Document created: 5 March 04
Air & Space Power Journal - Español Primer Trimestre 2004

Ataque Directo

Realzando la Doctrina Contraterrestre y las
Operaciones Conjuntas de Aire a Tierra

General de División David A. Deptula, USAF
Coronel Gary L. Crowder, USAF
Mayor George L. Stamper, Jr., USAF

La evolución de la conducción de la guerra exige que la doctrina sea analizada y ajustada para codificar las prácticas óptimas de conceptos nuevos y en evolución que generan mayores capacidades. Por más de una década, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos ha llevado a cabo una serie de operaciones que son evidencia de una evolución continua en las capacidades bélicas y en los métodos de empleo. Esas operaciones comenzaron con la Operación Tormenta en el Desierto, enero-febrero de 1991; y continuaron con Operación Fuerza Deliberada, agosto-septiembre de 1995; Operación Fuerza Aliada, marzo-junio de 1999; Operación Libertad Duradera, octubre-diciembre de 2001; y Operación Libertad para Irak, marzo-abril de 2003. En unión con el poder terrestre y marítimo, Estados Unidos se aprovechó de la ventaja asimétrica del poder aéreo y espacial para lograr los objetivos de política nacional en todas esas operaciones—cada una de ellas con retos singulares que fueron, a su vez, un catalizador para más innovación y adaptación. En virtud de esas experiencias, es oportuno que analicemos la doctrina vigente y conjunta de la Fuerza Aérea para determinar si ambas aún reflejan las prácticas óptimas tal como las experimentaron los hombres del aire que las planificaron y lucharon por ellas. Un aspecto que se beneficiaría de dicha atención es la doctrina contraterrestre de la Fuerza Aérea.1

Air Force Doctrine Document (AFDD) 2-1.3, Counterland (Documento de Doctrina de la Fuerza Aérea 2-1.3, Contraterrestre), ha estado bajo revisión por muchos años. Ese tiempo refleja los retos realmente verdaderos de tratar de captar y codificar las prácticas emergentes para la conducción de la guerra dentro del contexto de los principios conocidos y duraderos de la doctrina contraterrestre. Un resultado positivo de la duración de su revisión es que se llevaron a cabo las Operaciones Libertad Duradera y Libertad para Irak, y que esas experiencias ofrecen lecciones nuevas y proveen un discernimiento adicional de cómo debemos proceder.

En ese intento, el Comando de Combate Aéreo (ACC)—a solicitud de y en coordinación con el Centro de Doctrina de la Fuerza Aérea (AFDC)—auspició una conferencia sobre la doctrina contraterrestre durante el verano del 2003. La conferencia captó las experiencias de los hombres del aire que participaron en las Operaciones Libertad para Irak y Libertad Duradera con el fin de aportar recomendaciones al Comité de Trabajo sobre Doctrina, AFDD 2-1.3. Los participantes en la conferencia de ACC, inclusive representantes de todos los comandos principales y del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, estuvieron de acuerdo en tres recomendaciones generales para la próxima revisión de la doctrina Contraterrestre. Primero, la Fuerza Aérea debe considerar el establecimiento del ataque directo (DA) (conocido anteriormente como operaciones aéreas en el campo de batalla) como una tercera categoría de la misión destinada a las operaciones contraterrestres, además de la interdicción aérea (AI) y el apoyo aéreo cercano (CAS), y debe regresar la definición vigente de Contraterrestre de la AI a la definición existente antes de 1999, para que haya consistencia con la doctrina conjunta.2 Segundo, debe examinar la posibilidad de codificar el killbox como una medida principal para la coordinación del control del espacio aéreo y del apoyo de fuego para las operaciones contraterrestres.3 Por último, la Fuerza Aérea debe reemplazar el killer scout con la coordinación del ataque y el reconocimiento (SCAR) como una calificación de mando y control (C2) para las misiones de ataque directo (DA) y de interdicción aérea (AI), de la misma manera que un controlador aéreo de avanzada (FAC) es una calificación de mando y control (C2) para el CAS. La segunda y tercera recomendaciones se entienden de una manera más generalizada y sencillamente reflejan cómo llevamos a cabo las misiones contraterrestres en la Operación Libertad para Irak y cómo las conduciríamos en otros teatros de operaciones. Sin embargo, el ataque directo (DA) es más complejo, menos comprendido y refleja un análisis más general y duradero de cómo pensamos sobre las operaciones contraterrestres, cómo nos organizamos y cómo las llevamos a cabo. Como resultado, los siguientes párrafos revelan las opiniones y el conocimiento acumulado de aquellos que hacen estas recomendaciones al Centro de Doctrina de la Fuerza Aérea. ¿En qué consiste un ataque directo? Expresado de manera más clara, el ataque directo consiste en operaciones aéreas conducidas para convertir en ineficaces las capacidades militares del enemigo fuera de una zona de operaciones (AO) terrestres establecida o cuando las fuerzas de superficie están maniobrando en un rol de apoyo a las fuerzas aéreas. Si bien esta es una definición práctica, la misma encierra por qué sería valioso contar con una nueva categoría de misión y cómo eso podría cambiar la manera como pensamos acerca, organizamos y conducimos las operaciones contraterrestres.

Por algún tiempo hemos sabido que hay algunas inconsistencias sobre cómo definimos el término contraterrestre. Durante la primavera de 1999, las fuerzas aéreas de la OTAN que participaron en la Operación Fuerza Aliada fueron utilizadas en contra de las fuerzas militares en Kosovo sin haber establecido un comandante del componente terrestre de la fuerza combinada (CFLCC) de la OTAN.4 Esas incursiones en y alrededor de Kosovo fueron clasificadas en términos doctrinales de la OTAN, utilizando las categorías de interdicción aérea del campo de batalla (BAI) o misiones CAS.5 La designación BAI por lo regular se utilizaba cuando se llevaban a cabo operaciones en contra de instalaciones militares fijas (por ejemplo, barracas, emplazamientos de comunicaciones, etc.), y la categoría CAS se aplicaba a misiones en contra de fuerzas militares en campaña mientras estaban bajo la dirección de un controlador aéreo de avanzada a bordo (FAC[A]).

Había fallas obvias en esas clasificaciones de la misión. Primero, en la doctrina de la Fuerza Aérea o en la doctrina conjunta, BAI no es una categoría de misión que se pueda destinar. Segundo, la BAI da por sentado enfrentamientos entre fuerzas terrestres amigas y enemigas. En vista de que no había fuerzas terrestres de la coalición participando en la Operación Fuerza Aliada, entonces, según la definición de la OTAN, no pudo haber ocurrido una BAI. Asimismo, las misiones clasificadas como CAS en la Operación Fuerza Aliada fueron inconsistentes con las definiciones de la OTAN, la Fuerza Aérea y las conjuntas. Según la doctrina, las misiones CAS se emplean cuando las operaciones contraterrestres se llevan a cabo cerca de las fuerzas amigas y requieren una integración detallada para evitar el fratricidio. Durante Fuerza Aliada, se volaron hacia Kosovo misiones contraterrestres designadas como CAS en contra de fuerzas militares en campaña y bajo el control de un FAC(A) que también era responsable de la identificación positiva de objetivos y de evaluar y minimizar el potencial de daños colaterales. Aunque todas estas funciones de FAC(A) fueron adecuadas y necesarias, sin las fuerzas terrestres amigas la clasificación de una misión CAS fue un error de doctrina.6 Si, por definición, esas misiones no eran ni CAS ni BAI, entonces ¿qué eran?

La Joint Publication 1-02, Department of Defense Dictionary of Military and Associated Terms vigente, define la interdicción aérea (AI) como “operaciones aéreas llevadas a cabo para destruir, neutralizar o demorar el potencial militar del enemigo antes que pueda emprender eficazmente actividades hostiles en contra de las fuerzas amigas a tal distancia de ellas que la integración detallada de cada misión aérea con el fuego y movimiento de las fuerzas amigas no es necesario”.7 Si bien esa definición ha sido aceptada por mucho tiempo, no obstante implica que la finalidad de vedar las fuerzas terrestres de un adversario es evitar que ellos pasen a una posición desde la cual podrían atacar a las fuerzas amigas. ¿Sigue siendo ésta una definición correcta o factible cuando no hay fuerzas terrestres amigas presente?

En su revisión de la doctrina Contraterrestre de 1999, la Fuerza Aérea aceptó y trató esas inconsistencias revisando su definición de interdicción aérea (AI): “Interdicción aérea, que incluye tanto los sistemas letales como no-letales, se emplea para destruir, interrumpir, desviar o demorar el potencial militar de superficie del enemigo antes de que pueda enfrentarse eficazmente a las fuerzas amigas, o de lo contrario, lograr sus objetivos”.8 Este cambio reconoce que los resultados del poderío aéreo pueden ser decisivos, excluir una batalla terrestre y contribuir directamente al plan del comandante de la fuerza conjunta (JFC). En la superficie, parece resolver el problema al ampliar la definición de interdicción aérea para incluir aquellas operaciones cuando las fuerzas terrestres no están presentes. Sin embargo, aún quedan problemas prácticos: ¿Cómo nos organizamos y cómo adiestramos para esta misión? ¿Cómo ejercemos el mando y control durante su ejecución? Estas preguntas se pueden contestar mejor después de crear un entendimiento de (1) la evolución de las capacidades aéreas y espaciales durante la última décadas, (2) la interpretación conjunta sobre la conducción de las operaciones contraterrestres y (3) las relaciones apoyadas y de apoyo.

Durante la última década, la Fuerza Aérea ha experimentado poco menos que una revolución en los asuntos militares en sus capacidades para conducir operaciones contrarrestres. El advenimiento de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) persistentes y la ubicuidad de las capacidades de las municiones guiadas por precisión, le han otorgado al Comandante del Componente Aéreo de la Fuerza Conjunta (JFACC) la habilidad de encontrar, identificar positivamente y atacar con eficacia y gran precisión las capacidades de combate en campaña del adversario—inclusive en los terrenos más complejos y las condiciones climatológicas más adversas. Durante la Operación Libertad Duradera, estas capacidades fueron realzadas significativamente mediante la asistencia de operaciones especiales y otras fuerzas terrestres al identificar los objetivos con precisión, proporcionar asesoramiento y evaluar el potencial de daños colaterales y riesgos de bajas civiles. De hecho, los resultados operacionales de las misiones de ataque directo que conformaron la preponderancia de los ataques aéreos de la Operación Libertad Duradera incluyeron sorprender, degradar y destruir las fuerzas enemigas atrincheradas. Esos ataques fueron los facilitadores claves para que las fuerzas de la Alianza del Norte de Afganistán capturaran Mazar-e.Sharif, Qala Qatar, Kabuly Tologan al norte y Kandahar en el sur—resultando, a la larga, en la destitución del régimen Talibán. Después que la Alianza del Norte logró el control de una gran parte de Afganistán, las demás operaciones de ataque directo, independientes del apoyo a las fuerzas terrestres, se llevaron a cabo para apoyar un esquema aéreo de maniobras dirigidas a las fuerzas terrestres de al Qaeda y del régimen Talibán que estaban huyendo de la zona.

Durante la Operación Libertad para Irak, se utilizó inteligencia de alta calidad y la sincronización de objetivos en combinación con góndolas avanzadas para la adquisición de objetivos. Esta combinación proporcionó información sobre los objetivos de tal calidad que permitió los ataques aéreos en las capacidades del enemigo en campaña en las zonas del espacio de batalla mucho más avanzadas que las fuerzas amigas terrestres y en zonas del espacio de batalla donde las fuerzas amigas no estaban presentes.9 Tal como fue demostrado en las operaciones recientes en Afganistán e Irak, esas capacidades son vitales para el Comandante de la Fuerza Conjunta. No está claro que la doctrina actual es suficiente para explicarle a los hombres del aire y posibles Comandantes de Fuerza Conjunta las prácticas óptimas, métodos y principios orgánicos necesarios para aprovecharse completamente de esas capacidades.

Este punto se vuelve a recalcar a medida que analizamos la evolución de la interdicción aérea en la doctrina conjunta. En la Joint Publication 3-0, Doctrine for Joint Operations, se establece que los comandantes de la fuerza terrestre y la naval son los comandantes apoyados dentro de sus respectivas zonas de operaciones según son designadas por el Comandante de la Fuerza Conjunta.10 En calidad de comandantes apoyados y en sus propias zonas de operaciones, tienen “la autoridad de designar la prioridad de los blancos, los resultados y el momento oportuno para atacar”.11 Los cambios a la doctrina conjunta, de hecho, han vuelto a establecer la interdicción aérea en el campo de batalla, un término de la OTAN que anteriormente fue definido como esa porción de la misión de interdicción aérea que puede tener un resultado directo o a corto plazo sobre las operaciones de superficie. La interdicción aérea, dentro de la zona de operaciones de un comandante del componente terrestre de la fuerza combinada, es interdicción aérea en el campo de batalla, en todo sentido menos el nombre. Una regresión doctrinal podría ser aceptable si facilita la planificación y ejecución de las operaciones conjuntas de aire a tierra en la búsqueda más generalizada de los objetivos del Comandante de la Fuerza Conjunta. Sin embargo, no está claro si este es el caso.

La manera como se establecen las zonas de operaciones, se definen las relaciones apoyadas y de apoyo y se establecen los cuarteles general del componente, afectan de manera crítica cómo tenemos que organizarnos para ejecutar eficazmente las operaciones contraterrestres. Cuando se establecen los componentes terrestres y se define una zona de operaciones, el cuartel general del componente terrestre provee una capacidad significativa para definir el orden de batalla terrestre del adversario y las estrategias para atacar y neutralizar esas fuerzas. Además, el cuartel general cuenta con un centro de operaciones de apoyo aéreo (ASOC) afín para el comando y control de las fuerzas aéreas y la integración de las operaciones de aire a tierra.12 Sin embargo, cuando no se ha establecido un cuartel general para el componente terrestre ni una zona de operaciones de superficie (como fue el caso durante la Operación Fuerza Aliada y durante los primeros dos meses más críticos de la Operación Paz Duradera), o cuando el componente aéreo es designado al comandante apoyado con unidades de maniobra terrestre en apoyo (como en porciones de la Operación Libertad para Irak), ni la Fuerza Aérea ni la doctrina conjunta definen correctamente dónde y cómo estas capacidades críticas de estrategia, inteligencia y mando y control residen y operan.

La manera como queremos luchar debe determinar cómo nos organizamos para ello, y ambos temas deben tratarse en la doctrina. Aunque las definiciones y discusiones vigentes sobre la doctrina, tanto de la Fuerza Aérea como la conjunta, con respecto al apoyo aéreo cercano y la interdicción aérea puede que aún sean adecuadas para lidiar con las operaciones de aire a tierra conjuntas tradicionales, no lo son con las operaciones dinámicas, no tradicionales en los espacios de batalla lejanos que los comandantes actuales y futuros del componente aéreo tendrán que enfrentar. Ese desacoplo sugiere la necesidad de una reevaluación que debe comenzar con el análisis de las recomendaciones de los asistentes a la conferencia de ACC de agregar el ataque directo como una categoría de misión que se puede distribuir. El ataque directo se podría utilizar para tratar algunas de las limitaciones e inquietudes vigentes sobre la doctrina. Los campos de inquietud principales tienen que ver cuando las operaciones aéreas se llevan a cabo fuera de una zona de operaciones de superficie definida independiente de una trama terrestre de maniobra, y en ocasiones cuando un CFLCC no está presente o aún no se ha designado la zona de operaciones requerida. Este es el ámbito preciso del ataque directo: Una operación aérea llevada a cabo como un esquema de maniobra en contra de fuerzas militares enemigas, indistintamente de la presencia de las fuerzas de superficie amigas, y apoyando directamente el plan de campaña general del Comandante de la Fuerza Conjunta.13 Si bien las operaciones de ataque directo pueden llevarse a cabo en coordinación con las fuerzas terrestres amigas, no apoyan directamente los requisitos de fuerzas terrestres amigas—esos requisitos se satisfacen mediante la interdicción aérea y el apoyo aéreo cercano. En el ataque directo, el JFACC es el comandante apoyado y puede utilizar las fuerzas terrestres para apoyar la selección de blancos, manipular las fuerzas enemigas a una posición más vulnerable, y ocupar el terreno luego de haberse ganado la batalla.

La adopción del ataque directo como una categoría de misión con capacidades de distribución, en la doctrina contraterrestre definirá oficialmente la capacidad del poderío aéreo de atacar y destruir las capacidades militares del adversario bajo circunstancias definidas. Ese paso ayudará a establecer y documentar las metodologías, los principios orgánicos y las “prácticas óptimas” del ataque directo para utilizarlas en esas circunstancias. La interdicción aérea y el apoyo aéreo cercano permanecerán como esas funciones contraterrestres cuyos resultados apoyan directamente el esquema terrestre de la maniobra. La codificación del ataque directo facilitará la integración completa y correcta del poder aéreo y espacial en el plan de campaña del Comandante de la Fuerza Conjunta, dando rienda suelta a sus capacidades y garantizando la victoria militar más eficaz y eficiente.

El establecimiento del ataque directo, como una categoría de misión, es necesario para garantizar que las fuerzas conjuntas estén organizadas, adiestradas y equipadas correctamente para la conducción eficaz de esta misión. Además, este tipo de delineación establecería el requisito de elaborar y proporcionar ataque directo con los arreglos de mando y control adecuados. A los Grupos de Control Aéreo Táctico (TACP) y a los Centros de Operaciones de Apoyo Aéreo se les darían los sistemas, las capacidades y el adiestramiento adecuado para facilitar las operaciones de ataque directo. Se debe incrementar el énfasis—acelerarlo, de ser posible—para proporcionar las mejoras necesarias a la interoperabilidad para los controladores de tráfico aéreo y los aviones. Las inversiones vigentes y planificadas para mejorar las capacidades de localización de objetivos, ataque y fusión de inteligencia, vigilancia y reconocimiento serán influenciados al actualizar el ataque directo como una categoría de la misión y proporcionarán una mejora aún más significativa en las capacidades de ataque de superficie, flexibilidad y precisión de la Fuerza Aérea.

Estas recomendaciones tienen como fin aumentar significativamente la capacidad de la Fuerza Aérea de afectar directamente las capacidades militares del adversario a lo largo del espacio de batalla, además, brindan el potencial de aumentar significativamente la eficacia del poder de combate terrestre substancial y en evolución del país. En la Operación Libertad para Irak, una combinación de operaciones de fuerzas aéreas y especiales al norte y al oeste de Irak, refrenó a las fuerzas iraquíes, disminuyó en gran medida el riesgo de que Irak ampliara el conflicto, alivió la amenaza de que misiles balísticos en el teatro atacaran las fuerzas de la coalición y le permitió a las fuerzas terrestres de la coalición poder enfocar casi todo su esfuerzo en el objetivo principal del Comandante de la Fuerza Conjunta—la captura de Bagdad y la remoción del régimen.

Los retos principales en implementar las recomendaciones de ataque directo son, irónicamente, los mismos motivos por los que se necesitan esa categoría de misión. Los procesos y arquitecturas vigentes de inteligencia y de mando y control, necesarios para planificar y ejecutar las misiones de ataque directo, son provistos principalmente por, y están ubicados, dentro del cuartel general del componente terrestre. Entonces, ¿cómo desarrolla el CFACC la capacidad de atacar las fuerzas del adversario sin contar con un pronto acceso a las arquitecturas y procesos vigentes de inteligencia y de mando y control—particularmente cuando no hay un CFLCC? Otro reto importante constituye definir los principios doctrinales para emplear las fuerzas de maniobras terrestres en un rol de apoyo a las fuerzas aéreas. El primer paso en resolver estos retos es la codificación oficial del ataque directo.

La mejor forma para que los expertos en la guerra terrestre provean la mejor inteligencia posible es asistiendo en la planificación y ejecución de las misiones de ataque directo. Esta pericia no se encuentra regularmente dentro del estado mayor del CFACC ni en el centro combinado de operaciones aéreas (CAOC) y debe ser provisto por las fuerzas del componente terrestre—indistintamente si se despliegan o no fuerzas terrestres o si el Comandante de la Fuerza Conjunta ha designado un CFLCC. Inclusive cuando las fuerzas terrestres están presentes, es esencial para la planificación eficaz y la ejecución del ataque directo que estos expertos trabajen oficialmente para el CFACC, en lugar de como parte del destacamento de coordinación del campo de batalla del CFLCC.14

Los requisitos funcionales de mando y control para el ataque directo se aproximan a los de un ASOC. Esa funcionalidad puede lograrse adaptando la célula de operaciones de combate del CAOC vigente o trabajando a través de una red más tradicional tipo ASOC. El mejor enfoque variará según las circunstancias particulares. El anterior es más adecuado cuando hay una presencia mínima de la fuerza terrestre, el último, cuando fuerzas de operaciones especiales, del Ejército o de la Infantería de Marina proporcionan apoyo en la selección de blancos, y una combinación de ambos cuando se planifican y ejecutan operaciones de combate intensas. Cualquiera que sea la solución, la mejor manera de tratar estos asuntos es definiendo doctrinalmente el ataque directo.

La propuesta de adoptar la misión de ataque directo como una categoría de misión es un reconocimiento de las capacidades significativamente realzadas que las fuerzas aérea y espacial ahora poseen y su capacidad de contribuir de nuevas e importantes maneras para ayudar a lograr los objetivos de la campaña del Comandante de la Fuerza Conjunta a lo largo del teatro. La Fuerza Aérea ha desarrollado la habilidad de atacar directamente e inhabilitar las fuerzas terrestres del adversario—una capacidad que debe ser codificada en la doctrina. Hacerlo, realzará la aptitud del Comandante de la Fuerza Conjunta para aprovecharse de esta ventaja durante la planificación y ejecución de la campaña. El Comandante del Componente Aéreo de la Fuerza Conjunta, con la inteligencia y el apoyo de mando y control que se acumularía como resultado, podría tomar ventaja de las capacidades aéreas y espaciales a lo largo de toda la zona de la misión contraterrestre. Por último, definir el ataque directo como una misión contraterrestre capacitará mejor a los aviadores sobre cómo sacarle provecho a las capacidades comprobadas de poder aéreo y espacial en la planificación y uso de las operaciones conjuntas de aire a tierra—tanto el un rol de apoyo como apoyado—y proporcionarle a los futuros Comandantes de la Fuerza Conjunta con una capacidad bélica significativamente mayor.

Notas

1. Las operaciones contraterrestres son definidas como “operaciones que se llevan a cabo para lograr y mantener un grado deseado de superioridad sobre las operaciones de superficie destruyendo, interrumpiendo, demorando, desviando o neutralizando de alguna otra manera las fuerzas enemigas. Los objetivos principales de las operaciones contraterrestres son dominar el entorno de la superficie y evitar que el enemigo haga lo mismo”. Air Force Doctrine Document (AFDD) 2-1.3, Counterland, 27 de agosto de 1999, en línea, Internet, 25 de octubre de 2003, disponible en https://www.doctrine. af.mil/Main.asp.

2. Robert S. Dudney, “Toward Battlefield Air Operations”, Air Force Magazine 86, núm. 10,(octubre del 2003).

3. AFDD 2-1.3, 94. Killbox es un término genérico para medidas de control del espacio aéreo utilizadas por el sistema de control aéreo del teatro para controlar las operaciones de aire a tierra. Un killbox activo significa (1) el espacio aéreo potencialmente ocupado por un avión de ataque, (2) la zona de la superficie implícita que continene blancos enemigos conocidos o sospechosos, y (3) la zona de la superficie implícita que se sabe está libre de fuerzas amigas. Los killboxes son complementarios y no precluyen ni son opuestos a otras medidas de control del espacio aéreo.

4. De hecho, había tres comandantes terrestres principales en los Balcanes durante la Operación Fuerza Aliada. El Comandante de la Fuerza de Estabilización (SFOR) y el comandante de la Fuerza Kosovo (KFOR), eran comandos de la OTAN en Bosnia y en la Antigua República Yugoeslava de Macedonia. El Comandante de la Fuerza de Tarea Hawk era el comandante de la fuerza del Ejército de Estados Unidos en Albania, y su control operacional nunca fue transferido a la OTAN. Sin embargo, durante el conflicto, las relaciones de apoyo/ apoyado entre estos comandos y el comandante del componente aéreo de la fuerza combinada de la OTAN nunca fueron aclaradas, ni en los conductos de la OTAN ni de Estados Unidos.

5. NATO Glossary of Abbreviations Used in NATO Documents and Publications, enero del 2003, B-1, en línea, Internet, 26 de octubre de 2003, disponible en http:// www.nato.int/docu/stanag/aap015/aap-15_2003_-b.pdf.

6. El Ejército de Liberación de Kosovo (KLA) fue considerado “amigo” y operó en Kosovo durante la Operación Fuerza Aliada. Sin embargo, por una variedad de motivos políticos, la OTAN no reconoció esas fuerzas ni como coalición ni como fuerzas amigas para fines de coordinar y conducir operaciones integradas de aire a tierra.

7. Joint Publication (JP) 1-02, Department of Defense Dictionary of Military and Associated Terms, 12 de abril de 2001, en línea, Internet, 26 de octubre de 2003, disponible en http://www.dtic.mil/doctrine/jel/new_pubs/jp1_02. pdf, 21.

8. AFDD 2-1.3, 23.

9. AFDD 1-2, Air Force Glossary, 9 de julio de 1999, en línea, Internet, 26 de octubre de 2003, disponible en https://www.doctrine.af.mil/library/afdd1-2.asp. En el glosario se define el espacio de batalla como “el entorno, factores y condiciones que tienen que entenderse para poder aplicar con éxito el poder de combate, proteger la fuerza o completar la misión. Esto incluye las fuerzas aéreas, terrestres, marítimas, espaciales y las amigas y enemigas, instalaciones, condiciones meteorológicas, terreno, espectro electromagnético y entorno de información dentro de las zonas operacionales y las zonas de interés”. 

10. JP 3-0, Doctrine for Joint Operations, 10 de septiembre de 2001, en línea, Internet, 26 de octubre de 2003, II-10, disponible en http://www.dtic.mil/doctrine/jel/new_ pubs/jp3_0.pdf.

11. Ibid.

12. El Centro de Operaciones de Apoyo Aéreo es la “agencia principal de control aéreo del sistema de control aéreo del teatro a cargo de la dirección y control de las operaciones aéreas que apoyan directamente el elemento de combate terrestre. El centro procesa y coordina las solicitudes de apoyo aéreo inmediato y coordina las misiones aéreas que requieren integración con otras armas de apoyo y las fuerzas terrestres. Por lo regular está situado con el centro de apoyo de fuego principal del cuartel general táctico del Ejército dentro del elemento de combate terrestre”. JP 1-02, 28.

13. El esquema de la maniobra es la “descripción de cómo las fuerzas ordenadas lograrán la intención del comandante. Es la expresión central del concepto del comandante para las operaciones y rige el diseño de los planes o anexos de apoyo”. Ibid., 467.

14. Destacamento de coordinación del campo de batalla (BCD) es “un enlace del Ejército, provisto por el comandante del componente o la fuerza del Ejército, al centro de operaciones aéreas (AOC) o al componente designado por el comandante de la fuerza conjunta para planificar, coordinar y armonizar las operaciones aéreas. El Destacamento de coordinación del campo de batalla procesa los requisitos del Ejército para el apoyo aéreo, vigila e interpreta la situación de la batalla terrestre para al AOC y provee el interfaz necesario paara intercambiar datos vigentes de inteligencia y operacionales”. Ibid., 64.


Colaboradores

El General de División David A. Deptula

El General de División David A. Deptula, USAF (Licenciatura y Maestría, University of Virginia; MS-NSS, National War College) es el director de Operaciones Aéreas y Espaciales, Cuartel General de las Fuerzas Aéreas en el Pacífico. Antes de asumir su cargo en ACC, el general sirvió en calidad de director del centro de operaciones aéreas combinadas durante la Operación Paz Duradera, planificando las operaciones aéreas sobre Afganistán. Anteriormente se desempeñó como planificador principal de la campaña aérea de ofensiva durante la Operación Tormenta en el Desierto y comandante de un grupo de operaciones durante la Operación Combinada Northern Watch/Fuerza de Tarea Conjunta. El General Deptula es un piloto con más de 2.900 horas de vuelo en aviones de combate, incluyendo más de 400 horas de combate en el F-15 A/B/C/D y como piloto del F-15C en demostraciones aéreas. Es egresado de la Escuela para Oficiales de Escuadrón, la Escuela de Armamento de Combate, la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor, el Colegio de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y la Escuela Nacional de Guerra.

El Coronel Gary L. Crowder

El Coronel Gary L. Crowder, USAF (Licenciatura Academia de la USAF, Maestría, Johns Hopkins University; MS-NSS, National War College) es el jefe de la División de Estrategia, Conceptos y Doctrina, Cuartel General de Comando de Combate (ACC). Se ha desempeñado en varios puestos en los estados mayores de combate que han apoyado la Fuerza de Tarea Conjunta en el Sudoeste de Asia durante la Operación Tormenta en el Desierto la Operación Fuerza Aliada y la Operación Paz Duradera. El Coronel Crowder también se desempeñó en el Grupo de Estado Mayor del Secretario de la Fuera Aérea, jefe de la Oficina del Programa para capacitar a Líderes Aeroespaciales, y jefe de la Sección Internacional de la Política de Defensa, Cuartel General de la USAF. El Coronel Crowder es un navegante con más de 1,900 horas en aviones de combate, inclusive como comandante de vuelo durante la Operación Tormenta en el Desierto. El Coronel Crowder es egresado de la Escuela para Oficiales de Escuadrón, de la Escuela de Armamento de Combate de la USAF y de la Escuela Nacional de Guerra.

El Mayor George L. Stamper Jr

El Mayor George L. Stamper Jr., USAF (Licenciatura Academia de la USAF, Maestría, University of Georgia) es jefe de la Sección de Doctrina; División de Estrategia, Conceptos y Doctrina; Dirección de Planes y Programas; Cuartel General de Comando de Combate Aéreo (ACC). Anteriormente se desempeñó como profesor asistente de historia en la Academia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. El Mayor Stamper ha publicado varias críticas y artículos, incluyendo “The Sikorsky S-16 and Russian Aviation during the Great War”, (El Sikorsky S-16 y la Aviación Rusa durante la Gran Guerra) que fue publicado en la edición de enero del 2000 de War in History. El Mayor Stamper es un piloto con más de 2.500 horas en el B-1, B-52H, T-3, T-37 y el T-41. Se ha desempeñado como piloto instructor en el T-3, T-41 y el B-1 y como examinador de vuelo en el T-41. El Mayor Stamper es egresado de la Escuela para Oficiales de Escuadrón y de la Escuela Superior de Comando y Estado Mayor, Maxwell AFB, Alabama.

 

Declaración de responsabilidad:

Las ideas y opiniones expresadas en este artículo reflejan la opinión exclusiva del autor elaboradas y basadas en el ambiente académico de libertad de expresión de la Universidad del Aire. Por ningún motivo reflejan la posición oficial del Gobierno de los Estados Unidos de América o sus dependencias, el Departamento de Defensa, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos o la Universidad del Aire. El contenido de este articulo ha sido revisado en cuanto a su seguridad y directriz y ha sido aprobado para la difusión pública según lo estipulado en la directiva AFI 35-101 de la Fuerza Aérea.


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