Documento creado: 9 de noviembre de 2007
Air & Space Power Journal - Español Cuarto Trimestre 2007
Teniente Coronel (USAF-Ret.) Edward B. "Mel" Tomme*
EL ARGUMENTO DEL Teniente Coronel Guerriero en favor de los satélites tácticos, que aparece en este número, es uno de los pocos intentos racionales en vez de emocionales que he visto para refutar los argumentos presentados en mi artículo "El Mito del Satélite Táctico" y en el estudio detallado del que se derivó dicho artículo.1 Valoro las ideas aplicadas en su refutación; no obstante, parece que no comprende el verdadero sentido de esas obras. En ningún de ellos he dicho que dichas misiones de comunicaciones, captación de imágenes, inteligencia de señales (SIGINT) o localización de fuerzas amigas fueran imposibles usando los llamados satélites tácticos. De hecho, he dedicado una gran parte de esos trabajos en mostrar exactamente la eficacia con que podemos realizar esas misiones desde el espacio. Lo que he dicho es que el uso de satélites tácticos para realizar esas misiones era muy poco práctico cuando estaba restringido por un presupuesto limitado. El objetivo de esa investigación detallada era dar a las personas superiores encargadas de tomar decisiones una herramienta con la que medir el costo real de la oportunidad de dicho empeño.
Según el Coronel Guerriero, "Un satélite táctico que complemente otras plataformas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) mediante el suministro de datos específicos, incluso una vez al día, podría ser muy valioso para un comandante".2 El corolario no indicado a esta afirmación sugiere que dicha capacidad también costará dinero—dinero que podríamos usar en otro lugar. Sin duda, los comandantes sobre el terreno raramente rechazarían una foto de satélite adicional de su área de responsabilidad. Disponer de una capacidad de llenar lagunas para compensar la debilidad de otros haberes también será una ventaja. Sin embargo, antes de que los comandantes se apunten para poseer dicha capacidad, deben conocer el costo de la oportunidad de obtener la imagen y compararlo con sus presupuestos de tamaño táctico. En la gran mayoría de las situaciones tácticas, existen otros medios de obtener esa foto—medios que responden al comandante táctico en vez de ser esclavos de la mecánica de las órbitas. Esos medios son casi invariablemente mucho más asequibles, mucho más difíciles de predecir para las fuerzas de la oposición y por lo tanto mucho más eficaces. Cuando se dispone de dichos medios, el motivo principal para ir al espacio y obtener esa foto parece contraproducente. No es que esas misiones no puedan realizarse desde el espacio; es que en la mayoría de los casos, no deben hacerse desde el espacio. Los costos de oportunidad son enormes. El dinero que los comandantes necesitarían gastar para comprar un solo satélite a fin de producir una foto por día podría comprar muchos equipos alternativos, incluidos sistemas no orbitales que probablemente serían más eficaces, ya que no pasan más de la mitad de su tiempo alrededor del globo terráqueo.
Los haberes espaciales tienen dos cosas a su favor que en muchos casos mitigan sus gastos: libertad de sobrevuelo e inmunidad relativa a la amenazas de destrucción física.** Las grandes desventajas operacionales para los satélites son que son excesivamente fáciles de predecir y que su persistencia es extremadamente limitada. Dichas combinaciones de factores tienden a hacer que los satélites sean muy útiles en la función estratégica. Por el contrario, las áreas tácticas de interés son casi siempre significativamente menores que las globales, y en la mayoría de los casos muy al alcance de los haberes no orbitales. El Coronel Guerriero indica que las "operaciones tácticas . . . pueden durar días, semanas, meses o más" 3, dando a entender que los enfrentamientos y batallas individuales entre pequeñas fuerzas de maniobras pueden enlazarse con el tiempo y el espacio para formar una sola operación táctica.*** Es casi algo trivial decir que toda la actividad militar que comprenda tropas en contacto no se produce a nivel táctico. También está bastante claro que cuando una serie de batallas o enfrentamientos empiece a durar "días, semanas, meses o más", el nivel de control debe desplazarse a niveles bélicos de operación y estratégicos. Parece evidente que cuanto más dure una operación, incluso cuando, en realidad, consista en una serie de sucesos tácticos relacionados, más debe avanzar en el espectro de la guerra. Sin dicho avance de atención del mando, no existiría la justificación para tener mayores niveles de mando. Sean cuales sean las interpretaciones personales de la doctrina del Ejército, las operaciones que duren períodos significativos o se extiendan por regiones espaciales sustanciales parecerían justificar la atención del mando de nivel superior, y por lo tanto deben clasificarse colectivamente como algo distinto a las operaciones tácticas.
¿Por qué es la definición del nivel de guerra tan aplicable al problema del llamado satélite táctico? Todo se reduce a la verdad en la publicidad. La publicidad es la forma en que un producto trata de lograr clientes y, por último, de financiarse. La selección del nombre satélite táctico parece basarse en una atracción sexual; el término vende el concepto de un personal de adquisiciones que esté buscando desesperadamente formas de mejorar el suministro de efectos de mando, control, comunicaciones, computadoras, inteligencia, vigilancia y reconocimiento al nivel mínimo del combatiente, cuya incapacidad de recibir dichos efectos de forma adecuada se ha documentado bien durante la Operación Libertad para Irak.4 ¿Quién se negaría a comprar un programa que prometa suministrar efectos espaciales controlados desde el espacio directamente a las líneas del frente a un precio ostensiblemente asequible? Desgraciadamente, los efectos suministrables promovidos públicamente como la razón de ser para financiar un programa de satélites tácticos, designados aparentemente para obtener la máxima atención de fuentes de financiación potenciales, no parece que se puedan lograr dentro de un presupuesto limitado.
La campaña de mercadotecnia relacionada con los satélites tácticos es uniforme en su mensaje de apoyo táctico directo. Por ejemplo, el Laboratorio de Combate de la Fuerza Aérea Espacial y el Laboratorio de Combate de Defensa Espacial y de Misiles del Ejército demostraron un innovador Centro de Operaciones de Misiones Virtuales (VMOC), un programa diseñado para permitir el control de satélites tácticos desde el campo, a los comandantes del Mando Espacial de la Fuerza Aérea. Dicha demostración promovió el uso de personal alistado sin adiestrar en un entorno de campo simulado fuera del edificio de la comandancia de la Decimocuarta Fuerza Aérea para mostrar la capacidad del sistema para dar al soldado táctico la capacidad de dirigir las recopilaciones de información de los satélites y acceder a los productos en tiempo real. La implicación evidente de esta demostración era hacer ver que la capacidad llegaría a los pozos de tirador donde incluso el soldado del mínimo nivel podría asignar tareas a haberes en órbita y usar inmediatamente los datos del espacio que había solicitado. En muchos artículos de la prensa se hizo hincapié directamente en un apoyo de asignación de tareas a los combatientes en el campo con declaraciones como "Creemos que vamos a dar al soldado sobre el terreno la capacidad de controlar una carga útil espacial", "La tecnología actual está cerca de dar al soldado de a pie y al combatiente táctico la clase de capacidades espaciales necesarias", y "[Esta capacidad] beneficiará directamente a las tropas terrestres".5 Los informes por parte de oficiales superiores en el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea (AFRL) han intensificado la anticipación entre el liderazgo superior de la Fuerza Aérea de asignación directa de tareas tácticas y apoyo desde el espacio.6 Un artículo de TacSat-3 en el Air Force Times incluso llevó el titular "Se está preparando un satélite para enviar imágenes del campo de batalla a las tropas". Dicho artículo decía, "Cuando la Fuerza Aérea empezó a enviar imágenes del espacio de batalla desde aviones a pequeñas unidades de tropas terrestres, fue una gran innovación. Ahora, el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea está considerando hacer lo mismo con las imágenes desde satélites. . . . La clave para los experimentos es mostrar que un satélite puede sobrevolar el teatro de operaciones y que un soldado sobre el terreno puede asignar tareas directamente al satélite y obtener información".7 Sin duda, el empuje de mercadotecnia está dirigido hacia la idea de que los satélites tácticos proporcionarán un apoyo directo a los combatientes tácticos.
El problema con esta campaña de mercadotecnia coordinada está relacionado con la necesidad de la verdad en la publicidad, tratada arriba. Con toda probabilidad, los tentadores efectos anunciados por los defensores del satélite táctico no llegarán en absoluto a las líneas del frente. Según se muestra en "El Mito del Satélite Táctico", el satélite táctico más económico usado para la captación de imágenes costará a un comandante unos USD$500.000 por hora fijos en costos de adquisición solamente y proporcionará sólo una visión estroboscópica momentánea del campo de batalla, menos de dos minutos por cada cinco horas aproximadamente. Además, el costo por hora no es el único asunto. Muchos años antes de la necesidad real, los líderes superiores tendrán que tomar decisiones referentes a qué misiones pueden requerir el aumento; los planificadores deben programar recursos para desarrollar y adquirir los satélites y vehículos de lanzamiento necesarios para este fin exclusivo; y toda esta inversión debe ponerse en un estado de suspensión durante un período no determinado para esperar una necesidad táctica no especificada en un área geográfica desconocida.
Esas adquisiciones y costos logísticos aumentan el precio rápidamente, pero el establecimiento de prioridades de acceso a los haberes durante el tiempo limitado que estén por encima será incluso un problema aún más acuciante. Es ingenuo creer que dicho establecimiento de prioridades se producirá a un nivel inferior al nivel de mando operacional, si no superior. El propio Coronel Guerriero admite esto cuando describe el nivel de operaciones como aquel en que "un satélite táctico podría ser más útil".8 Además, cualquiera que haya trabajado con captación de imágenes o SIGINT sabe que se lleva acabo un análisis sustancial antes de la publicación de cualquier producto debido a que es difícil para los aficionados interpretar los datos sin procesar. Llevar estos productos al campo no es tan simple como ir a recoger fotos reveladas en Wal-Mart. Es muy dudoso que vaya a existir alguna vez el mítico sargento en posición de combate dirigiendo a un satélite para que le dé una imagen del enemigo en la colina siguiente, dadas las restricciones físicas y fiscales de los satélites tácticos. Incluso si no dirige personalmente el sensor, las posibilidades de que su necesidad de obtener una de las pocas imágenes captadas durante una pasada se convierta en prioritaria parecen muy bajas, teniendo en cuenta los numerosos enfrentamientos tácticos simultáneos que es probable que se produzcan en ese momento. Los recursos son simplemente demasiado valiosos.
Es cierto que se pueden mudar los muebles de la casa de una familia de una región del país a otra con una flota de Ferraris que hubiera que comprar específicamente para ese trabajo para después ponerlos en un garaje durante un tiempo indefinido antes de que incluso la familia se tenga que mudar. No obstante, es evidente que existen varias rutas más responsables desde el punto de vista operacional y fiscal para conseguir el resultado final. Nuestra meta no debe ser ir al espacio simplemente porque podemos hacerlo.
En conclusión, definitivamente debemos fijarnos en el espacio cuando éste ofrezca la forma más eficaz de cumplir con una misión. Sin duda, una misión que requiera una cobertura global o incluso un sobrevuelo sobre un territorio negado que esté más allá del alcance de los sensores aéreos o cuasiespaciales favorece al espacio. Podemos incluso imaginarnos misiones en las que la recepción de información exfiltrada del pequeño equipo de operaciones encubiertas del Coronel Guerriero sea suficientemente importante como para justificar el lanzamiento de un haber que cuesta varias decenas de millones de dólares. No obstante, en la gran mayoría de las situaciones reales, dada la existencia de muchas formas más eficaces de apoyar a nuestros guerreros tácticos durante escalas de tiempo relativamente cortas y en las áreas relativamente pequeñas en las que operan, parece que promover la teoría de "espacio porque podemos" es un curso de acción no razonable, insensible, ineficaz y desaconsejado.
*La última asignación del Coronel Tomme en la Fuerza Aérea en el 2006 fue como director adjunto, del programa de la Fuerza Aérea de Aprovechamiento Táctico de las Capacidades Nacionales (TENCAP, por sus siglas en inglés), donde dirigió programas concebidos para extraer efectos tácticos de recursos estratégicos en el espacio.
**El reciente lanzamiento antisatelital de los chinos considerablemente debilita esta ventaja.
***Extendiendo esta aserción a su lógica pero absurda conclusión, uno pudiera considerar toda la Segunda Guerra Mundial como una sola confrontación táctica.
Colaborador
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