Documento creado: 14 agosto del 07
Air & Space Power Journal
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Español Tercer Trimestre 2007
Teniente General (SP) FAE César Naranjo Anda
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CUANDO NOS referimos a la aviación y especialmente a la aviación de caza, surge siempre a flor de piel una característica muy peculiar de los pilotos. Es sin dudar algo que nos genera cuestionamientos que encierran respuestas dentro de cierto misterio e incertidumbre. Se trata de cualidades, a veces innatas y otras desarrolladas con el tiempo, de todo piloto. Esas cualidades giran alrededor de los sentidos.
Comúnmente hablamos de cinco sentidos como innegables en el ser humano. Visión, audición, olfato, gusto y tacto son necesarios para desenvolvernos en la vida. Una deficiencia en cualquiera de ellos presenta serios problemas. Sin embargo, se ha demostrado que la falta de uno de ellos provoca el desarrollo de otro o de los otros como medida de compensación, es decir que de alguna manera podrían suplir la deficiencia.
Para la actividad de vuelo el piloto no puede prescindir de ninguno de ellos, es más, a través del tiempo desarrolla otros sentidos que no son comunes al ser humano. Aquí el misterio y la inquietud que suscita esta actividad.
El vuelo no es connatural al hombre quien como tal no tiene desarrollados sentidos propios y específicos para ello.
Se habla de siete, de ocho y hasta de nueve sentidos que complementan a todo piloto en general y que se agudizan en el piloto de caza, en particular.
Uno de ellos es el sentido de "postura" que está dado por los glúteos. Con el paso de las horas de vuelo, en cada aterrizaje el piloto comienza a percibir la ubicación del avión y su distancia con relación al plano de la tierra. En otras palabras, el piloto con el tiempo desarrolla la capacidad de determinar el momento exacto en el que el avión hace contacto con la pista. Ayuda mucho en esta fase crítica del vuelo.
Otro es el de "orientación" con relación al norte magnético. Es muy común que un piloto sepa donde se encuentran los cuatro puntos cardinales, sin mayor esfuerzo y en cualquier lugar donde se ubique. Independientemente de los instrumentos de vuelo, el piloto de manera natural, conoce si se dirige al sur o al norte, al este o al oeste. En fin, sabe siempre hacia donde va. La ubicación y la dirección lo confirman los dispositivos de navegación.
Estos siete sentidos casi son imprescindibles para el vuelo y con el tiempo son tan comunes a quien pilotea un avión, que prácticamente pasan por desapercibidos y normalmente no merecen ningún comentario. Cuando el piloto aterriza lo hace con tal naturalidad y control que se le atribuye su buen o mal aterrizaje a su habilidad. En realidad responde a muchos factores y entre ellos al sentido de postura a más de la habilidad que es indiscutible. Viento cruzado, ráfagas de viento, entre otros, condicionan de alguna manera el aterrizaje y hacen que no siempre esta maniobra sea igual, pero invariablemente esté dentro de parámetros de seguridad y certeza.
Hay un octavo sentido que está muy desarrollado en los pilotos de caza y normalmente combinado con el sentido descrito anteriormente de orientación. Es el sentido de "orientación espacial" o de "ubicación en el espacio". La escuela de acrobacia y las maniobras en tres dimensiones, permiten al piloto ir tomando conciencia de su ubicación con relación al plano de la tierra y de otro u otros aviones que se muevan cercanos a él y a diferentes alturas.
Este sentido tridimensional agudiza en el piloto sus cualidades para desempeñarse en situaciones muy ajenas a su naturaleza humana y emplearse militarmente en combate, por ejemplo.
A manera de corolario hago referencia como sentido adicional, el que tiene que ver con la "percepción". Esta es también una de las funciones más apasionantes del cerebro y que en el tema del vuelo adquiere una connotación singular. El piloto desde sus primeras horas aprende a visualizar el panel de instrumentos y a interpretar a la vez lo que en ese momento sucede con una información múltiple y dispersa. Todo piloto bien entrenado observa de un sólo vistazo el panel de instrumentos y conoce en décimas de segundo lo que está sucediendo con la actitud, altura, posición y velocidad del avión.
En los aviones de combate el piloto es responsable no sólo del vuelo, sino del armamento, de la navegación, de las comunicaciones, del radar y otros elementos. Sin el desarrollo de esta percepción simultánea no le sería posible cumplir con su misión.
Está de moda en materia de superación personal, en escuelas esotéricas y en ciertas universidades, el tema de la "percepción unitaria". El tema de esa capacidad de percibir a la vez el entorno y todo lo que en él ocurre. Se podría afirmar que en aviación esta función del cerebro tiene un mayor vínculo y trascendencia, y, al ser parte de la profesión como algo casi natural, no se ha reconocido su verdadero valor.
El combate aéreo demanda de los pilotos militares mucha concentración y desgaste físico y mental. Los sentidos adicionales mencionados permiten que su desempeño sea óptimo y marca de alguna manera la frontera entre la vida y la muerte. Marca esa línea imperceptible entre el éxito y el fracaso.
Colaborador
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El Teniente General (R) César Naranjo Anda, Fuerza Aérea Ecuatoriana (estudios varios militares y civiles a nivel superior) se desempeñó como asesor para la Fuerza Aérea y varias empresas civiles y militares en Ecuador. En su última asignación antes de concluir su ilustre carrera militar se desempeñó como Jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea. Anteriormente sirvió como Director General de Aviación Civil, Director de Seguridad Aérea y Terrestre, Comandante del Comando Aéreo de Transportes, Agregado Aéreo en Washington D.C., Jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la República y Comandante del Ala de Combate No. 23 en la Base Aérea de Manta, entre otros. También se destacó como piloto de aviones de combate y de transportes. El General Naranjo es graduado de la Escuela Superior Militar de Aviación y egresado de la Academia de Guerra Aérea de la Fuerza Aérea. |
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