Document created: 30 May 03
Air & Space Power Journal - Español
Segundo Trimestre 2003
La Tormenta de la Guerra Biológica
que se Avecina
CORONEL (DR.) JIM A. DAVIS, USAF*
*Este artículo se basa en un ensayo del autor titulado: A Biological Warfare Wake-up Call: Prevalent Myths and Likely Scenarios, publicado como el capítulo 10 del libro titulado The Gathering Biological Warfare Storm, 2ª edición, editors Cnel (Dr) Jim A. Davis y Dr. Barry Schenider (Maxwell AFB, Ala.: USAF Counterproliferaiton Center, April 2002), 193-251, en línea, Internet, 21 January 2003, disponible en http://www.au.af.mil/au/awc/awcgate/cpc-pubs/biostorm/davis.docA pesar de todo, este mundo aún es muy peligroso, un mundo menos seguro, menos predecible... Muchos cuentan con armas químicas y biológicas. Lo más perturbador de todo es que la lista de esos países incluye algunos de los estados menos responsables del mundo.
—Presidente George W. Bush,
National Defense University, 1 de
mayo de 2001
Si esta opinión es persuasiva para los gobernantes en Estados Unidos, obstruirá la capacidad del país de prepararse para, o evitar, un evento de esa índole. Hasta hace poco, la falta de enfoque sobre este tema había resultado en una falta de los fondos apropiados y la responsabilidad. Hay seis mitos importantes que han ocasionado que algunos líderes superiores gubernamentales, militares y civiles hayan desarrollado una opinión inapropiada de esta amenaza.
Resultaría valioso que aquellos que reconocen la vulnerabilidad del país ante una guerra biológica (BW) conocieran los escenarios más probables que podríamos enfrentar. Tales especulaciones informadas y visualización nos permite prepararnos antes del evento, o quizás hasta evitarlo. En este artículo se describen los seis mitos más comunes acerca de la guerra biológica y tres de los escenarios más probables de guerra biológica que podríamos enfrentar.
Thomas C. Schelling destaca que "la tendencia en nuestra planificación es confundir lo extraño con lo improbable. La contingencia que no hemos tomado en cuenta seriamente parece rara; lo que parece raro se piensa que es improbable; lo que es improbable no necesariamente tiene que tomarse en cuenta seriamente".1
Estados Unidos cuenta con fondos limitados para invertirlos en programas sociales y militares. En la actualidad, el presupuesto militar es el tres por ciento del producto nacional bruto (PNB) en comparación con el seis por ciento del PNB a finales de la década de los ochenta.2 El ataque terrorista más devastador que jamás se perpetrase en contra de Estados Unidos ocurrió el 11 de septiembre de 2001, y no solamente cobró muchas vidas, sino que el impacto económico relacionado con este ataque sobrepasó los cientos de miles de millones de dólares en costes directos de restitución, pérdidas en los ingresos e iniciativas de reacción costosas. Sin embargo, el impacto humano y el impacto económico del 11 de septiembre de 2001 se verán empequeñecidos si los adversarios pueden desplegar en contra de Estados Unidos armamentos biológicos que ocasionen gran cantidad de bajas. A menos que concentremos sumas de dinero adecuadas y elaboremos un plan nacional coherente para prepararnos para, y evitar, esos actos, Estados Unidos probablemente sufrirá una enorme pérdida económica que podría llevarnos a nuestra desaparición como una superpotencia.
Creer en una o más de por lo menos seis suposiciones o mitos falsos ayuda a explicar por qué individuos, inclusive líderes superiores militares y civiles, no creen que ocurrirá un ataque BW que ocasione gran cantidad de bajas.
Mito Uno: Realmente nunca ha habido
un ataque BW significativo
Este argumento va en contra de hechos históricos. Inclusive antes del terrorismo del ántrax en Estados Unidos, durante el otoño de 2001, en múltiples ocasiones han ocurrido incidentes de guerra biológica y bioterrorismo. Hoy en día, más países cuentan con programas BW activos que en cualquier otro momento en la historia, lo que aumenta la probabilidad de que la guerra biológica se emplearía nuevamente en el futuro.
Las organizaciones militares han empleado armas biológicas muchas veces. Un evento BW ocurrió en 1346 cuando los mongol utilizaron la plaga (Yersinia pestis) durante la Batallas de Kaffa. Más recientemente, durante la Guerra entre Francia y los Indios, los británicos utilizaron la viruela (Variola) en contra de los Indios Delaware y se afirma que utilizaron la viruela en contra de las fuerzas del General George Washington durante la Guerra de la Revolución.3 Los alemanes utilizaron el ántrax (Bacillus anthracis) y el muermo Pseudomonas mallei) en contra de caballos y mulas del Ejército de Estados Unidos y sus Aliados durante la Primera Guerra Mundial. Los japoneses utilizaron tifoidea (Salmonella
typhi) durante la Segunda Guerra Mundial en ataques directos sobre las fuerzas rusas que se aproximaban.4 Además, utilizaron más de 16 agentes distintos de BW (plaga, ántrax, etc.) en las fuerzas y ciudadanos chinos, prisioneros de guerra norteamericanos, detenidos británicos y otros. Ken Alibek, antiguo jefe de la sección civil del programa biológico de ofensiva de la Unión Soviética ha sacado a la luz información que lo lleva a creer que el Ejército Soviético pudo haber utilizado tularemia (Francisella tularensis) para detener al Ejército Alemán que se aproximaba durante la Segunda Guerra Mundial.5 En el Textbook for Military Medicine, publicado en 1997, se publicó que alrededor de 10.923 muertes resultaron del uso por parte de los soviéticos de agentes de guerra química y biológica (CBW) en Afganistán, Laos y Camboya.6 En el 2001, el Senado y otras oficinas gubernamentales de Estados Unidos fueron atacadas a través del sistema de correos con cartas repletas de esporas de ántrax; esporas trituradas a un tamaño de 1-5 micrones que puede ocasionar la muerte por inhalación. Se debe concluir que la guerra biológica ha sido una práctica aceptada por muchos estados durante mucho tiempo.
Mito Dos: Estados Unidos nunca ha sido
atacado por un agente de guerra biológica
Contando los ataques de ántrax en el 2001, hay por lo menos seis ocasiones confirmadas en que se ha utilizado BW en contra de ciudadanos y recursos estadounidenses. Los británicos supuestamente utilizaron viruela durante la Guerra de la Revolución. Los alemanes utilizaron el muermo en contra de caballos y mulas durante la Primera Guerra Mundial. Los japoneses utilizaron múltiples agentes biológicos en contra de sus enemigos durante la Segunda Guerra Mundial. El culto Aum Shinrikyo falló en su ataque en 1990 con la toxina botulina en contra de dos bases de la Armada de EE.UU. ubicadas en Yokosuka y Yokohama.7 En 1984, el culto Bhagwan Shree Rajnees contaminó con salmonela los mostradores de ensalada de diez restaurantes en Oregon e infectó al menos 750 ciudadanos locales.8 Este ataque BW, al igual que los ataques a la base naval, no se descubrieron sino hasta varios años después de haber ocurrido. Los expertos en proliferación, tales como Seth Carus de la National Defense University, concuerdan que estos ejemplos le dan credibilidad a la posibilidad de que Estados Unidos, sin saberlo, puede haber sido víctima de otros ataques BW en el pasado.9
Mito Tres: Hay que ser sumamente inteligente y
capacitado, y contar con buenos fondos para
cultivar, utilizar como armamento y
desplegar un agente BW
La condición financiera o la brillantez ya no es un gran impedimento para que un grupo o individuo obtenga una capacidad BW significativa. La Dra. Tara O’Toole, subdirectora del Centro de Estudios de Biodefensa Civil de la John Hopkins University, opina que probablemente hemos cruzado el umbral de "lo muy difícil" de lograr a "algo que lo puede hacer un grupo o individuo determinado".10 Es verdad que hay ciertos obstáculos técnicos, pero hay miles de microbiólogos y otros profesionales en ciencias de la salud sumamente capacitados que son capaces de cultivar, convertir en armamento y utilizar un agente BW. Gran parte de la información técnica está disponible en la Internet, bibliotecas, a través de pedidos por los medios de comunicación que proveen manuales de "instrucción". Por ejemplo, Steve Priesler, que cuenta con una licenciatura en química, escribió uno de esos manuales y lo vendió en la Internet por tan sólo US$18.11 Este manual, titulado Silent Death por "Uncle Fester", le indica al lector dónde puede encontrar, cultivar y convertir en armamento agentes tales como el Bacillus anthracis y el Clostridium botulinum. También le enseña al lector cómo utilizar los agentes para matar grandes o pequeñas cantidades de personas.
Mito Cuatro: La guerra biológica tiene que ser
muy difícil porque ha fracasado cuando se
ha intentado
La mayoría de los intentos BW que se han mencionado en este artículo resultaron en muertos o accidentes. Sin embargo, no todos los intentos en el pasado tuvieron éxito. Por ejemplo, hasta 1995 (cuando varios de los líderes encarcelados confesaron) se desconocía que en 1990 el culto Aum Shinrikyo había rociado dos bases navales norteamericanas en Japón. Se desconoce por qué su ataque fracasó, pero hubo miles de marineros y dependientes que estuvieron al borde de la muerte si el culto Aum Shinrikyo hubiese sido más hábil. Si bien este culto fracasó en dominar los obstáculos tecnológicos, más de medio siglo antes varios países habían aprendido mucho acerca de cómo hacer y utilizar eficazmente este armamento. Los japoneses comenzaron su programa BW a inicios de la década de los años treinta y lo utilizaron en contra de sus adversarios durante la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética también comenzaron sus programas BW durante las décadas de los años treinta y cuarenta. La tecnología BW básica ha estado en existencia por más de 60 años, y se suponía que todos estos países desarrollaran grandes y potentes programas BW. Esto fue mucho antes de la era de ingeniería genética y el trazado de genoma. Aunque algunos de los secretos del programa BW quizás no estuvieron al alcance del culto Aum Shinrikyo, la década de los años noventa trajo consigo una proliferación de información y avances biotecnológicos.12 Ahora en el siglo XXI, las barreras tecnológicas ya no son tan formidables como lo eran anteriormente. En virtud de todos los ataques exitosos anteriores, es un argumento débil decir que la BW "no ha tenido éxito", basándose solamente en la incapacidad de Aum Shinrikyo de matar norteamericanos con la toxina botulina o sus fallidos intentos de matar japoneses con ántrax.13 Durante el siglo XXI, las barreras tecnológicas ya no son tan formidables como antes, y algunos expertos opinan que un individuo o grupo determinado puede crear independientemente sus propias armas BW que ocasionen grandes bajas.14
Mito Cinco: Hay restricciones morales que
han evitado, y seguirán evitando, que se
utilicen agentes BW
La mayoría de los estados en el siglo XX por lo general evitaron el uso de agentes BW. Por ejemplo, de 1942 a 1969, Estados Unidos tenía un programa BW ofensivo, pero nunca utilizó agentes BW. Los soviéticos tenían suficientes agentes BW para utilizarlos como armamento para eliminar al mundo varias veces, y aún así mostró restricción. Puede que varias restricciones políticas, militares y morales en contra del uso de BW han evitado hasta ahora la guerra biológica a gran escala, pero parece que ahora estamos entrando en una nueva era. Jessica Stern, en The Ultimate Terrorists, resume cuatro técnicas de "liberación moral" que grupos e individuos han utilizado para justificar su uso de armamento que ocasiona grandes bajas.15
Los siguientes ejemplos ilustran la falta de inhibición moral en cuanto a varios tipos de terrorismo. El 26 de febrero de 1993, el terrorista Ramzi Yousef y otros terroristas musulmanes detonaron una bomba cuya intención era derribar las torres gemelas del World Trade Center y matar como mínimo 250.000 personas.16 La explosión, aunque no fue completamente exitosa, mató a seis personas, hirió a más de mil y causó daños en exceso de US$600.000,000.17 El 19 de abril de 1995, Timothy McVeigh cometió el peor acto de terrorismo nacional que un norteamericano haya cometido cuando detonó una bomba en el Alfred P. Murrah Federal Building en la ciudad de Oklahoma.18 Más de 550 personas fueron utilizadas como blancos, y la tragedia resultó en 168 muertos y cientos de heridos.19 El 11 de septiembre de 2001, terroristas internacionales destruyeron las torres gemelas del World Trade Center, arruinaron más de veinte edificios adyacentes y ocasionaron daños significativos al Pentágono al secuestrar y estrellar aviones comerciales norteamericanos en contra de estos íconos de la sociedad norteamericana. En menos de dos cortas horas, estos actos brutales de terror mataron 3.000 civiles y personal militar inocentes a la vez que lesionaron a miles de personas y detuvo temporalmente, y a un precio muy alto, los viajes aéreos en Estados Unidos.20
Podemos analizar el surgimiento de organizaciones como al-Qaida, el grupo de Osama bin Laden, y percatarnos de que cualquier res- tricción moral anterior de infligir la muerte en masa a civiles ya no aplican. Ellos han lanzado una "guerra santa" en contra de Estados Unidos y no son discretos de infligir grandes bajas a ciudadanos norteamericanos—inclusive si ello significa la pérdida de sus propias vidas. De hecho, según el paradigma de la guerra santa promulgado por Bin Laden, se supone que aquellos que mueran matando a los "infieles" acumulen grandes honores. Por lo tanto, la "moralidad" puede introducirse como un motivo tanto para limitar el uso de BW y para defender los asesinatos en masa— dependiendo de los valores y perspectivas del que esté a cargo de tomar la decisión.
Mito Seis: El largo periodo de incubación que
se requiere para los agentes BW antes del
inicio de los síntomas los convierte en
ineficaces para los usuarios
Ya ha habido múltiples ataques BW, y para un experto en armamento biológico, el periodo de incubación puede emplearse como una ventaja en lugar de una desventaja. Los siguientes dos escenarios ilustran esa ventaja. En el primero, un ataque ántrax se lleva a cabo en una instalación militar del adversario. En 72 horas, el ataque podría interrumpir el funcionamiento de la instalación. Los primeros casos clínicos de ántrax probablemente se manifestarían en alrededor de 24 horas, con un aumento en la cifra de casos subsiguientes. Un ataque militar convencional subsiguiente, que estaba programado para que ocurriera de tres a cuatro días después del ataque BW, probablemente encontraría a los defensores de la instalación incapacitados por la enfermedad y, por lo tanto, probablemente tendría éxito. Además, a causa de la naturaleza del organismo Bacillus anthracis, los asaltantes no tendrían que preocuparse demasiado acerca de incurrir infecciones secundarias significativas de los adversarios que están infectados o por grandes cantidades de esporas residuales en el medio ambiente.
El segundo escenario tiene que ver con un ataque a la población o una instalación militar del adversario con la fiebre Q (Coxiella burnetii). Con el periodo de incubación de dos a 10 días de la fiebre Q, el asaltante y sus seguidores tendrían días para escapar antes de que su adversario se percatara de que ha habido un ataque. Entre el quinto y el décimo días después del ataque, el asaltante podría anunciar que se ha utilizado un arma no-letal como una "muestra de fuerza y determinación" y exigir cualesquiera concesiones que estuviesen persiguiendo. Asimismo, el porcentaje bajo de mortalidad eliminaría la justificación del adversario de llevar a cabo una represalia masiva, pero al mismo tiempo dejaría la población del adversario con un sentido intensificado del temor a causa de su vulnerabilidad que ya ha sido comprobada.
Hay dos motivaciones principales que impulsarían a un adversario a atacar Estados Unidos con un agente BW. Cualquiera de las dos es suficiente como para provocar que un país, organización o individuo actúe en contra de Estados Unidos, pero las preocupaciones deben intensificarse cuando ambas motivaciones se crucen.
La primera motivación es gradualmente "desgastar la influencia de Estados Unidos" como una superpotencia mundial. Adversarios tales como Irak, Irán o la organización al Qaida desean obtener más influencia en su región. Ellos están furiosos de que los "infieles" norteamericanos han aumentado su presencia en el Oriente Medio de tres buques en 1949 a más de 200.000 tropas en 2001.21
De igual manera, hay otras emergentes potencias económicas en el mundo que ven a Estados Unidos en una relación de amor u odio. Ellos saben que Estados Unidos los está ayudando a lograr la solidez económica, pero, a la larga, quisieran quitarle a Estados Unidos un pedazo de la acción económica. Estos países también podrían desear infligir daños a la economía norteamericana y, en su mente, nivelar el terreno de manera que disminuyeran los daños a su propia economía. Entre los grupos de extrema derecha con esta motivación se encuentran los grupos reli- giosos terroristas tales como el al Qaida de Osama bin Laden quienes declaran que ellos tienen la obligación religiosa de destruir la "raza maligna" en el nombre de "Alá".
La segunda motivación está catalogada como "venganza u odio". En un momento en que Estados Unidos es esencial en la estimulación de la economía global y, por ende, está mejorando el estándar de vida de millones en el mundo, la susodicha "transparencia" de Estados Unidos crea la envidia, que a menudo conlleva al odio, en millones alrededor del mundo. Estados Unidos cuenta con el cinco por ciento de la población del mundo, sin embargo utiliza el 24 por ciento de la energía global.22 Algunos consideran que la extravagancia de Estados Unidos es el motivo de la decadencia moral en el mundo. A menudo, esos mismos individuos quisieran infligir venganza por lo que ellos perciben que Estados Unidos o sus "países títeres" les han hecho a ellos individualmente, a sus familiares o su grupo. Muchos de estos individuos han aprendido, desde la infancia, a odiar a Estados Unidos. A menudo, este prejuicio crece a medida que ven imágenes en la televisión que muestra a Estados Unidos como una sociedad de ebrios, inmoral, voraz y violenta.
Hay sinergismo cuando un país, grupo o individuo desea corroer la influencia de Estados Unidos como superpotencia mundial y cuando, además, está lleno de venganza y odio. Este efecto ampliaría el deseo y la capacidad de lograr apoyo financiero y llevar a cabo un ataque BW eficaz. Entonces cuenta con una causa donde la emoción refuerza o inclusive se sobrepone a la lógica, o falta de lógica, de un ataque de esa índole.
El autor opina que hay tres escenarios BW muy probables que Estados Unidos y sus aliados podrían enfrentar en el futuro:
• Un evento agroterrorista en contra de Estados Unidos,
• Un ataque BW a Estados Unidos y las tropas aliadas en el Medio Oriente, o
• Un ataque bioterrorista en contra de un centro de la población en Estados Unidos o un estado aliado.
Escenario Uno: El escenario agroterrorista
Anne Kohnen ha dicho que "los blancos agrícolas son ‘blancos vulnerables’, o aquellos que mantienen un nivel de seguridad tan bajo que un terrorista podría efectuar desapercibido un ataque. Los agentes biológicos son pequeños, económicos y prácticamente imposibles de detectar. Un terrorista sencillamente podría decidir utilizar BW en contra de la agricultura porque es la manera más fácil y barata de ocasionar daños a gran escala".23
Tal como lo expresó Mark Wheelis, un microbiológico más antiguo en la Universidad de California, en Davis, muchas de las restricciones morales que podrían inhibir al adversario podrían superarse mediante el uso del agroterrorismo.24 La economía norteamericana podría tornarse caótica al infligir daños a la industria agrícola del país con tres a cinco agentes BW durante el transcurso de unos cuantos años. Por ejemplo, el Reino Unido sufrió una grave interrupción en su vida cotidiana en el 2001 cuando hubo un brote de fiebre aftosa, obligándolo a sacrificar cientos de miles de ganado. Se calcula que la erradicación y la pérdida económica fue de US$30 a US$60 mil millones.25 Bélgica sufrió un evento aparentemente agroterrorista cuando se descubrió dioxina en el alimento para pollos.26 Esto resultó en boicoteos de carne belga en Europa y Asia que le costó a su economía aproximadamente US$1.000 millones.27 Incidentes de esa clase en Estados Unidos posiblemente pondrían en peligro US$140 mil millones al año en exportaciones de carne de cerdo, de res y aves de corral.28 La Tabla 1 se ha elaborado para mostrar el status de algunas de las capacidades BW agrícolas ofensivas que ciertos países han elaborado o mantienen.
Este tipo de ataque le ha otorgado al adversario el beneficio adicional de que, a menos ellos deseen lo contrario, nunca podrán ser identificados. En vista de que la meta no es captar la atención, sino fomentar la de saparición e infligir daños en Estados Unidos, los perpetradores pueden mantener una distancia segura y disfrutar de las noticias acerca de la confusión en Estados Unidos. Ellos podrían contemplar la culminación exitosa de su plan a medida que la naturaleza contagiosa de sus armas operan por sí solas—el regalo que nunca termina. Aquellos perpetradores dispuestos a emplear este estilo de ataque(s) BW tendrían que reconocer que quizás tomaría años para lograr su objetivo. Algunos terroristas en el mundo estarían dispuestos a esperar y ver sus planes estratégicos llevados a cabo durante un largo periodo de tiempo.
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Tabla 1 Estados con Capacidades BW Agrícolas en el Pasado y el Presente
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Escenario Dos: Ataque BW en las Fuerzas en el
Oriente Medio
La meta de este ataque es que Estados Unidos retire sus fuerzas militares de la región y que posiblemente disminuya su ayuda a aliados como Israel. El Oriente Medio contiene más países con armamento biológico que cualquier otra región en el mundo. Según el Center for Nonproliferation Studies en el Monterey Institute of International Studies, hay 11 países que se sospecha, o está confirmado, que poseen programas biológicos ofensivos. De esos, seis están en el Oriente Medio.29 Además, han ocurrido más ataques con armamento de destrucción en masa (WMD) en el Oriente Medio que en ninguna otra región. Aunque la mayoría de los ejemplos que aparecen en la Tabla 2 son del uso de guerra química (CW) y no CBW, claramente muestra que esta región del mundo tiene una opinión completamente diferente acerca del uso de armamento que es considerado un tabú por gran parte del resto del mundo. En la Tabla 2 se ilustran algunos datos importantes de la región.
¿Por lo tanto, cómo se llevaría a cabo un ataque BW en el Oriente Medio? Hay múltiples opciones que un adversario podría escoger para presionar a Estados Unidos a que se retire de la región. Las tres opciones que se tratan a continuación son una ilustración de la variedad de problemas que dichos ataques podrían producir.
Un adversario podría optar por utilizar un agente BW no-letal, quizás VEE (encefalitis equina venezolana) en una instalación norteamericana. Dicho ataque enfermaría e incapacitaría al personal, pero no los mataría. Se podría utilizar para demostrar la capacidad, determinación e inclusive compasión del adversario. Éste podría dar tiempo para cerciorarse de que el ataque fue eficaz, que las muertes fueron mínimas y que las personas estaban recuperándose y luego anunciar por qué y qué habían hecho.
Si el ataque BW fracasara, entonces el adversario no haría ningún anunció o perdería credibilidad. Del mismo modo, si el ataque ocasiona muchas muertes inesperadas, sencillamente permanecerían callados y evitarían posibles represalias norteamericanas. Si el ataque fuese exitoso, el anuncio del adversario de su responsabilidad podría incluir una declaración de aborrecimiento a los asesinatos. Podría alegar que aunque poseen agentes BW letales, eligieron no matar los hijos e hijas de Estados Unidos porque lo único que desean es que las fuerzas norteamericanas se retiren de la región—se acudiría a los homicidios como último recurso.
Este enfoque probablemente desataría grandes debates en Washington, D.C. y en países del Medio Oriente, e inclusive podría provocar que el Congreso presionara al Presidente para que retire las tropas norteamericanas. Si Estados Unidos entonces decide permanecer en la región y ocurre un ataque letal, la población local alrededor de las bases norteamericanas moriría junto con los norteamericanos que fueron objetos del blanco. Por lo tanto, los gobiernos locales estarían bajo una gran presión y optarían por pedirle a Estados Unidos que se retirase de la región en lugar de que se perpetrasen ataques BW adicionales en contra de sus poblaciones.
Otra opción que un adversario podría escoger sería lanzar un agente letal afuera de una base estadounidense de manera que el viento la transportara lejos de la base. Con tan solo un pequeño ataque que matara de 20 a 50 de la población local se podría lograr un efecto deseado. Los norteamericanos serían culpados por las bajas a favor del viento, creando una falta de confianza de los ciudadanos locales en el gobierno norteamericano. El grupo responsable nunca se atribuiría el mérito pero le informaría a los medios de comunicación y a otros que las muertes fueron ocasionadas por agentes BW norteamericanos (aunque Estados Unidos no cuenta con agentes BW ofensivos). Probablemente los medios de comunicación en la región celebrarían y esto conllevaría a que el enfurecimiento hacia Estados Unidos cobrara fuerzas. Otra ataque similar podría lanzarse después de varios meses si Estados Unidos no ha decidido disminuir significativamente su presencia en la región. Una vez más, a Estados Unidos se le culparía, y los ciudadanos locales posiblemente evacuarían las zonas aledañas a las instalaciones norteamericanas. Una presencia estadounidense prolongada podría convertirse en una situación políticamente imposible de mantener. Dichos ataques a pequeña escala podrían repetirse una y otra vez con agentes BW letales y no letales.
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Tabla 2 Ejemplos de Uso CBW en el Oriente Medio
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Tabla 2—Continuación
Fuente: Investigación no clasificada en el USAF Counterproliferation Center, Maxwell AFB, Alabama, 2001. |
Un adversario también podría utilizar un agente letal directamente en contra de una instalación norteamericana en la región. El adversario probablemente nunca se atribuiría el mérito de optar por este tipo de ataque, pero lanzaría una pequeña dosis de un agente BW como el ántrax o la tularemia e intentaría asesinar de dos a diez norteamericanos. Esas muertes podrían infundir el temor con respecto a futuros ataques letales y podría provocar que funcionarios estadounidenses y miembros del Congreso debatiesen el mérito de continuar la presencia de Estados Unidos en el Oriente Medio. Como una respuesta similar a la última opción, el gobierno anfitrión se sentiría incómodo con la presencia norteamericana si unos cuantos de los ciudadanos locales también fallecieran. Un solo ataque quizás no lograría que Estados Unidos saliera huyendo, pero si se repite lo suficiente, entonces reconsideraría y alejaría sus fuerzas del peligro.
Escenario Tres: Un ataque bioterrorista
en un gran centro de la población
estadounidense o aliada
El público norteamericano aprendió a temerle al ántrax después de que se enviaron cartas que contenían esa sustancia a través del sistema de correos de Estados Unidos a senadores y varias agencias de noticias poco después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Las muertes que resultaron de dichos ataques y el descubrimiento de que algunos terroristas de al Qaida habían estudiado la posibilidad de alquilar aviones equipados para rociar siembras dieron lugar a que el gobierno norteamericano temporalmente impidiera los vuelos de estos importantes aviones agrícolas. Los medios de comunicación, a su vez, le informaron al público sobre la posibilidad de un ataque biológico.
Similar a los ataques del 11 de septiembre, un ataque BW podría ser un ataque coordinado y que tuviese lugar en varias ciudades importantes de Estados Unidos. El ántrax probablemente sería el agente preferido en un intento de ocasionar muertes en grandes cantidades ya que no es contagioso y los perpetradores no tendrían que preocuparse acerca de que la enfermedad se infiltrara en su país. Cinco bolsas de ántrax de 100 libras cada una podrían pasarse de contrabando en Estados Unidos utilizando uno de los varios cargamentos de grano que llegan a puertos estadounidenses a diario. Esas bolsas podrían infiltrarse con el cargamento y ser envueltas en plástico de manera que el polvo no se soltase prematuramente. De tres a cinco ciudades importantes, del orden de Houston o Los Angeles, podrían convertirse en blancos y solamente sería necesaria una bolsa de cien libras para cada ciudad. Un dispositivo de aerosol adecuado, que se puede conseguir fácilmente en Estados Unidos, se podría montar en un automóvil, avión o bote. Los terroristas que lleven a cabo este tipo de ataque no tendrían que morir porque podrían vacunarse o ser tratados con antibióticos antes de lanzar los agentes, lo que los protegería inclusive si estuvieran expuestos. Además, podrían abandonar fácilmente el país antes de que los primeros síntomas aparecieran y así derrotar la capacidad del gobierno federal de reaccionar y arrestarlos.
Cientos de miles de ciudadanos norteamericanos podrían ser infectados y morir si el agente es fabricado y utilizado correctamente y si las condiciones climatológicas óptimas estuviesen presentes durante el ataque. Un ataque que ocasione grandes cantidades de bajas abrumaría el sistema médico estadounidense y resultaría en una catástrofe de vidas humanas, económica y política.
Muchos de nuestros líderes nacionales aún no creen que un evento BW que ocasione grandes cantidades de bajas ocurrirá en los próximos 10 años—a pesar de nuestra experiencia con los ataques de ántrax que ocurrieron a raíz de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Esta opinión está basada en su creencia de uno de varios mitos discutidos en este artículo. Esos mitos continúan inhibiendo la inversión adecuada de la defensa biológica de Estados Unidos y los aliados.
Los líderes de seguridad nacional de Estados Unidos tienen que reconocer la urgencia para volver a enfocar los programas y desarrollar los presupuestos adecuados para apoyar una iniciativa de defensa biológica combinada para contrarrestar las posibilidades BW. La ini- ciativa contra el agroterrorismo está lamentablemente carente de fondos. Este programa es de suma importancia, y necesita miles de millones de dólares adicionales para mejorar la protección de nuestra industria agrícola.
Las fuerzas militares de Estados Unidos en el Oriente Medio tienen que estar bien preparadas para un ataque BW, pero a todos los países en la región aún les falta mucho para que sus equipos y tácticas de defensa biológica sean adecuados en comparación con la amenaza. El Comando Central de EE.UU. y la oficina del Secretario de la Defensa tienen una iniciativa de cooperación de la defensa (CDI) agresiva con sus aliados y amigos en la región concebida para superar la amenaza de las WMD. Ya se han dado grandes pasos hacia delante en preparación a un ataque BW, pero aún falta mucho por hacer. Si bien las capacidades de detección en la región han mejorado, los resultados de laboratorios requieren varias horas, y están limitados a solamente unos cuantos posibles agentes BW. Solo las instalaciones norteamericanas tienen capacidades para detectar y en las zonas locales no hay ninguna. Aunque el énfasis en los mísiles balísticos dentro del CDI es correcto, la amenaza de mísiles crucero biológicos descrita por Kiziah en su Assessment of
the Emerging Biocruise Threat, puede ser una amenaza más probable y se le debe dar la misma importancia.30Una de las posibilidades más horrendas sería un ataque BW coordinado y simultáneo en contra de varias ciudades de Estados Unidos y de sus aliados. Esos ataques podrían ocurrir hoy mismo, y nos tomaría días para percatarnos de ello. Una serie de ejercicios importantes han documentado los probables y atemorizantes resultados; cientos de miles de personas podrían morir y las sociedades de Estados Unidos y de los aliados enfrentarían el caos y el pánico. Estados Unidos tiene que tomar el mando de evitar esos ataques y prepararse para administrar las consecuencias —administrar la secuela de esos ataques— con el mismo vigor que nuestro país empleó durante la guerra fría. De lo contrario, nuestra seguridad nacional se verá en peligro.
A pesar de mitos que muestren lo contrario, la guerra biológica y las amenazas bioterroristas son reales y exigen un compromiso total por parte de Estados Unidos y sus aliados de contar con una iniciativa de defensa biológica bien consolidada para producir una defensa eficaz.
Notas:
1. Roberta Wohlstetter, Pearl Harbor: Warning and Decision (Stanford, Calif.: Stanford University Press, 1962), vii.
2. Anthony H. Cordesman, Trends in US Military Forces and Defense Spending: Peace Dividend or Underfunding? (Washington, D.C.: Center for Strategic and International Studies, 26 July 1999), 4, en línea, Internet, 11 September 2001, disponible en http://www.csis.org.
3. James E. Gibson, Dr. Bodo Otto and the Medical Background of the American Revolution (Baltimore, Md.: George Banta Publishing Company, 1937), 88-89; y Jonathan B. Tucker, Scourge: The Once and Future Threat of Smallpox
(New York: Atlantic Monthly Press, 2001), 18-22.4. Sheldon H. Harris, Factories of Death: Japanese Biological Warfare, 1932-45, and the American Cover-up (New York: Routledge, 1994), 74-76.
5. Ken Alibek con Stephen Handelman, Biohazard (New York: Random House, 1999), 29-31.
6. Frederick R. Sidell, Ernest T. Takafuji, y David R. Franz, eds., Textbook of Military Medicine: Medical Aspects of Chemical and Biological Warfare (Washington, D.C.: Office of the Surgeon General, US Army, 1997), 656.
7. W. Seth Carus, Bioterrorism and Biocrimes: The Illicit Use of Biological Agents in the 20th Century, ed. rev. (Washington, D.C.: National Defense University, Center for Counterproliferation Research, 1998), 58; Jessica Stern, The Ultimate Terrorists (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1999), 63; y Dean A. Wilkening, "BCW in Attack Scenarios," en The New Terror: Facing the Threat of Biological
and Chemical Weapons (Stanford, Calif.: Hoover Institution Press, 1999), 91-93.8. W. Seth Carus, "The Rajneeshees (1984)," in Toxic Terror: Assessing Terrorist Use of Chemical and Biological Weapons, ed. Jonathan B. Tucker (Cambridge, Mass.: MIT Press, 2000), 115-37.
9. David E. Kaplan, "Terrorism’s next wave, Nerve gas and germs are the new weapons of choice," U.S. News, 17 November 1997, en línea, Internet, 17 November 1997, disponible en http://www.infowar.com/CLASS_3/ class3_112897b.html-ssi.
10. Dr. Tara O’Toole, "Medical and Public Health Aspects of Bioterrorism," presentación, Johns Hopkins University, Baltimore, Md., 25 June 2001.
11. Uncle Fester, Silent Death, 2d ed. (Unknown, Uncle Fester, 1997) a la venta solamente en Internet, en línea, Internet, 25 January 2003, disponible en http://www.crbbooks. com/catalog_2_item_n1/uncle-silent.htm.
12. O’Toole; Michael T. Osterholm and John Schwartz, Living Terrors: What America Needs to Know to Survive the Coming Bioterrorist Catastrophe (New York: Random House, Inc., 2000), 37-39; y Judith Miller, Stephen Engelberg, y William Broad, Germs: Biological Weapons and America’s Secret War (New York: Simon and Schuster, 2001), 316.
13. Wilkening, 91-93; and David E. Kaplan y Andrew Marshall, The Cult at the End of the World (New York: Crown Publishers, 1996), 1-283.
14. O’Toole; Osterholm, 37-39; y Miller, 316.
15. Stern, 81-83.
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30. Rex R. Kiziah, Assessment of the Emerging Biocruise
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—Douhet
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El Coronel (Dr.) Jim A. Davis, USAF (Licenciatura en Ciencias y Doctor en Medicina Veterinaria, Texas A&M University; Doctor en Filosofía, University of Texas) es profesor en la Escuela Nacional de Guerra Aérea, y se especializa en temas de Guerra química y biológica (CBW), y es el subdirector del Centro de Contrapoliferación de la Fuerza Aérea de EE.UU. El Coronel Davis comenzó su carrera militar en el Cuerpo de Veterinarios del Ejército, y sus cuatro años de experiencia incluyeron lidiar con CBW defensiva. Durante un intervalo en el servicio militar activo y mientras formaba parte de la Reserva del Ejército, el Coronel Davis practicó medicina veterinaria por seis años antes de pasar a formar parte de la USAF en 1987. Antes de ocupar su puesto actual, se desempeñó en calidad de vicepresidente del Departamento de Conflictos Futuros en la Escuela Nacional de Guerra Aérea, Presidencia del Cirujano General de la Fuerza Aérea en la Universidad del Aire, y estuvo al mando del 48avo Escuadrón de Medicina Aeroespacial, RAF Lakenheath, Reino Unido. También se desempeñó en calidad de oficial de inteligencia médica en el Reino Unido y como asesor de salud pública para las Fuerzas de la Fuerza Aérea en Europa. Entre sus deberes se encuentran los siguientes: supervisor almacenamiento de agentes químicos, instructor de medicina de emergencia en tiempo de Guerra en laboratorios quirúrgicos, y líder de equipos de descontaminación. El Dr. Davis está certificado por la junta del Colegio Americano de Medicina Veterinaria Preventiva. El Coronel Davis es egresado de la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor y de la Escuela Superior de Guerra Aérea, Base Aérea Maxwell, Alabama. |
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