Hallion (PhD. Universidad de Maryland) director, Oficina del Personal Espacial, División de Sistemas Aeronáuticos, Base Aérea Wright-Patterson, Ohio, fue seleccionado como Profesor Visitante Harold Keith Johnson de Historia Militar en 1987-88 en el Instituto de Historia Militar del Ejercito de EE.UU. El fue principal historiador. Centro de Prueba Aérea de la Fuerza Aérea, Base Aerea Edwards, California; presto servicio como curador de ciencia y tecnología del Museo Nacional del Aire y del Espacio de la Smithsonian Institution; y fue profesor de historia e instructor en ingeniería aeroespacial en la Universidad de Maryland. El Dr. Hallion es autor de diez libros sobre historia aeroespacial.

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