Air & Space Power Journal - Español Otoño Trimestre 1995
E L ADVENIMIENTO DEL
poder aére o en el siglo XX revolucionó la forma de hacer la guerra al agregar una tercera dimensión a los "tradicionales" campos de batalla sobre la tierra y el mar. Más aún, sus capacidades han evolucionado significativamente. Por ejemplo, inicialmente el poder aéreo funcionó como un elemento subordinado al Ejército, y en la I Guerra Mundial sus misiones incluían poco más que la observación aérea para la artillería y las comunicaciones. Sin embargo, la Fuerza Aérea independiente de hoy y de los componentes aéreos exclusivos más pequeños de los otros servicios operan en una amplia variedad de roles de combate y apoyo en el ámbito conjunto. El debate sobre el desempeño del poder aéreo en los diversos servicios de las fuerzas armadas ha sido un problema recurrente desde que el aeroplano demostró su utilidad como arma bélica en la I Guerra Mundial. Las discusiones entre las fuerzas armadas han sido muy extensas e intensas, motivadas por los intereses internos menudos de los servicios y por los diferentes enfoques sobre cómo empeñar la guerra en forma conjunta. Específicamente, las fuerzas de mar y tierra desean que el poder aéreo opere bajo su control en apoyo directo de los niveles táctico y operacional durante sus respectivas campañas, mientras que la Fuerza Aérea quiere concentrar sus recursos en campañas aéreas independientes contra objetivos estratégicos en apoyo de la campaña del teatro de operaciones.1En las últimas siete décadas, una variedad de organizaciones conjuntas trataron de satisfacer los requerimientos de tiempo de guerra mediante el establecimiento de distintos grados de control sobre los medios aéreos de las fuerzas. Sus esfuerzos lograron diversos niveles de éxito. Después de detectar problemas en varias operaciones militares conjuntas a comienzo de los '80s, el Congreso aprobó la GoldwaterNichols Defense Reorganization Act de 1986 para reformar y mejorar las capacidades conjuntas de los servicios en el combate. Esta ley le dio a los comandantes en jefe (Commander in Chief - CINC) regionales la responsabilidad primaria para desarrollar la guerra en sus respectivos teatros, mientras que los comandantes subordinados de los componentes aéreos de tierra, mar y aire controlaban a los medios de los cuatro servicios asignados al teatro. A fines de los '80s, el CINC europeo estableció el comando del componente aéreo de la fuerza conjunta (Joint Force Air Component Commander - JFACC) como un coordinador para organizar los recursos aéreos del teatro y cumplir la misión del CINC. En primer término, los jefes de estado mayor conjuntos, aprobaron este concepto mediante la Publicación Conjunta (Pub) 26, y los otros CINCs de combate lo aceptaron más tarde como un mecanismo doctrinario para comandar y controlar los recursos del poder aéreo en el teatro.3 El concepto actual otorga al JFACC el control operacional sobre todos los medios aéreos asignados o agregados al teatro, conjuntamente con la responsabilidad para el planeamiento y ejecución de operaciones aéreas en apoyo de la misión del CINC.4 Las Operaciones Escudo/Tormenta del Desierto constituyeron el primer ejercicio operacional en tiempo de guerra con el sistema de comando y control (C2), que reveló ser el sistema más efectivo hasta la fecha para comandar y controlar el poder aéreo conjunto.5 Como era de esperar con un nuevo sistema operativo, aparecieron varios interrogantes referidos a la interoperabilidad conjunta y a las preocupaciones específicas de los servicios sobre la instrumentación del sistema. Las lecciones aprendidas con esta experiencia pueden ser empleadas para perfeccionar el sistema JFACC actual y mejorar su rendimiento en conflictos futuros que demanden la proyección del poder conjunto.
El concepto JFACC sistematiza la premisa largamente sostenida por la Fuerza Aérea, que (1) el poder aéreo debe operar bajo un solo comandante aéreo que ejercita el control centralizado de esos medios, y (2) la ejecución de las misiones aéreas debe ser descentralizada. Solamente entonces la Fuerza Aérea optimiza las capacidades únicas del poder aéreo. Los medios del poder aéreo - primariamente las aeronaves de ataque de gran rendimiento y ala fija, pertenecientes a la Fuerza Aérea, Armada e Infantería de Marina - son combinados bajo el control operacional del JFACC, a los fines del planeamiento y realización de las operaciones aéreas para apoyar la intención del CINC respecto a la campaña total del teatro. Durante el proceso de reparto, adjudicación y distribución se mantiene el control centralizado.
El reparto consiste en la determinación y asignación de todo el esfuerzo aéreo (en término de porcentajes y/o prioridades) que debe ser dedicado a cada misión que cumplirá el poder aéreo (v.g. contraaérea [CA], interdicción aérea [AI], apoyo aéreo cercano [CAS], ataque estratégico, etc.). El CINC toma la decisión sobre el reparto basado en la recomendación del JFACC sobre el empleo de los medios aéreos disponibles del teatro. Por ejemplo, el CINC puede determinar que su primera prioridad es CA y debería incluir el 50% de los recursos aéreos disponibles, en función de lo pensado sobre las operaciones del siguiente día. Su segunda y tercera prioridad pueden ser AI y CAS, involucrando al 30% y el 20% de los recursos aéreos, respectivamente. Estos porcentajes en el reparto pueden variar a lo largo de la operación, dependiendo de las capacidades aéreas, terrestres y marítimas del adversario, y el paulatino cumplimiento del plan de campaña para todo el teatro.
Después que el CINC adopta la decisión sobre el reparto, el JFACC y su estado mayor llevan a cabo el proceso de adjudicación, que consiste en traducir los porcentajes del reparto en cantidades de salidas determinadas por tipo de aviones disponibles, por unidades y la misión. Durante esta fase, también se realiza el planeamiento de la tarea para las aeronaves disponibles que apoyan a cada misión del poder aéreo. Este proceso concluye en la orden de tareas aéreas (Air Tasking Order - ATO), que determina las órdenes para las tareas específicas de cada aeronave, para las operaciones del día siguiente. Una vez que es aprobada, la ATO es despachada a todos los servicios para la ejecución descentralizada de las salidas aéreas.
El proceso de distribución tiene lugar a posteriori del completamiento de la adjudicación. Esto es, el JFACC le "da" salidas CAS al comandante terrestre componente (Land Component Commander - LCC) quien entonces distribuye las salidas disponibles entre los elementos subordinados del Ejército y la Infantería de Marina para empleo en el planeamiento de su misión.6 El reparto, adjudicación y distribución han sido diseñados para ser lógicos y simples, pero los problemas que derivan de las doctrinas y equipos de los diferentes servicios limitaron durante Tormenta del Desierto la eficacia del JFACC para instrumentar los tres procesos.
Por sobre todo, el sistema JFACC tuvo éxito en el cumplimiento de las misiones requeridas durante Tormenta del Desierto. La campaña aérea fue un factor fundamental para forzar a Irak a retirarse de Kuwait y para mantener las pérdidas de la coalición en un mínimo. Sin embargo, como Tormenta del Desierto marcó el primer uso del concepto JFACC, se podía esperar que ocurrieran algunos problemas. Una de las críticas más difundidas concerniente a la interoperabilidad conjunta involucró el empleo del JFACC en una ATO desarrollada por la Fuerza Aérea como un documento para el planeamiento de la misión.7 La Fuerza Aérea, enfrentada al planeamiento de centenares de salidas de aviones pertenecientes a docenas de socios de la coalición, produjo una ATO diaria consistente en varios cientos de páginas. Entonces una serie de correos aéreos llevaba la ATO desde el cuartel general del JFACC en Riyadh, Saudi Arabia, hasta los portaaviones de la Armada que estaban en altamar, porque la incompatibilidad de las operaciones del sistema de comunicaciones entre la Fuerza Aérea y la Armada hacía no aconsejable la trasmisión electrónica del documento.
Los procesos de planeamiento y ejecución del JFACC tuvieron críticas todavía más ásperas en puntos específicos de los servicios. En verdad, algunos planificadores del JFACC notaron que en algunas ocasiones era más fácil trabajar con miembros de otros países de la coalición que con los de otros servicios norteamericanos.8 Por ejemplo, la Armada y la Infantería de Marina reclamaron sobre la filosofía operacional y tratamiento de los objetivos del sistema JFACC. Tradicionalmente, los grupos aéreos de los portaaviones de la Armada han operado autónomamente, acostumbrados al control, planeamiento y a la ejecución descentralizados de sus misiones operacionales.9 De modo similar, la doctrina de la Infantería de Marina establece que el comandante de la Fuerza de Tarea Aire/Tierra de la Infantería de Marina (Marine Air/Ground Task Force - MAGTF) retiene el control operacional sobre todos los medios orgánicos, incluyendo a los aparatos de alta performance y alas fijas.10 Pero el control rígidamente centralizado sobre la selección de objetivos, planeamiento y ejecución descentralizada del sistema JFACC, se opone tanto al sistema informal como formal de la Armada y de la Infantería de Marina. La perturbación resultante tenía que ser resuelta mediante la improvisación.11 Otra crítica acusó al estado mayor del JFACC, fuertemente dominado por la Fuerza Aérea, de adjudicar a los medios de esta institución el ataque a los objetivos más lucrativos (y fácilmente visibles), mientras que relegaba los aviones de la Armada y 12de la Infantería de Marina a los blancos menos valiosos. No obstante, los estudios posteriores al conflicto han revelado que muchos aviones navales y de la Infantería de Marina simplemente carecían de adecuados sistemas de identificación de objetivos y de aptitud para lanzar bombas guiadas de precisión (Precision Guided Munition - PGM), y por consiguiente no eran apropiados para ciertos objetivos.13
La mayor crítica del Ejército y la Infantería de Marina se refirió a la falta de esfuerzo aéreo en apoyo de las operaciones terrestres en todo el plan de campaña del teatro. Por el contrario, la mayor queja de la conducción superior de la Fuerza Aérea fue que la preparación para las operaciones terrestres desvió recursos del esfuerzo estratégico.14 Durante las fases iniciales de la campaña a érea, el JFACC concentró los medios en los ataques estratégicos para conquistar la superioridad aérea sobre Irak y eliminar sus facilidades de comando, control, comunicaciones e inteligencia (C3I), y su capacidad nuclear, biológica y química (NBC), en función de la decisión de reparto tomada por el CINC. A medida que progresaba la campaña aérea, el CINC intentó llevar el centro del ataque a las salidas de interdicción contra las fuerzas terrestres iraquíes, en preparación para la guerra de superficie que se realizaría para liberar a Kuwait. Sin embargo, planificadores superiores del estado mayor del JFACC desviaron a objetivos estratégicos ataques de interdicción solicitados por el Ejército, una acción que estaba dentro de las previsiones del CINC para toda la campaña.15 Los comandantes y planificadores de la Fuerza Aérea entendían que al sacar aviones del esfuerzo estratégico, impediría que la campaña aérea derrotara decisivamente a Irak sin necesidad de una guerra terrestre.16 Pero los LCC del Ejército y la Infantería de Marina no estaban convencidos de que el poder aéreo por sí solo pudiera forzar a Irak a retirarse de Kuwait. Pensaban que a pesar de que todavía se requería la campaña terrestre, el JFACC no apoyaría el "modelamiento" de ese campo de combate antes de ser directamente presionado por el CINC.17 Por ejemplo, el poder aéreo atacó sólo un tercio de más de 3067 objetivos terrestres designados por el Ejército en preparación de las operaciones de superficie.18 Al comienzo de la campaña aérea, el comandante MAGFT mantuvo la mitad de sus elementos orgánicos de ala fija fuera del control del JFACC, para destinarlos a sus objetivos prioritarios.19 Más tarde, en la campaña aérea, cuando el JFACC no había adjudicado "suficientes medios," el comandante MAGTF retuvo a todos sus aparatos de ala fija fuera del control del JFACC para preparar el campo de combate de acuerdo con sus necesidades.20 Aunque esta acción solucionó el problema de corto plazo del MAGTF, arruinó la intención de usar el JFACC para optimizar el empleo de los medios aéreos. Tampoco ofreció soluciones de largo plazo, adaptable a los problemas de las operaciones aeroterrestres. Necesitamos encontrar mejores soluciones, y el proceso comienza con el entendimiento de las principales diferencias doctrinarias de las fuerzas de tierra, aire y mar.
El Gral. Curtis LeMay destacó que "en el centro de la guerra está la doctrina. Ella representa el núcleo de las creencias que permiten empeñar una guerra con el fin de obtener la victoria."21 Pero los cuatro servicios difieren en sus respectivas doctrinas de combate, en su percepción de la forma de hacer la guerra y el papel que le corresponde al poder aéreo. Esas diferencias se hicieron particularmente evidentes durante Tormenta del Desierto. Por ejemplo, el estado mayor del JFACC era conjunto solamente de nombre, puesto que su núcleo estaba constituido por personal de la Novena Fuerza Aérea, incrementado por otros elementos de la Fuerza Aérea y oficiales de enlace de otras fuerzas y naciones que proveían medios aéreos.22 Sin sorpresas, la doctrina de la Fuerza Aérea dominó el proceso de planeamiento del JFACC,23 concentrándose en las operaciones CA y en los ataques estratégicos a pesar de las preocupaciones de otros servicios.24 Los defensores del poder aéreo, desde la época de Giulio Douhet hasta el presente, creen que el corazón de la capacidad enemiga para empeñar una guerra (su centro de gravedad estratégico) está en su base industrial.25 Después de alcanzar la superioridad aérea, la Fuerza Aérea lanza un ataque estratégico para destruir la infraestructura industrial del enemigo y lograr resultados decisivos sin la intervención de las fuerzas de tierra y mar. En esencia, la doctrina de la Fuerza Aérea considera el apoyo a las fuerzas terrestres (o navales) como una misión de baja prioridad para las unidades de combate.26 De este modo, las recomendaciones del estado mayor del JFACC para que el CINC hiciera el reparto seguían el dictado de la doctrina de la Fuerza Aérea, que prefería tratar a los objetivos terrestres de nivel operacional con AI antes que con CAS.27
En el lado opuesto del rincón doctrinario, el Ejército, la Infantería de Marina y la Armada se consideran a sí mismos como árbitros finales de un conflicto armado en sus respectivos ámbitos. Para ellos, el poder aéreo solamente desarrolla una función de apoyo, aumenta el poder de fuego disponible, y restringe el fuego hostil sobre las propias fuerzas. A diferencia de la Fuerza Aérea, los defensores del poder terrestre y marítimo consideran que los centros de gravedad estratégico del enemigo serían su ejército y su armada, respectivamente; por lo tanto, los recursos aeroterrestres y navales disponibles se concentrarían sobre el centro de gravedad opuesto para satisfacer los objetivos de la campaña.28 Estrategas navales y militares tales como Carl von Clausewitz, Antoine de Jomini, Alfred Thayer Mahan, y Julian Stafford Corbett coinciden en que la ocupación del territorio enemigo ofrece la solución decisiva para el combate. Este punto de vista está muy bien resumido en el clásico texto de 1942 del Colegio Naval de Guerra, Sound Military Decision: "el resultado final [de la guerra] depende . . . de la aptitud para aislar, ocupar, o dicho de otro modo, controlar el territorio adversario" (énfasis en el original).29 En Tormenta del Desierto, el objetivo de liberar a Kuwait sostenido por las NN.UU. y los EE.UU. requirió una campaña terrestre que entrañaba la expulsión de las fuerzas iraquíes y la ocupación del territorio.30 Tantas diferencias doctrinarias sobre el papel del poder aéreo en apoyo del plan de campaña del teatro hizo casi inevitable la disputa entre los servicios.
Muchos problemas de interoperabilidad conjunta entre los equipos están siendo investigados y se desarrollan posibles soluciones. La Armada y la Infantería de Marina todavía necesitan mejorar sus capacidades aéreas para influir sobre la campaña terrestre, en concordancia con el libro blanco recientemente publicado . . . From the Sea,31 donde se modifica el punto de vista tradicional de la Armada de confrontar una flota contra otra en altamar, por el apoyo a las operaciones con fuerzas conjuntas en las regiones litorales del globo. Por ejemplo, la Armada y la Infantería de Marina necesitan más aviones con capacidad para trasportar PGMs y un avanzado sistema de identificación de blancos, compatible con los sistemas actuales de la Fuerza Aérea. Cada servicio procuraría el equipamiento - especialmente sistemas de comunicaciones y armamento - que fuera compatible con el empleado por las otras fuerzas. Ya se han organizado varios consejos conjuntos para las comunicaciones, electrónica y sistemas, de modo de asegurar la compatibilidad de los nuevos equipos de aplicación común, programas y otros elementos. El incremento del entrenamiento en tiempo de paz de los aviadores de la Fuerza Aérea, Armada e Infantería de Marina en procedimientos JFACC, mejorará la eficacia operacional del nuevo sistema. Más todavía, las oportunidades de entrenamiento conjunto en marcha en el reorganizado perfeccionará la interoperabilidad al establecer procedimientos y conocimientos comunes en los cuatro servicios.
Muchas quejas específicas de los servicios siguen sin solucionarse todavía y continuarán así hasta que las cuatro fuerzas acuerden sobre la doctrina de combate conjunta. Los ejemplos de falta de adhesión a la doctrina conjunta establecida, como el caso de la Infantería de Marina que retuvo sus medios aéreos fuera del control del JFACC, limita la cantidad de interoperabilidad que se puede desarrollar entre los servicios. El Cnel. John A. Warden III, arquitecto de la campaña aérea de Tormenta del Desierto, declara que "muchos de los presentes problemas sobre el empleo de los diversos servicios armados deriva de la ausencia de una doctrina coherente sobre cómo pueden ser utilizados individual y colectivamente en una campaña operacional para asegurar algún fin estratégico" (énfasis agregado).32 Este problema - que es aplicable no solamente a la doctrina aérea conjunta, sino también a la doctrina conjunta de guerra en general -, es sistémico e histórico, y continuará tanto como los servicios operen con doctrinas separadas.
El Departamento de Defensa (DOD) posee varias doctrinas desarrolladas independientemente: la batalla aeroterrestre del Ejército, . . . From the Sea de la Armada y la Infantería de Marina, y el alcance globalpoder global de la Fuerza Aérea, todas tratando sobre la proyección de fuerzas expedicionarias conjuntas, pero al mismo tiempo exhibiendo muy poco que las ligue entre sí con algún fin común. Ninguna de las actuales doctrinas de las fuerzas avanza demasiado en el apoyo a las operaciones conjuntas, porque ninguna integra plenamente las capacidades de las otras. Como se destacó arriba, la doctrina de la Fuerza Aérea minimiza el apoyo a la campaña aerotesrrestre conjunta, mientras que la filosofía operativa de la Armada y la doctrina de la Infantería de Marina se oponen al control centralizado de los esfuerzos aéreos conjuntos a través del JFACC. En lugar de mantener doctrinas independientes (a veces opuestas), necesitamos redactar una doctrina conjunta para orientar la proyección del poder aéreo, terrestre y marítimo con una "[opinión] central sobre el empeñamiento de una guerra en orden a lograr la victoria" (reiterando el pensamiento del general LeMay) y luego desarrollar doctrinas de las fuerzas que sostengan la proyección del poder conjunto. Esta doctrina conjunta de combate podría ser desarrollada en el nuevo Centro de Combate de Guerra Conjunta del Fuerte Monroe en Hampton, Virginia, con la guía de la JCS33 y podría ser suficientemente amplia y flexible para permitir a cada fuerza producir una doctrina de apoyo que saque ventajas de sus capacidades y características únicas. Por el contrario, ningún servicio debería enunciar una doctrina que se oponga al desarrollo efectivo y la ejecución de una doctrina y operaciones conjuntas en futuros intentos.
El sistema JFACC actual es un mecanismo efectivo para controlar el poder aéreo conjunto, pero puede admitir algunos perfeccionamientos. Por ejemplo, los futuros estados mayores JFACC deberían ser absolutamente conjuntos, incluyendo una representación semejante de los cuatro servicios. El General William W. Momyer señaló que "cuando un cuartel general que supuestamente controla fuerzas conjuntas no es estructurado con un personal balanceado, los problemas entre los servicios tienden a magnificarse puesto que desde el principio hay una inadecuada consideración de por lo menos el punto de vista de uno de ellos."34 El estado mayor del JFACC - particularmente la célula operaciones y planeamiento- debería incluir suficientes representantes del Ejército, Armada e Infantería de Marina para asegurar que las preocupaciones de cada fuerza sean presentadas en los procesos de reparto y adjudicación. Los procesos de planeamiento del estado mayor podría utilizar doctrina conjunta en vigencia en lugar de la específica de un servicio o teorías que limiten la ejecución eficaz de operaciones aéreas conjuntas intrateatro. En otras palabras, los miembros del estado mayor del JFACC no deberían subvertir el proceso de planeamiento o la decisión de adjudicación del CINC, como fue el caso en la guerra del Golfo cuando varios miembros de la Fuerza Aérea del estado mayor del JFACC utilizaron "diversiones creativas" para desviar ataques tácticos de Kuwait hacia los objetivos estratégicos en Irak en un intento por revalidar el reclamo de la preguerra de que el poder aéreo puede derrotar a las fuerzas terrestres enemigas sin recurrir a fuerzas amigas de tierra y mar.35 Por otra parte, las demandas de los comandantes terrestres no deberían diluir los esfuerzos CA hasta el punto de afectarlos, a menos que la situación táctica sobre el terreno indicara otra cosa. La responsabilidad de mantener este delicado equilibrio entre las solicitaciones competitivas de poder aéreo recae directamente sobre los hombros del JFACC y su estado mayor. Una vez que el CINC toma su decisión sobre el reparto, la adjudicación de aviones debe satisfacer su intención original, y ninguna aeronave debiera ser desviada hacia otros blancos a menos que lo aconsejen cambios imprevistos en la situación del teatro. Si se produce alguna diversión, entonces habría que hacer modificaciones apropiadas a la ATO para compensar la decisión de reparto del CINC y su intención en las subsiguientes fases de la campaña del teatro.
La conducción del Ejército, Infantería de Marina, y Armada debe entender los roles estratégicos, operacionales y tácticos del poder aéreo en la campaña aérea del teatro. Puesto que el poder aéreo es un recurso escaso en el campo de batalla, puede no estar disponible para cada objetivo potencial. La experiencia de guerra ha demostrado que la AI hace un empleo más efectivo de los medios aéreos limitados que el CAS y estas tareas de mayor prioridad en concordancia con la intención del CINC, puede limitar el número de salidas para proveer apoyo aéreo directo a las fuerzas terrestres y navales.36 Por lo tanto, los comandantes locales deberían estar preparados para ajustar sus planes operacionales de manera apropiada cuando las salidas CAS programadas y requeridas no están disponibles. Por otro lado, los componente aéreos de la Fuerza Aérea, Armada, e Infantería de Marina tienen que estar advertidos de sus roles en apoyo de las fuerzas terrestres y navales en el moderno campo de batalla. Como el poder aéreo es un tremendo multiplicador de las fuerzas terrestres y navales, los comandantes deberían emplearlo frecuentemente para aumentar la eficacia militar norteamericana y reducir las bajas amigas.
Los servicios tienen que desarrollar una educación conjunta perfeccionada de modo que sus miembros puedan entender las capacidades y limitaciones del poder aéreo en sus roles estratégico, operacional y táctico dentro de la campaña del teatro. Esa educación debería abarcar el papel del JFACC apoyando al plan de campaña del CINC para el teatro y el modo cómo el poder aéreo puede apoyar mejor cada fase de la campaña en el aire, tierra y mar. Los planificadores y operadores en el ámbito conjunto deben aprender cuándo y cómo deben adaptar la doctrina específica de un servicio, preocuparse para satisfacer los requerimientos de las operaciones conjuntas durante la proyección del poder, e impedir que los intereses menudos se sobrepongan sobre las necesidades de la operaciones conjunta.
La primera prioridad de las operaciones aéreas conjuntas en apoyo de la campaña del teatro deben ser las operaciones CA para lograr la superioridad aérea, porque la experiencia de tiempo de guerra ha demostrado que las fuerzas de aire, tierra y mar no pueden cumplir sus misiones mientras sufren ataques aéreos.37 El poder aéreo conjunto norteamericano ha hecho una tarea soberbia al asegurar la superioridad aérea para apoyar a las fuerzas de tierra y mar de los EE.UU. - testigo de ello es el hecho de que esas fuerzas no han enfrentado un ataque aéreo hostil desde el 30 de junio de 1953, durante la guerra de Corea.38 Luego que los medios aéreos hayan establecido la superioridad aérea, entonces el CINC puede repartirlos entre las fuerzas navales, aéreas y terrestres intrateatro para satisfacer a otros servicios y los requerimientos de sus misiones, y para asegurar el cumplimiento de la misión del CINC. En relación con otras prioridades, el Almirante Winnefeld señala que "la primera prioridad [para el poder aéreo] deben ser las necesidades del comandante apoyado cuando hay un combate decisivo en desarrollo . . . La segunda prioridad deben ser los requerimientos del comandante del componente aéreo. Este orden de prioridades podría ser invertido si el comandante apoyado no está decisivamente aferrado o próximo a estarlo" (énfasis en el original).39 Cuando las fuerzas terrestres y navales no son empleadas o no hay en el teatro, y el JFACC es el comandante apoyado, los medios disponibles podrían tener prioridad en la realización de CA y las campañas estratégicas, como sostienen algunas fuentes.40 Sin embargo, después que las fuerzas terrestres y navales están comprometidas o se piensa en usarlas en el plan de campaña del teatro, se deberán repartir y adjudicar suficientes medios aéreos para satisfacer los requerimientos AI y CAS del comandante apoyado, de acuerdo con las intenciones del CINC. Si el tiempo lo permite, los comandantes subordinados de aire, tierra y mar deberían ser informados sobre el reparto y las decisiones de adjudicación (junto con cualquier cambio subsiguiente) en orden a incrementar su comprensión de las intenciones del CINC y de los planes de campaña, y para permitirles ajustar adecuadamente sus planes de apoyo.
El sistema JFACC es la organización conjunta más efectiva que el DOD ha diseñado para las operaciones aéreas conjuntas de comando y control. No obstante, debemos perfeccionar el sistema para hacerlo más ágil ante los requerimientos del CINC y de los comandantes subordinados de todos los servicios. Las operaciones aéreas deben ser conjuntas - no solamente una amalgama de los esfuerzos individuales de los servicios que obren en concordancia con sus preocupaciones y agendas. Las operaciones conjuntas son los medios principales con los cuales los EE.UU. proyectarán su poder hacia el exterior en este nuevo orden mundial. En verdad, el Gral. Henry C. Stackpole III predijo que los EE.UU. probablemente nunca más serán testigos de una operación militar que no sea conjunta ni combinada.41
En el pasado, cada servicio siguió una d octrina independiente basada en sus propios intereses. Aunque tales doctrinas posibilitaban un cierto grado de superposición cuando las fuerzas trabajaban en las operaciones conjuntas, quizás en el futuro no tendremos el lujo de disponer de capacidades redundantes y debamos hacer un empleo más eficaz de las fuerzas disponibles. Ya que las operaciones aéreas conjuntas serán valiosas para proyectar el poder en los futuros conflictos, debemos desarrollar doctrinas, equipos y procedimientos conjuntos para apoyar al sistema JFACC. Sólo entonces podremos utilizarlos con mayor efectividad y eficiencia para proyectar la fuerza contra amenazas hostiles basadas en tierra, aire y mar. ž
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3. May. Jeffrey E. Stambaugh, "JFACC: Key to Organizing Your Air Assets for Victory," Parameters 24, Nº 2 (verano 1994): 98.
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6. "The Air Campaign Videotape Script," Air Command and Staff College Seminar/Lesson Book, vol. 9 (Base Aérea Maxwell, Ala.: Air University, 1993), 37-52.
7. Contralmirante James A. Winnefeld y Dana J. Johnson, Joint Air Operations: Pursuits of Unity in Command and Control, 1942-1991 (Annapolis, Md.: Naval Institute Press, 1993), 105.
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22. Comdr. Daniel J. Muir, "A View from the Black Hole," US Naval Institute Proceedings 117, Nº 10 (octubre 1991): 85-86.
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35. Atkinson, 222; y Barton Gellman, "US Bombs Missed 70% of Time," Washington Post, 16 de marzo 1991, 1.
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39. Winnefeld y Johnson, 152.
40. Stambaugh, 107.
41. "Plane Parts, Rotting Timbers, White Paper, and Fighting Joint," US Naval Institute Proceedings 119, Nº 6 (junio 1993): 9.
El Mayor Scott A. Fedorchak (BS, USMA; MSBA, Boston University; MS, Massachusetts Institute of Technology) es comandante de destacamento del 8º Batallón de Operaciones Psicológicas, Fuerte Bragg, Carolina del Norte. Previamente fue profesoradjunto de Física de la Academia Militar del Ejército de los Estados Unidos. Comandó la Fuerza de Seguridad Combinada en Honduras y la 511ª Compañía de Policía del Ejército, Fuerte Drum, Nueva York. También ocupó varios cargos en estados mayores de batallones en los EE.UU. y Alemania. El Mayor Fedorchak es un graduado de la Escuela de Comando y Estado Mayor de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, la Escuela de Guerra Naval de la Marina de EE.UU. y la Escuela de Comando y Estado Mayor del Cuerpo de Infantería de Marina de los EE.UU.
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