Documento creado: 1de julio de 2008
Air & Space Power Journal - Español  Segundo  Trimestre 2008


La Soberanía Bajo Asedio

Las Pandillas y otras Organizaciones Criminales
 en Centroamérica y en México

Max G. Manwaring

Pandillero con diferentes tatuajesOTRO TIPO DE guerra dentro del contexto de un "choque de civilizaciones" se está librando en varias partes de las Américas, África, Asia, Europa, el Oriente Medio y en todos los lugares alrededor del mundo.1 Algunos de los protagonistas principales son aquellos que han sido designados como pandillas callejeras de primera, segunda y tercera generación, al igual que Organizaciones criminales transnacionales (TCO, por sus siglas en inglés) tales como familias de la Mafia, traficantes de drogas ilícitas, capos, terroristas, rebeldes, etc. En este tipo de guerra diferente ("nueva"), las TCO no están enviando unidades militares convencionales al otro lado de las fronteras nacionales ni construyendo una capacidad industrial en un intento de "hurtar alguna provincia" de algún país.2 Estos actores no estatales están más interesados en la ganancia comercial y en controlar territorio para permitirles la libertad máxima de movimiento y acción. Además del contrabando de drogas, estas organizaciones criminales son conocidas por haber ampliado sus actividades—entre otras—al contrabando de personas, partes corporales, armas y automóviles; junto con la intimidación, asesinatos, secuestros y robos; lavado de dinero; invasión a hogares y a la comunidad y otras actividades lucrativas para desestabilizar a la sociedad. Esa libertad de acción dentro de los países y a lo largo de las fronteras nacionales garantiza participación en el mercado y ganancias, al igual que bases seguras para la expansión del mercado. Los efectos corrosivos de la violencia criminal asociada y la crueldad gratuita de esa libertad de movimiento también generan un tipo diferente de choque de civilizaciones. No es un choque de las culturas occidental y oriental. En cambio, es un choque de valores. Es un choque de valores entre la democracia liberal y la anarquía criminal.3

Lo que convierte a todo esto en un nuevo tipo de guerra es que la seguridad nacional y la soberanía de los países afectados se están usurpando a diario, y los motivos comerciales ilícitos de las TCOs están, de hecho, convirtiéndose en una agenda política nefasta.4 En lugar de intentar destituir un gobierno con un golpe de estado o una guerra revolucionaria prolongada, como algunos insurgentes han hecho, las pandillas y otras TCOs se apoderan sutilmente del control del territorio, una calle o vecindario a la vez (golpe de calle), o de un individuo, negocio u oficina gubernamental a la vez. Por ende, es irrelevante el que una pandilla u otra TCO sea específicamente una organización de tipo insurgente o criminal. El objetivo putativo de todas estas entidades ilícitas—el denominador común que une directamente a las pandillas, otras TCOs e insurgentes—es controlar personas, territorios y gobiernos para garantizar sus propios fines específicos. Esa es una buena definición de insurrección, una agenda política grave y un choque de valores controlantes.5

Aunque estas organizaciones puede que difieran en cuanto a términos de motivos y modos de funcionamiento, cada tipo de actor no estatal tiene que a la larga apoderarse del poder político para garantizar la libertad de acción, al igual que el enriquecimiento ideológico o comercial de los entornos que desea. Además, la naturaleza proteica del fenómeno de las pandilla, el crimen organizado y la insurrección contemporánea no acomodan una conformidad completa a ninguna tipología prescrita. Por ende, mantenemos la postura que adoptamos en el 2005—es decir, el denominador común que define a las pandillas y las TCOs como mutaciones de insurgentes es la necesidad irrevocable de neutralizar, controlar o destituir al gobierno titular. Como consecuencia, la "analogía del pato" aplica—cuando la segunda y tercera generación de pandillas y otras TCOs parecen patos, caminan como patos y actúan como patos—aunque sean de una especie peculiar, no obstante, ¡son patos!6

Entonces, las finalidades de este artículo son: 1) presentar el fenómeno de la pandilla como un participante no estatal y una seria amenaza en el campo de la seguridad global; 2) analizar el fenómeno de la pandilla en América Central en general; y en El Salvador y México específicamente. Estos casos muestran cómo los diferentes tipos de actividades criminales de las pandillas contribuyen a las inestabilidades que resultan en el desgaste de la soberanía de la nación estado y los procesos de fracaso del estado y la lucha entre los valores democráticos y criminales; y 3) resumir los puntos y las lecciones claves y hacer recomendaciones, con base en nuestro análisis de los casos antes mencionados. Todo esto está concebido para guiar a los líderes civiles y militares a la visión estratégica amplia que es necesaria para comenzar a resolver el siguiente conjunto de problemas de seguridad relacionados con las pandillas y la distribución autoritaria de valores asociada en el siglo XXI. Estos líderes tienen que pensar acerca de esos problemas desde múltiples ángulos, múltiples niveles y diferentes grados de complejidad.7

Contexto: Las Pandillas Como Amenazas No Estatales en el
Campo de la Seguridad Global

La evolución de las pandillas callejeras de entidades pequeñas, concentrada en territorios y dedicadas a la ratería a organizaciones más grandes, internacionalizadas y comerciales—políticas es a menudo lenta y, por lo general, ad hoc—dependiendo de los líderes y el deseo y aptitud de aprovechar la oportunidad. Por lo tanto, el desarrollo de la violencia en las pandillas desde el nivel de "protección", gansterismo y bandolerismo—al tráfico de drogas, contrabando de personas, partes corporales, armas y otros "artículos" lucrativos relacionados con la actividad criminal global—a la toma del control político de territorios no gobernados o áreas gobernadas por políticos y funcionarios corruptos puede ser desigual e incompleto. Es decir, la mayoría de las pandillas nunca se mueven más allá del proteccionismo y el gansterismo. No obstante, otras pandillas actúan como mercenarios para organizaciones criminales más grandes y mejor organizadas. Y, a medida que otras pandillas amplían sus actividades para competir con, o apoyar, las TCOs establecidas hace mucho tiempo, amplían sus parámetros geográficos y comerciales. Entonces, a medida que las pandillas operan y evolucionan generan más y más violencia e inestabilidad en sectores cada vez más amplios en el mapa político, y generan inestabilidad e inseguridad subnacional, nacional y regional. Por último, a medida que las pandillas evolucionan a través de esos cambios de desarrollo y misiones, surgen tres generaciones que aclaran analíticamente el fenómeno de la pandilla.

Tres Generaciones de Pandillas

Pandillas de Primera Generación: Organización, Motivos y Nivel de Violencia. Un análisis de las pandillas callejeras urbanas muestra que algunas de esas entidades criminales han evolucionado a través de tres generaciones de desarrollo. La primera generación—o las pandillas callejeras tradicionales—están orientadas principalmente por el control de territorio. Cuentan con líderes impredecibles y sencillos enfocados en la protección del territorio, en el raterismo y en la lealtad de la pandilla dentro de sus entornos inmediatos (por ejemplo, cuadras o vecindarios designados en la ciudad). Cuando la primera generación de pandillas callejeras participa en actividades criminales, en general es oportunista e individual en alcance, y tiende a ser localizada y funciona en el extremo más bajo de violencia en la sociedad—gansterismo y bandolerismo. La mayoría de las pandillas permanecen firmes dentro de este desarrollo de primera generación, pero más de unas cuantas han evolucionado a la segunda generación.8

Pandillas de Segunda Generación. Esta generación de pandillas callejeras está organizada para obtener ganancias económicas. Estas pandillas cuentan con un liderazgo más centralizado que tiende a enfocarse en el tráfico de drogas y la protección del mercado. Al mismo tiempo, funcionan en un área espacial o geográfica más amplia que puede incluir ciudades y países vecinos. Las pandillas de segunda generación, al igual que otras entidades criminales más sofisticadas, emplean el nivel de violencia necesario para proteger sus mercados y controlar la competencia. También emplean la violencia como interferencia política para negar esfuerzos dirigidos contra ellos por la policía y otras organizaciones de seguridad nacional y local. Y, a medida que buscan controlar o incapacitar las instituciones de seguridad del estado, a menudo comienzan a dominar la vida vulnerable de la comunidad dentro de grandes áreas de la nación—estado. En este entorno, las pandillas de segunda generación prácticamente tienen que unirse y proveerles servicios a las TCOs. A medida que estas pandillas desarrollan agendas políticas más amplias, enfocadas en el mercado, y a menudo secretas, para mejorar su participación en el mercado y las ganancias, puede que abiertamente desafíen la seguridad y la soberanía del estado. Cuando lo hagan, las pandillas de segunda generación se convierten en algo mucho más que problemas fastidiosos para la policía.9 Este punto se destacó hace más de tres años en la siguiente declaración de la ex viceministra de justicia salvadoreña, Silvia Aguilar: "El crimen interno y la desestabilización que lo acompaña son ahora la amenaza más grave a la seguridad de América Latina".10

Pandillas de Tercera Generación. La mayoría de las veces, elementos de algunas pandillas continúan las actividades de primera y segunda generación a medida que otros elementos amplían sus límites geográficos, al igual que sus objetivos comerciales y políticos. A medida que evolucionan, se convierten en grupos más maduros con mercados más amplios relacionados con las drogas. También evolucionan en TCOs muy sofisticadas con agendas económicas y políticas ambiciosas. En estos términos, las pandillas de tercera generación inevitablemente comenzaron a controlar territorio no gobernado dentro de una nación—estado o comenzaron a apoderarse del poder político en aquellos lugares que eran gobernados deficientemente.11 La intención de esta acción política es proveer seguridad y libertad de movimiento para las actividades de las pandillas. Como consecuencia, la pandilla de tercera generación y su liderazgo desafían al estado monopolio legítimo en el ejercicio del control político (reparto de valores autorizado) y el uso de la violencia dentro de un área geográfica específica. Entonces, el líder de la pandilla actúa muy parecido a un caudillo o un capo de la droga.12 Ese estatus, clara e inequívocamente, guía a la pandilla hacia una guerra dentro del estado o una guerra no estatal. Aquí, los objetivos de la pandilla buscan 1) neutralizar, controlar o destituir y reemplazar un gobierno titular, 2) controlar partes de un país específico o subregiones dentro de un país y crear enclaves autónomos que a menudo se les llama estados libres criminales o paraestados, y 3) al hacerlo, cambiar radicalmente la distribución de valores autorizada (el ejercicio del poder) en una sociedad específica a una de líderes criminales.13

Resumen. Las pandillas de primera generación son pandillas callejeras tradicionales con una orientación en el control del territorio. Cuando participan en actividades criminales son oportunistas en su mayoría y el alcance es local. Las pandillas de segunda generación se dedican a los negocios. Son empresariales y centradas en las drogas, y tienden a buscar objetivos político implícitos. Las pandillas de tercera generación son principalmente mercenarias en orientación, y muchas de ellas han buscado ser aún más explícitas en sus objetivos políticos y sociales. Por lo tanto, las pandillas de tercera generación se encuentran en la encrucijada entre el crimen y la guerra—y la política cuando hay un solo gobierno—es decir, no hay reglas (anarquía criminal).14

El Reto y la Amenaza

El fracaso de un gobierno de no extender una presencia de soberanía legítima en su territorio nacional—México es tan sólo un ejemplo—deja un vacío en el que las pandillas, los carteles de la droga, los insurgentes izquierdistas, la derecha política y la narcoderecha y el gobierno en sí todos compiten por el poder. En ese aspecto, pruebas de sobra muestran claramente que la autoridad y presencia de los gobiernos centroamericanos, sudamericanos y caribeños han disminuido sobre grandes porciones geográficas de esas regiones.15 Sin embargo, a diferencia de las percepciones populares, esas áreas no son ni "anárquicas" ni "ingobernables". Esos territorios están gobernados por las pandillas, los insurgentes, caudillos o capos de droga que operan cuando hay una ausencia o una presencia solamente parcial de las instituciones estatales. En ese sentido, las actividades de las pandillas no son sencillamente criminales o comerciales en naturaleza. Para su propia conservación y expansión, las pandillas de segunda y tercera generación—y a veces inclusive pandillas de primera generación—tienen pocas opciones que no sean desafiar al estado directa o indirectamente. Este tipo de conflicto no convencional pone a los actores no estatales (pandillas, caudillos, capos de droga o insurgentes) directamente en contra de las naciones—estados y requiere una capacidad de "defensa" relativamente eficaz.16

Tom Bruneau ha parafraseado cinco retos a la seguridad nacional al nivel operacional relacionados con el fenómeno de las pandillas transnacionales:

• Desgastan la capacidad del gobierno, abrumando a la policía y los sistemas jurídicos a través de la audacia, la violencia y números.

• Desafían la legitimidad del estado, particularmente en regiones donde la cultura de la democracia se ve retada por la corrupción y reforzada por la incapacidad de los sistemas políticos de funcionar lo suficientemente bien como para ofrecer bienes y servicios públicos.

• Actúan como gobiernos sustitutos o alternos en las susodichas áreas no gobernadas.

• Dominan el sector económico extraoficial. Establecen pequeñas empresas y emplean la violencia y la coacción, y el nombramiento de autoridades gubernamentales, para competir injustamente con empresas legítimas.

• Se infiltran en las organizaciones policiales y no gubernamentales para promover sus metas y al hacerlo demostrar aspiraciones políticas latentes.17

El reto de la pandilla a la seguridad nacional, estabilidad y soberanía, y el intento de neutralizar, controlar o destituir gobiernos nos conduce a la amenaza al nivel estratégico. En este contexto se debe recordar que el crimen, la violencia y la inestabilidad son solamente síntomas de la amenaza. La amenaza fundamental es: 1) el fracaso del estado, ó 2) la imposición violenta de la reestructuración radical social, económica y política del estado y su ejercicio del poder según los valores criminales. En cualquiera de los casos, las pandillas contribuyen al fracaso evolutivo del estado mediante el cual el estado pierde la capacidad o voluntad de llevar a cabo sus funciones fundamentales de ejercicio del poder y seguridad. Con el tiempo, las debilidades inherentes en su falta de capacidad de llevar a cabo el negocio del estado probablemente conducirán a la erosión de su autoridad y legitimidad. En un final, el estado no puede controlar ni su territorio nacional ni a las personas en el mismo.18

Pero, solo porque un estado fracase no significa que sencillamente desaparecerá. (Haití inmediatamente viene a la mente). De hecho, los estados que están fracasando y que han fracasado tienden a rezagarse e ir de mal en peor. La falta de gobierno responsable y de seguridad personal genera más pobreza, violencia e inestabilidad—y una espiral descendente en términos de desarrollo. Es un juego de ganadores y perdedores en el que las pandillas y otras TCOs involucradas son los ganadores y el resto de la sociedad es el perdedor. Además, mientras más persisten los estados que están fracasando o han fracasado, más pondrán en peligro, junto con sus efectos contaminantes, la seguridad y la paz global y regional. Los estados que están fracasando y los fracasados se convierten en estados desestructurados, estados parias, estados criminales, narcoestados, nuevas "repúblicas populares democráticas", estados draconianos (por ejemplo, dictaduras militares), o se reconfigurarán a sí mismos en entidades completamente nuevas.19 Pero esas diferentes posibilidades no delinean el fin del problema del fracaso del estado. Tarde o temprano, la comunidad global tiene que pagar los costes indirectos sociales, económicos y políticos del fracaso del estado. Al mismo tiempo, se esperará cada vez más que la comunidad global provea la influencia militar y financiera para garantizar la paz, la seguridad y la estabilidad en un número cada vez mayor de situaciones después de un conflicto y de estabilidad. La consistencia de estas lecciones derivadas de una experiencia relativamente reciente—desde el Triángulo Dorado en Asia hasta el Oriente Medio, a México, y de la América Central hasta Haití y el resto de la Cuenca Caribeña, y hacia el Triángulo Blanco de los países productores de coca en América del Sur y la región andina—inspira la confianza que esas lecciones y la amenaza que la acompaña son válidas.20

El Fenómeno de las Pandillas en Ámerica Central,
El Salvador y México

En este entorno de seguridad global, los gobiernos, las fuerzas militares y la policía y otras dependencias responsables de varios aspectos de la seguridad nacional no tienen otra alternativa que reformular la seguridad en lo que respecta a "nuevas" amenazas no convencionales que muchos líderes políticos y militares han optado por pasar por alto o desear que desaparezcan. Quizás, las amenazas no convencionales más significativas que enfrentan los líderes hoy son aquellas generadas por el fenómeno de la pandilla. El caso de las pandillas Mara Salvatrucha (MS-13) y la Calle Dieciocho (M-18) extendiéndose desde Estados Unidos, a través de América Central y México, y hacia Europa ilustra el verdadero impacto de las pandillas de segunda y tercera generación que funcionan como redes con enlaces transnacionales extensos.21 Por lo tanto, en esta parte del artículo se analiza la arquitectura estratégica del fenómeno de la pandilla en América Central, El Salvador y México. Esa arquitectura se enfoca en los motivos y la visión, la organización y el liderazgo, programas de acción y resultados.

Las Raíces de la Situación en América Central

El consenso entre aquellos que estudian este fenómeno es que muchas pandillas transnacionales en América Central originaron en Los Ángeles, California, durante los inicios de la décadas de los años noventa. Fueron establecidas por jóvenes inmigrantes cuyos padres habían llegado a Estados Unidos para evitar la inestabilidad y la violencia continua en América Central durante la década de los ochenta. Una vez en Estados Unidos, muchos de los jóvenes inmigrantes fueron expuestos a, y se involucraron con, pandillas en los vecindarios conflictivos donde crecieron. Las pandillas comenzaron a desplazarse hacia todas las cinco repúblicas centroamericanas en los años noventa, principalmente porque a delincuentes convictos se les enviaban desde las prisiones en Estados Unidos de regreso a los países de origen de sus padres. Entre esas pandillas se encuentra la famosa Mara Salvatrucha (MS-13), Mara-18, otras pandillas más pequeñas en El Salvador, y aproximadamente 63.700 "parientes" en Guatemala, Honduras y Nicaragua.22 Cabe destacar que la palabra mara es un término popular para "pandilla" y se deriva del nombre de un tipo de hormiga conocida por su ferocidad. Literalmente, trucha es también un término popular para "salvadoreño astuto". Por lo tanto, Mara Salvatrucha significa una pandilla de salvadoreños astutos. Además, Mara-18 es la designación para Pandilla de la Calle Dieciocho.

Lo Que Hacen las Maras. Aunque las pandillas en cada país tienen algunas características singulares y pueden ser rivales encarnizados por el control de vecindarios y otro territorio disputado o "control de territorios", sus orígenes, motivos y patrones de acción son similares. Esas similitudes comenzaron con varias pandillas centroamericanas y sus actividades unidas intrincadamente a lo largo de fronteras internacionales. Prácticamente todas ellas han florecido bajo la protección y el ingreso mercenario provisto por las redes de TCOs más grandes y antiguas. La base para estas alianzas es el tráfico ilícito de drogas al que se le acredita con el traslado del 60 al 90 por ciento de la cocaína que entra a Estados Unidos. Además de traficar en las drogas, como se mencionó anteriormente, las pandillas centroamericanas participan en el tráfico de personas y armas y son responsables de secuestros, robos, extorsión, asesinatos e innumerables actividades ilícitas que generan grandes ganancias.23 En otro nivel de actividad, las pandillas y otras TCOs también están involucradas en intimidar y asesinar periodistas, maestros y candidatos a puestos políticos que no simpatizan con sus causas.24

Las causas principales de la actividad de las pandillas en los países centroamericanos y México también son similares. Estas incluyen miembros de las pandillas que crecen en zonas marginadas con mínimo acceso a los servicios sociales básicos; niveles altos de desempleo entre los jóvenes, junto con insuficiente acceso a beneficios educacionales y otros beneficios públicos; policía y sistemas jurídicos abrumados, ineficaces y a veces corruptos; acceso fácil a las armas; familias desestructuradas; y altos niveles de violencia entre la familia y la comunidad. Nuevamente, hay que recordar que no es ni la pobreza, ni la injusticia ni la miseria las que intencionalmente matan, mutilan y destruyen. Son los hombres y mujeres individuales—y, a veces, niños y niñas—que están preparados para implementar todo tipo de "intimidaciones" e "inestabilidades" horribles y coercitivas en su búsqueda personal por estatus y bienestar.25

Gracias a las actividades de pandillas juveniles descontentas, el índice de crímenes en general ha aumentado dramáticamente en la región centroamericana. Honduras tiene un índice de asesinatos de 154 por cada 100.,000 habitantes—el doble de Colombia aunque ese país está librando tres diferentes rebeliones al igual que sus varios carteles de la droga. En El Salvador, el índice de homicidios es alrededor de 40 por cada 100.000 habitantes; el índice de asesinatos en Guatemala ha aumentado un 40 por ciento del 2001 al 2004 y ahora es aproximadamente 50 por cada 100.000 habitantes; el índice de asesinatos en México se calcula que es alrededor de 14 por 100.000 habitantes. Las cifras de México son bajas en comparación con los estándares centroamericanos, pero la Organización Mundial de la Salud (WHO, por sus siglas en ingles) las considera una "epidemia". Además, como si estas estadísticas no fueran lo suficientemente siniestras, México tiene la mayor incidencia de secuestros en todo el mundo—se calcula que en el 2004 hubo 3.000 secuestros.26

Los Resultados Generales de la Actividad de las Pandillas en América Central. El impacto de la violencia de las pandillas en las economías regionales es significativo. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calcula que el costo de la violencia en toda América Latina es un 14.2 por ciento del producto interno bruto (PIB).27 A pesar de que hay que admitir el hecho de que los datos necesarios para calcular esos costos eran vagos e inconsistentes, los gobiernos de cinco países centroamericanos y México han expresado serias preocupaciones. Por ejemplo, Belice, Guatemala y México han firmado un acuerdo multilateral en el que sus gobiernos se comprometen a combatir el "narcoterrorismo" y las pandillas criminales.28 Estados Unidos y Guatemala han dado un paso más allá y han firmado un acuerdo multimillonario para combatir las drogas y el crimen en Guatemala.29 Mientras, El Salvador y Honduras continúan unilateralmente buscando políticas intransigentes contra las pandillas. Estas incluyen iniciativas más severas por parte de la policía y sentencias más largas en prisión.

Claramente, las pandillas centroamericanas, sus actividades e impactos están unidas a través de las fronteras. Una amenaza de inestabilidad definitivamente se está proliferando fuera de la región hacia los países vecinos. Este es un problema regional que requiere soluciones regionales, pero para una aclaración analítica adicional observaremos más de cerca la situación analizando brevemente las dos pandillas principales en El Salvador.

El Salvador

Como se destacó arriba, las raíces de la presencia de las maras en El Salvador se remontan al sur de California durante las décadas de los años ochenta y noventa. Durante la secuela de los motines en Los Angeles en 1992, la policía determinó que las pandillas locales—inclusive pequeños grupos desconocidos de jóvenes inmigrantes salvadoreños conocidos como la Mara Salvatrucha—habían llevado a cabo la mayoría de los saqueos y la violencia. En respuesta, California aprobó nuevas leyes estrictas contra las pandillas. Luego, con la ley subsiguiente de 1994 de "a la tercera va la vencida", la población en las prisiones en ese estado aumentó dramáticamente. Además, en 1996 en Congreso de EE.UU. aprobó un enfoque "severo" a la ley migratoria. Como resultado de esos pedazos de leyes subsiguientes, miles de delincuentes convictos han sido deportados a El Salvador durante los últimos años. Significativamente, hasta hace poco, las reglas del Servicio de Migración y Naturalización les prohibía a los funcionarios estadounidenses informarles a los funcionarios salvadoreños sobre los antecedentes de los deportados.30

Los resultados para El Salvador fueron desastrosos. Los deportados, que también se les conocía como "los que regresaban", muchos de los cuales nunca habían vivido en El Salvador, llegaron con sus tatuajes estrafalarios, su idioma "Spanglish" y sus actitudes arrogantes. Rápidamente introdujeron la cultura de las pandillas de California, las drogas ilícitas con sus "guaridas de crack" y "bebés del crack", extorsiones, grupos encargados de robar automóviles, rateros y asesinos por contrato. Al principio, los funcionarios salvadoreños no tenían ni idea de lo que estaba sucediendo—y cuando comenzaron a comprender la profundidad y gravedad de los problemas provocados por las pandillas, no contaban ni con el conocimiento, ni la experiencia, ni la organización, ni los recursos para lidiar con ellos. En vista de su ímpetu, se cree que el problema de las pandillas en El Salvador ha incrementado más rápido que en cualquier otro país centroamericano y que el país es ahora "prisionero de la influencia y violencia cada vez mayor de las pandillas".31

Organización: Las dos pandillas principales, la MS-13 y la MS-18, ostentan de 10.000 a 20.000 miembros. El Consejo Nacional de Seguridad Pública de El Salvador calcula 39.000 miembros—22.000 en la MS-13 , 12,000 en la MS-18 y otros 5,000 en otras pandillas.32 Sin embargo, indistintamente de la falta de cifras precisas, ambos cálculos son cifras presagiosas en un país con una población de tan solo 6.5 millones. Al igual que las cifras calculadas de la membresía, la organización de las pandillas aún no está clara. Sin embargo, parece haber una estructura de pirámide jerárquica que es común entre las pandillas de Centroamérica, el Caribe y Suramérica.

En la cima de la pirámide se encuentran los jefes internacionales. Luego, hay una segunda capa de líderes internacionales/transnacionales. Estos individuos en el segundo nivel supervisan células bien conectadas que se encargan principalmente del tráfico global de armas, drogas y personas. En el tercer nivel, los miembros de las células de las pandillas se encargan del tráfico de todo tipo al nivel más bajo nacional versus internacional. A pesar de su orientación nacional, los miembros del tercer nivel se comunican con los miembros del nivel más alto y del segundo nivel. Este tercer nivel de miembros de pandillas consta de comandos centralizados y elementos de control que administran la planificación operacional, las finanzas, la estrategia y ofrecen algún apoyo administrativo a los escalones más altos y más bajos. Por ende, pueden considerarse parte de un "Modelo Corporativo Ahuecado". Además, los miembros de las células de pandillas nacionales de tercer nivel pueden administrar "grupos encargados de proyectos" distribuidos geográficamente.33

El cuarto nivel de la pirámide generalizada de pandillas consta de miembros de pandillas en los "vecindarios". Esta es una serie de camarillas (clickas) o células descentralizadas que son responsables por vecindarios o áreas específicas. Los individuos de cuarto nivel no son miembros completos del MS-13 o el MS-18. Ellos conforman tres niveles específicos al nivel más bajo de la pirámide de la pandilla—"simpatizante", "aspirante" e "insignificante", quienes llevan a cabo el trabajo monótono en los barrios. También actúan como "soldados" mercenarios para las células de nivel más alto y los grupos encargados de proyectos, o actúan como mercenarios contratados por otras TCOs. Tal como se espera, este grupo del cuarto nivel representa el segmento más grande del total de la población de la pandilla, y sus edades oscilan desde los 8 a los 18 años.34

Programa de Acción para Maximizar las Ganancias. La organización de niveles múltiples de las pandillas es indicio de una empresa substancial, concebida especialmente para llevar a cabo negocios a gran y pequeña escala desde el nivel transnacional (global) hasta calles específicas en barrios específicos. Este tipo de organización está también concebida para la toma de decisiones rápida y eficaz al igual que la implementación de decisiones. En breve, la primera prioridad de las organizaciones de las pandillas salvadoreñas MS-13 y MS-18 es administrar un negocio exitoso, junto con su adelanto y protección. Más específicamente, este tipo de organización permite operaciones proteicas continuas con el paso del tiempo. Da lugar a la diversificación de actividades, difusión del riesgo y flexibilidad ya que se pueden hacer ajustes rápidos para corregir errores o aprovecharse de oportunidades en vías de desarrollo. La organización también proporciona un mecanismo comprensible para poner en vigor la disciplina y proteger las operaciones a todos los niveles. Además, provee una instalación planificadora que puede ampliarse expresamente o contratar operaciones de droga, mercenarios y otras operaciones ilícitas y aumentar las ganancias—según lo requiera una situación.35

Con respecto a la expansión de las operaciones, las pandillas salvadoreñas están preparadas para negociar el establecimiento de sus propios corredores de tráfico a través de América Central y México. Están preparadas para organizar la absorción amistosa o no de pequeños carteles. También se han tornado lo suficientemente sofisticadas como para comenzar a prohibirles a sus miembros de que se hagan nuevos tatuajes y a disciplinar gravemente (ejecutar) a los miembros que infringen las leyes relacionadas con el consumo de crack y cocaína. Todo esto indica una evolución del estatus de primera generación al estatus bien avanzado de segunda generación. No obstante, la organización actual de la MS-13 y la MS-18 también refleja que estas pandillas conservan un enfoque de primera generación en cuanto al control del territorio. Los miembros de pandillas a ese nivel de desarrollo evolutivo operan bajo un liderazgo libre, participan en una amplia gama de actividades criminales oportunistas, de ratería, y a menudo se involucran en graves rivalidades entre pandillas.36

La parte de la segunda generación de las organizaciones MS-13 y MS-18 está interesada en la protección y expansión del mercado y enfoca sus actividades ilícitas en las drogas como un negocio. También son conocidas por participar en actividades mercenarias con sus socios en las TCOs. Tal como sugiere la organización pirámide generalizada, los escalones más altos son más unidos y el liderazgo es más centralizado. Este grupo de segunda generación no retiene su orientación en el control de un territorio específico. El tráfico de drogas y las actividades mercenarias se convierten en actividades del grupo en lugar de individuales, y las pandillas se aprovechan de la violencia y la tecnología para controlar a sus competidores y absorber nuevos mercados. Por ende, ambas generaciones de miembros de pandillas en la actualidad existen dentro de la organización en general. La parte de control de territorio de la pandilla es más frecuente, pero los "comerciantes" son más productivos, adinerados y poderosos.37 A medida que la MS-13 y la MS-18 continúan evolucionando en su internacionalización y complejidad, son cada vez más propensas a desarrollar metas políticas explícitas que verdaderamente amenazan a las naciones-estados. Este corolario preventivo nos lleva al "Cóctel Sullivan–Bunker".

Resultados de las Actividades de las Pandillas Salvadoreñas. John Sullivan y Robert Bunker esbozan una "mezcla de cóctel" pragmático de métodos no militares mediante los cuales un actor no estatal transnacional, tal como una pandilla de segunda generación desplazándose hacia el estatus de tercera generación, puede desafiar de pleno la seguridad y soberanía de una nación en particular. Este "Cóctel Sullivan-Bunker" ha resultado ser el caso en no menos de quince municipalidades en El Salvador y en otras jurisdicciones políticas en las repúblicas centroamericanas vecinas, México y Brasil.38 He aquí cómo funciona:

Si el agresor irregular–pandillas criminales, terroristas, insurgentes, carteles de la droga, ecologistas militantes o una combinación de ellos–une el crimen, el terrorismo y la guerra, puede extender su ya significativa influencia. Después de adoptar armas de tecnología avanzada, inclusive armas de destrucción en masa (incluyendo agentes químicos y biológicos), armas de radiofrecuencia y tecnología avanzada de recopilación de inteligencia, junto con sistemas de armas más comunes, el agresor puede trascender el contrabando de drogas, robos, secuestros y asesinatos y convertirse en un reto significativo para la nación estado y sus instituciones.

Luego, empleando la complicidad, la intimidación, la corrupción y la indiferencia, el agresor irregular puede silenciosa y sutilmente designar políticos y burócratas y lograr el control político de una región geográfica o política en particular. Dicha corrupción y distorsión posiblemente podría conducir al surgimiento de una red de protección gubernamental de actividades ilícitas y el surgimiento de un estado o entidad política criminal. Una serie de regiones conectadas podrían convertirse en un actor político dentro de un estado o grupo de estados. Por lo tanto, en lugar de competir directa y violentamente con una nación estado, un agresor irregular puede comenzar a hacer nombramientos ilícitos y comenzar a apoderarse indirectamente del control del estado.39

Este es un ejemplo de una pandilla de segunda generación creando bases de apoyo seguros mediante la aplicación de medidas coercitivas físicas, sicológicas y políticas. Al crear esas bases de apoyo seguras, las pandillas dominan las poblaciones locales y desgastan la voluntad del sistema de resistir sus intentos de enriquecimiento comercial. Este tipo de "mezcla" de actividades poco tradicionales es también un buen ejemplo del fenómeno de las gangas ampliando su misión a la vez que permanecen debajo del umbral de preocupación grave y contrademanda por parte del estado. Aunque es posible que no haya una agenda política explícita, el control del territorio y la gente dentro del mismo son claves para el logro de metas mínimas. En esos términos, las pandillas a la larga tienen que apoderarse, controlar o neutralizar el poder político del estado para garantizar el tipo de entorno que ellos desean.

Como consecuencia, el actor no estatal de la pandilla evoluciona del estatus de segunda generación hacia tercera generación y representa una amenaza triple a la autoridad y soberanía de un gobierno y de sus vecinos. Primero, asesinatos, secuestros, intimidaciones, corrupciones e impunidad de sanciones socavan la capacidad del estado de poder llevar a cabo sus funciones legítimas de seguridad y servicio público. Segundo, al imponer su voluntad con la violencia por encima de burócratas y funcionarios elegidos del estado, las pandillas y sus aliados ponen en juego la capacidad del estado de ejercer su autoridad y la reemplazan con la suya. Tercero, al tomar control de porciones de un territorio nacional en particular y llevar a cabo tareas que le competen al gobierno, el fenómeno de las gangas puede, de hecho, transformarse a sí mismas en estados dentro de un estado.40 Por consiguiente, estos paraestados o estados criminales libres "alimentan un bazar de violencia donde los caudillos e intermediarios marciales alimentan la convergencia del crimen y la guerra".41 Y los líderes criminales gobiernan estas áreas como les viene en gana.

Respuesta a las Pandillas. En el 2003, la administración del Presidente Francisco Flores de El Salvador aprobó una ley de "mano dura" dirigida a poder arrestar a miembros de pandillas que participaban en actividades criminales. Sin embargo, no se consideró que la ley era lo suficientemente fuerte. Como resultado, en el 2004, se aprobó una nueva ley que aprobaba el programa nuevo anti pandillas del presidente, conocido como Super Mano Dura. Esta ley estipulaba sanciones más severas por ser miembros de pandillas—hasta cinco años de prisión por ser miembro de una pandilla y hasta nueve años para los líderes de pandillas. El gobierno del Presidente Elías Antonio Saca reportó que este programa de "mano dura" disminuyó el número de asesinatos ese año por un 14 por ciento. El año siguiente, en el 2005, nueva legislación tornó más estrictas las leyes que tenían que ver con posesión de armas y comenzaron una iniciativa complementaria de prevención y rehabilitación conocida como Mano Amiga.42

El método de mano dura envió un mensaje al pueblo salvadoreño que hacer cumplir las leyes era la única manera eficaz de lidiar con el problema de las pandillas; por ende, los programas de prevención e intervención han recibido mucha menos atención y menos recursos que los necesarios para tornarlas eficaces. Entonces, las consecuencias no anticipadas de segundo y tercer orden resultaron en presionar las capacidades de un sistema de prisión ya repleto. Además, los sistemas judicial y de la policía se saturaron; no había suficiente personal capacitado en esos sistemas que manejaran el problema de las pandillas. Para fines del 2005, un total de 12.073 prisioneros estuvieron encarcelados en 24 prisiones diseñadas con una capacidad combinada de 7.312 reos. Lamentablemente, el problema de las pandillas ha empeorado significativamente, y en lo único que los líderes salvadoreños están de acuerdo es que la prisión solamente les provee a los miembros de las pandillas una "educación de postgrado" y que "hay que hacer algo".43 En resumen, ni el gobierno salvadoreño ni los Estados Unidos han aumentado oficialmente el nivel de amenaza de las pandillas a un nivel de amenaza a la seguridad nacional.44 En esa conexión, de vez en cuando, desde el 2005, tropas del Ejército han sido desplazadas para ayudar a la policía a patrullar las calles.45 No obstante, hasta la fecha, las Maras aún se tratan sencillamente como un problema para la policía y el sistema judicial. Entretanto, las Maras controlan partes cada vez más grandes del territorio dentro del territorio nacional de El Salvador y ejercen eficazmente su propia soberanía sobre el pueblo dentro de ese territorio. Las Maras centroamericanas también han evolucionado en una red internacional que se extiende desde El Salvador, a través de América Central, hacia México, Estados Unidos y Europa.46

México

Las autoridades no cuentan con datos ni consistentes ni confiables en cuanto al fenómeno de las pandillas-TCOs en México.47 Sin embargo, se sabe y se reconoce que el fenómeno de las pandillas en ese país es grande y complejo. También se sabe, primero, que la situación de las pandillas es diferente en el norte–a lo largo de la frontera con EE.UU.que en el sur—a lo largo de las fronteras con Guatemala y Belice. Segundo, el fenómeno es diferente en las zonas entre las fronteras norte y sur de México. Tercero, se sabe que, indistintamente de la precisión de la información, hay una presencia formidable de pandillas por todo el país y que—en vista de las debilidades de las instituciones nacionales—hay oportunidad considerable para que el crimen prospere.48 Como resultado, el índice de homicidios a lo largo de las fronteras norte y sur se considera una epidemia y México tiene los incidentes de secuestros más altos en el mundo. Por último, está claro que la actividad violenta de las pandillas y las TCOs en México amenazan el desarrollo económico y político del país.49

Más específicamente, las Maras centroamericanas han hecho avances significativos hacia el territorio mexicano y parecen estar compitiendo eficazmente con las pandillas mexicanas. En el sur—a lo largo de las fronteras de Belice y Guatemalala MS-13 y la MS-18 han logrado el control del tráfico ilícito de inmigrantes y drogas que se desplaza hacia el norte a través de México hacia Estados Unidos. Las Maras centroamericanas también son conocidas porque los carteles de la droga del norte las emplean eficazmente como mercenarias. Entre las fronteras del norte y del sur, se ha reportado que hay una mezcla especial de hasta 15.000 miembros de pandillas mexicanas y Maras centroamericanas operando en más de 20 estados.50

Las pandillas que operan en la frontera norte de México son organizaciones bien establecidas y de generaciones longevas (abuelos, hijos y nietos mexicanos) con historias de 40 a 50 años. Según informes, hay 24 pandillas diferentes operando en la ciudad de Nuevo Laredo y 320 pandillas activas dentro de la ciudad de Juárez—con 17.000 miembros. Las pandillas más conocidas en el norte son las organizaciones Azteca, Mexicles y Zeta que tienden a trabajar como matones a sueldo y traficantes de drogas para los carteles de Juárez y del Golfo. Además de los carteles de Juárez y del Golfo, están los carteles de Sinaloa y Tijuana, y está la "Federación Mexicana" que es una alianza dudosa de los carteles los "Cuatro Grandes" (Golfo, Tijuana, Sinaloa y Juárez). Según informes, la "Federación" está intentando negociar un acuerdo (tregua) con respecto al acceso a rutas de tránsito lucrativas en las que se calcula se transporta el 90 por ciento de toda la cocaína que se consume en Estados Unidos, y el acceso al mercado interno mexicano en vías de desarrollo. Mientras, los diferentes carteles y sus pandillas aliadas están peleando entre ellos por territorio en el ciberespacio.51 Luego, para complicar las cosas aún más, está la Mafia Mexicana (EME). En algún momento, todas las pandillas que funcionaban al sur de Bakersfield, California, y hacia el norte de México tenían que rendirle homenaje y tomar órdenes de la EME. Ya eso no es un requisito rígido. Por ejemplo, ya se sabe que las Maras MS-13 y MS-18 rompieron ese acuerdo a inicios del 2005.52

Este conjunto complicado de pandillas mexicanas, Maras centroamericanas, carteles mexicanos y la EME dejan prácticamente una situación anárquica en todo el país. Y, a medida que cada pandilla y TCO compite violentamente y se yuxtapone a sí misma para maximizar la participación en el mercado y la libertad de movimiento y acción, vemos un entorno operacional caracterizado por la confusión del crimen y la guerra. Además de la violencia y el derramamiento de sangre atroz, este entorno también está creando enclaves criminales libres pequeños y grandes en ciudades y estados de la nación estado mexicana. Además, el "derrame" transciende las fronteras soberanas de México y sus vecinos. Esta situación nos recuerda la era medieval feudal. La violencia y los frutos de la misma—control político arbitrario—parecen estar retrocediendo a actores no estatales pequeños y privados. Este es un reto grave a la ley y el orden existentes en México, y para la soberanía eficaz de las otras naciones estados dentro y entre las cuales avanzan.53

Organización y Motivos. Las pandillas mexicanas y otras TCOs no son homogéneas. No hay una tipología que se puede aplicar a cada una. El poder constituye emigrar a pandillas pequeñas y actores no estatales de TCO que pueden organizarse en redes grandes más rápidamente que en actores no estatales tradicionalmente jerárquicos. Las entidades criminales violentas organizadas libremente que operan en México se encuentran entre las que están evolucionando de la estructura de pirámide generalizada a una organización transnacional plana entre redes.

En este contexto, las pandillas y sus aliados en las TCOs en México—como en otros países—se están organizando prácticamente de la misma manera que cualquier compañía multinacional Fortune 500. Por lo tanto, el fenómeno es una organización empresarial esforzándose por hacer dinero, ampliar sus mercados y desplazarse lo más libremente posible en las jurisdicciones políticas dentro y entre las cuales trabajan. Al llevar a cabo sus tareas empresariales con la máxima eficacia y para mayor ganancia, la organización general emplea sus gerentes generales, junta de directores, consejos, sistema de justicia nacional, funcionarios de relaciones públicas, negociantes y gerentes de proyectos bajo franquicia. Y, por supuesto, esta compañía cuenta con una división de seguridad—¡un poco más despiadada que la de una corporación Fortune 500 bona fide!54

La ecuación que une el tráfico ilícito de narcóticos a la insurrección y a las pandillas en México—y demás lugares en el Hemisferio Occidental—inicia una combinación de necesidad, desarrollo de infraestructura en la organización, capacidad y disponibilidad de comunicaciones y armamento sofisticado. Por ejemplo, los carteles de la droga poseen dinero en efectivo y líneas de transporte y comunicación. Las pandillas, rebeldes y las organizaciones paramilitares tienen seguidores, organización, disciplina y armas. Los traficantes de drogas ilícitas consistentemente necesitan esos tipos de personas para ayudarles a proteger sus bienes y proyectar su poder dentro y entre las naciones estados. Las pandillas, rebeldes y paramilitares constantemente necesitan apoyo logístico y de comunicaciones—y dinero.55

Se calcula que la ganancia neta anual de las actividades relacionadas con las pandillas y las TCO en México está en los billones de dólares. Lo importante no es las cifras exactas. Lo importante es la enorme cantidad de dinero involucrado. Junto con los beneficios adicionales que esos recursos financieros pueden generar—cuando están relacionados con la mera crueldad de propósito y ningunas restricciones morales o legales—una pandilla de segunda o tercera generación puede sufragar el mejor talento, ya sean abogados, contadores, especialistas en computadoras o usurpadores, asesinos o soldados mercenarios. Al mismo tiempo, una pandilla puede sobornar a funcionarios del gobierno, contratar matones para intimidar (el alto índice de secuestros en México inmediatamente acude a la mente) a aquellos que no se pueden sobornar y matar a aquellos que no se pueden intimidar. La pandilla lucrativa también puede sufragar el mejor equipo militar y de transporte y las mejores tecnologías de comunicaciones. Y, por supuesto, muchas pandillas cuentan con presupuestos más grandes que los de las naciones estados dentro de las cuales operan.56 Por consiguiente, con esas ventajas, el fenómeno puede establecer estatus, aceptación, credibilidad y legitimidad de facto en los paraestados (estados libres criminales) dentro de la nación estado mexicana.57

Hacia Dónde Conduce la Búsqueda de Riqueza del Fenómeno de la Pandilla. Las amenazas de las pandillas y otras TCOs que trabajan en México vienen en muchas formas desestabilizantes y en una matriz de diferentes tipos de retos, que varían en alcance y escala. Sin embargo, si tienen una sola característica en común es que son intentos sistémicos y bien calculados para lograr fines políticos implícitos. Es decir, nuevamente, para crear un espacio político en el cual moverse y actuar sin impedimentos gubernamentales o de ningún otro tipo. En esta conexión, analizamos la erosión de la democracia mexicana y la erosión de la nación estado. De ahí, analizamos un corolario. Analizamos brevemente a la vida política de estados libres criminales—Quintana Roo en la frontera sur con Belice y Guatemala y Sinaloa al norte.

La Erosión de la Democracia Mexicana. La mejor manera de definir la democracia, orientada por la política, que ha sido generalmente aceptada y empleada en la política exterior de EE.UU. durante los últimos años, es "democracia procesal". Esta definición tiende a enfocarse en la elección de líderes políticos civiles y, quizás, en una participación relativamente alta por parte del electorado. Por lo tanto, mientras que un país pueda celebrar elecciones, es considerado una democracia—indistintamente del nivel de responsabilidad, transparencia, corrupción y capacidad de extraer y distribuir recursos para el desarrollo nacional y la protección de derechos humanos, libertades y seguridad.58

En México, podemos observar paradojas importantes. Las elecciones se llevan a cabo regularmente, pero los líderes, candidatos y los políticos elegidos también son asesinados regularmente. Como un ejemplo, literalmente cientos de funcionarios gubernamentales, considerados inaceptables por el fenómeno de la pandilla-TCO han sido asesinados después de su elección. Además, la intimidación, amenazas directas, secuestros y el uso de la violencia relativamente secundaria en una persona o su familia desempeñan un papel importante antes de las elecciones. Y, como un corolario, es importante destacar que aunque los medios de comunicación están libres de censura por parte del estado, los periodistas y académicos que expresan abiertamente sus opiniones antinarco y anti pandilla son sistemáticamente asesinados.59

Por consiguiente, resulta difícil catalogar las elecciones mexicanas y centroamericanas como "democráticas" o "libres". Ni la competencia de los partidos políticos ni la participación pública en las elecciones pueden estar completas en un entorno en que actores armados e inescrupulosos compiten violentamente con entidades políticas legítimas para controlar al gobierno—antes y después de las elecciones. Además, resulta difícil catalogar a México como un estado democrático siempre que los líderes electos estén sujetos al control y la intimidación corrupta, o vetos informales impuestos por actores no estatales sin principios. Como consecuencia, el Embajador David Jordan alega que México es una democracia "anocrática". Es decir, México es un estado que tiene las características procesales de una democracia, pero retiene las características de una autocracia donde la minoría selecta que gobierna (buena o mala) enfrenta poco o ningún escudriño u obligación de rendir cuentas. Pero, indistintamente de las definiciones, las acciones persuasivas e intimidantes del fenómeno de la pandilla-TCO en el proceso electoral tienen resultados nocivos en la democracia, y tiende a corroer la voluntad y aptitud del estado de llevar a cabo sus funciones legítimas.60

La Erosión del Estado. El estado mexicano ha atravesado una erosión severa en dos niveles generales. Primero, la presencia y autoridad del estado es dudosa en grandes porciones geográficas del país. Segundo, la idea del derrumbe parcial del estado está estrechamente relacionada con la erosión no física de la democracia. Jordan alega que la corrupción es clave en este aspecto, y es una fuerza motriz hacia el "narcosocialismo".61 En la primera instancia, la noción de un derrumbe parcial (erosión) tiene que ver con el hecho de que desde las elecciones en el 2000 y la derrota política del anterior todopoderoso PRI (Partido Revolucionario Institucional), ahora hay una ausencia o solamente presencia parcial de instituciones estatales en muchas zonas rurales y sectores urbanos más pobres del país. Además, inclusive en aquellas áreas que no están bajo el control directo de una alianza pandilla-TCO, las instituciones responsables de proteger la seguridad de los ciudadanos—notablemente la policía y el sistema judicial—han sido intimidadas y coaccionadas hasta el punto en que no pueden llevar a cabo sus funciones básicas. Los indicadores de este problema se pueden apreciar en dos estadísticas. Primero, el índice de asesinatos a lo largo de las fronteras norte y sur de México—y el asesinato y decapitación grisácea y consistente de la policía en esas áreas—se encuentra entre los más altos del mundo.62 Y, como era de esperarse, nunca hay testigos de esas atrocidades.63 Estos indicadores de impunidad confirman firmemente que el estado no está ejerciendo correctamente ni sus obligaciones sociales contractuales ni las legales constitucionales para proporcionar seguridad individual y colectiva dentro del territorio nacional.

En la segunda instancia, la erosión no física de los centros estatales en el problema de la corrupción profundamente difundida y arraigada. Como un ejemplo, el Embajador Jordan menciona una entrevista otorgada por un asesor al procurador general de México bajo la administración del Presidente Carlos Salinas de Gortari. También se desempeñó como presidente de la Asociación de Periodistas de México y fue un miembro del comité ejecutivo del Partido Socialista de México. Él declaró que "Los traficantes de narcóticos han penetrado no tan sólo el gobierno federal, sino los gobiernos estatales y las municipalidades".64 En otra entrevista, el ex secretario de finanzas del Presidente Salinas declaró que "El fenómeno de la narco-pandilla ha penetrado el poder legislativo, ejecutivo y judicial del país … en la actualidad, es la organización económica más poderosa del mundo, la organización multinacional más importante del mundo … (Los narcos han penetrado) "todas las estructuras de poder de México, al punto que, sin eufemismos, el país hace lo que los narcotraficantes quieren".65 Claramente, la realidad de la corrupción a cualquier nivel del gobierno que favorece a las pandillas o a los carteles de la droga, mitiga contra un ejercicio del poder responsable y el bienestar del pueblo. Y, en esos términos, la realidad de la corrupción ponen en tela de duda la realidad de un estado soberano eficaz.

Por lo tanto, aunque México y su aliado, Estados Unidos, en el presente trabajan en un acuerdo para un paquete de asistencia anti-narcóticos valorado en $700 millones de dólares,66 los actores no estatales violentos de México permanecen relativamente fuertes y muy adinerados.67 Al mismo tiempo, una soberanía política positiva, la democracia, el desarrollo socio–económico, el territorio, infraestructura, estabilidad y seguridad se están destruyendo silenciosa y lentamente.

El Surgimiento de Estados Libres Criminales en Quintana Roo y Sinaloa. Parece que el intento de las alianzas pandilla-TCO en esos estados es remover a los carteles y las pandillas de las restricciones de la autoridad estatal mexicana—y reemplazar a esa autoridad con las suyas. En lugar de competir con el estado por el dominio político–económico, el fenómeno pandilla-TCO recurre a la corrupción y la apropiación para lograr su objetivo. El resultado es que por mucho tiempo Quintana Roo y Sinaloa han sido considerados como los "focos del gobierno apropiado y la corrupción y se han convertido en narcoestados".68 Como un ejemplo, la policía protege los cargamentos de droga y otro comercio ilícito (personas) que se desplazan hacia el norte al mercado estadounidense. Y, dentro de ese entorno de corrupción hay mayor violencia entre las facciones apropiadas de la policía, mayor empleo de mercenarios, devaluación de la moneda y mayor migración.69

Este entorno afecta a todos y ha sido descrito como feudal o medieval. Las pandillas locales y las TCO mantienen su propio sistema de ley y orden auto determinado, "imponen impuestos" a residentes y negocios, disfrutan de inmunidad completa de sus actos ilícitos y tienen un refugio desde el cual operan. Se conoce que los valores de ese mundo se derivan de normas basadas en la esclavitud, actividad sexual con menores y su explotación en la prostitución, la explotación de seres humanos para comercializar sus órganos, y el asesinato y tortura de inocentes para lograr el control político y gratificación personal (como deporte). Conceptos tales como el debido proceso de la ley, el derecho a un juicio con jurado, la privacidad individual y los derechos humanos y de las mujeres no existen.70 Por lo tanto, en Quintana Roo y Sinaloa, hay un entorno feudal definido por influencias políticas, sobornos, comisiones clandestinas, favoritismo, exclusión étnica y caprichos personales.

Conclusión. Esto es más que un problema de hacer cumplir la ley. Y cuando las pandillas y las TCOs se convierten en el gobierno de facto, es más que un problema de seguridad nacional. A medida que se involucran cada vez más profundo en la política, bienes raíces y organizaciones religiosas y políticas, las pandillas y sus aliados se convierten en actores sociales. Esos actores sociales, quienes también son soldados criminales, están cambiando la organización social, económica y política y "corrompiendo" violentamente los valores y modos aceptados del comportamiento humano. Una visión futura de partes cada vez mayores de la comunidad global adaptándose a formas criminales de comportamiento sería—como mínimo—"inquietante".71 Entretanto, la visión actual de la capacidad humana de tratar los disparos y los gritos aterrorizantes del "vecindario" como tan solo ruido de fondo de la vida cotidiana común debe—como mínimo—crear un desasosiego indefinido. Esto nos regresa a los valores del choque de civilizaciones.

Resultados. En las "guerras nuevas" en el Hemisferio Occidental, parece que el enriquecimiento comercial permanece como la motivación principal para las distintas pandillas desestabilizantes y sus aliados criminales. Las pandillas aún no están desafiando directamente a los gobiernos por el control de estado—y no están enviando fuerzas militares convencionales al otro lado de fronteras nacionales. Como una consecuencia, la mayoría de los líderes políticos aún piensan en términos tradicionales, y aún no han alcanzado la realidad. No aprecian ni el alcance ni la naturaleza de la amenaza al orden político y al gobierno democrático responsable que está poniendo en pie el choque lento de dos tipos de valores. Un conjunto de valores sirve a la avaricia criminal cruel. El otro busca el bienestar general.72

Las soluciones a los problemas de estabilidad, seguridad y gobierno soberano ilegítimo también nos regresan a la amenaza del fracaso del estado. El fracaso del estado es un proceso—no un resultado. Es un proceso mediante el cual el estado pierde su capacidad o voluntad de llevar a cabo sus funciones legítimas de seguridad y ejercicio del poder. Puede que también sea un proceso mediante el cual el estado responde al hecho de que, en primer lugar, nunca había desarrollado esas capacidades. En cualquiera de los casos, hay suficientes pruebas que muestran que las pandillas y otras TCOs crecieron y prosperaron en áreas no gobernadas o gobernadas deficientemente, y por ende las pandillas y la guerra postmoderna son el resultado de los procesos fracasados del estado.73 Por lo tanto, la amenaza fundamental de desestabilizar las actividades de las pandillas no es la inestabilidad ni siquiera la violencia criminal. Más bien, es o el fracaso del estado o la imposición restringida de una reestructuración radical social, económica y política del estado y su gobierno. En cualquiera de los casos, los estados fracasados sencillamente no desaparecen.74 Tarde o temprano la comunidad global tendrá que lidiar con el problema—y pagar. Las naciones vecinas y las organizaciones gubernamentales pagarán en términos de su propia calidad de gobierno, seguridad y estabilidad, al igual que sangre y tesoro.

Puntos y Lecciones Importantes

Lo que hace que los casos o situaciones anteriores y sus implicaciones sean significativas más allá de su propio contexto político interno, es que son situaciones de las cuales se pueden aprender lecciones contemporáneas de guerra política urbana irregular. Además, esos casos son los resultados y presagios de gran parte del caos político en curso de la era postmoderna del siglo XXI. Ellos recalcan lo siguiente:

Las pandillas y otras TCOs contribuyen significativamente a la inestabilidad nacional, regional y global. A medida que evolucionan, generan más y más terror, violencia e inestabilidad sobre secciones cada vez más anchas del mapa político.

Las pandillas, con sus TCOs aliadas, están muy lejos de ser apolíticas y singulares. Cada vez más se tornan más similares a sus rebeldes políticos y sus primos los capos. Mantienen una lógica práctica que es una continuación de la política regional por otros medios.

Las pandillas y otras TCOs emplean formas y medios políticospsicológicos sumamente sofisticados, al igual que puramente violentos, para lograr sus objetivos.

Esos objetivos son, principalmente, libertad de movimiento y acción dentro y a lo largo de fronteras nacionales. Los resultados intencionales o no interfieren con la soberanía y seguridad eficaz, y los valores democráticos liberales de países y sus habitantes.

Los motivos principales de las pandillas y otras TCOs se concentran en la supervivencia del grupo y ganancia personal. Más allá de esto no hay reglas (anarquía criminal).

Descartar que las realidades mencionadas son demasiado difíciles o imposibles para lidiar con ellas es aceptar la inevitabilidad de alternativas poco atractivas.

Sun Tzu nos recuerda que no necesitamos ni una abundancia de personal, ni equipo especializado ni recursos financieros para lidiar eficazmente con un enemigo como el fenómeno proteico de la pandilla. "Lo que es de suma importancia en la guerra es atacar la estrategia del enemigo … y sus planes … Lo siguiente es interrumpir sus alianzas".75 Las recomendaciones de Sun Tzu para ganar al nivel estratégico, más que nada, requieren la aplicación del "poder del cerebro".76 La alternativa es ver a México y América Central más sumergidos en el caos del crimen, la corrupción y la falta de legitimidad.

Notas:

1. Para discusiones anteriores sobre estos fenómenos, ver Samuel Huntington, The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order (New York: Simon & Schuster, 1996); y Robert D. Kaplan, The Coming Anarchy (New York: Random House, 2000). También consultar: David Easton, A Framework for Political Analysis, Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1965; y David Easton, The Political System: An Inquiry into the State of Political Science, Chicago: University of Chicago Press, 1971; 1981.

2. Carl von Clausewitz, On War, traducido y editado por Michael Howard y Peter Paret (New Brunswick, N.J.: Princeton University Press, 1976), 596.

3. Huntington, 1996, y Kaplan, 2000. También ver: Easton, 1965; 1971; and 1981.

4. John P. Sullivan, "Terrorism, Crime and Private Armies," Low Intensity Conflict & Law Enforcement, Winter 2002, 239-253; John P. Sullivan and Robert J. Bunker, "Drug Cartels, Street Gangs, and Warlords," en Nonstate Threats and Future Wars, ed. Robert J. Bunker (London: Frank Cass, 2003), 40-53; Max G. Manwaring, Street Gangs: The New Urban Insurgency, (Carlisle, Pa.: Strategic Studies Institute, 2005).

5. Ibid. También consultar: Easton, 1965; 1971; 1981.

6. Manwaring, 2005.

7. Easton, 1965; 1971; y 1981. Fue David Easton quien formuló y elaboró el concepto de "distribución de valores autorizada" como una definición aceptada de política.

8. Sullivan and Bunker, 2003.

9. Ibid.

10. Declaración hecha en la Conferencia de la Escuela de Guerra del Ejército y de la Florida International University (USAWC/FIU) llevada a cabo en el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), titulada "Nuevas Amenazas a la Seguridad en el Hemisferio Occidental", Washington, DC, 29 de junio de 2004.

11. Sullivan and Bunker, 2003.

12. John Mackinlay, "Warlords," Defence and International Security, April 1998, pp. 28-32. También ver John Mackinlay, Globalization and Insurgency, London: The International Institute for Strategic Studies, 2002.

13. John Mackinlay, "Beyond the Logjam: A Doctrine for Complex Emergencies," en Max G. Manwaring y John T. Fishel (editores.), Toward Responsibility in the New World Disorder, London: Frank Cass, 1998, 114-131. Ver también Sullivan and Bunker, 2003.

14. John P. Sullivan, "Maras Morphing: Revisiting Third Generation Gangs," Global Crime, August-November 2006, 488-490.

15. Ibid.

16. Ibid. También ver Francisco Rojas Aravena, "Nuevo contexto de seguridad internacional: nuevos desafios, nuevas oportunidades?" en Francisco Rojas Aravena, (ed)., La seguridad en América Latina pos 11 Septiembre, FLACSO—Chile, 2003; y Arturo Contreras Polgatti, Conflicto en la Post Modernidad, Santiago, Chile: Mago Editores, 2004.

17. T.C. Bruneau, "The Maras and National Security in Central America," Strategic Insights, Vol. 4, Issue 5, 2005.

18. Daniel C. Esty, Jack Goldstone, Ted Robert Gurr, Barbara Harff, and Pamela T. Surko, "The State Failure Project: Early Warning Research for U.S. Foreign Policy Planning," en John L. Davies and Ted Robert Gurr, (eds.), Preventive Measures: Building Risk Assessment and Crisis Early Warning Systems, New York: Rowman & Littlefield, 1998.

19. Chester A. Crocker, "Engaging Failed States," Foreign Affairs, September-October 2003, 32-44; Stephen D. Krasner and Carlos Pascual, "Addressing State Failure," Foreign Affairs, July-August 2005, 153-163.

20. El autor ha llevado a cabo una serie de entrevistas con más de 300 funcionarios y periodistas de antigüedad estadounidenses y latinoamericanos. Esas entrevistas se llevaron a cabo desde octubre de 1989 hasta julio de 1994, septiembre de 1996, diciembre de 1998, noviembre del 2000, febrero del 2001, marzo del 2002, febrero del 2003, marzo y agosto del 2004 y marzo a mayo del 2006. Para permitir el anonimato de aquellos que se oponen a que se publiquen sus nombres, de aquí en adelante son identificadas como Entrevistas del Autor. También ver Griffith, 1997; Rensselaer W. Lee III, The White Labyrinth (New Brunswick, N.J.: Transaction, 1990); y Luis Bustamente Belaunde, "Corrupción y discomposición del Estado," in Pasta Basic de Cocaina, abuso de drogas, eds. Federico R. León and Ramiro Castro de la Mata (Lima, Perú: CEDRO,1990), 301-321; Stephen E. Flynn, The Transnational Drug Challenge and the New World Order (Washington, D.C.: Center for Strategic and International Studies, 1993); y David C. Jordan, Drug Politics: Dirty Money and Democracies, Norman, OK: University of Oklahoma Press, 1999.

21. Bruneau, 2005.

22. "Central America and Mexico Gang Assessment," (Washington, D.C.: USAID Bureau for Latin America and Caribbean Affairs, April 2006), de aquí en adelante referido como AID Paper, 2006.

23. Ana Arana, "The New Battle for Central America," Foreign Affairs (November/December 2001), 88-101; Ana Arana, "How the Street Gangs Took Central America," Foreign Affairs (May/June 2005), 98-110; Oscar Bonilla, "Current Situation of Gangs in El Salvador," ensayo no publicado escrito para el Consejo Nacional de Seguridad Pública del Salvador, November, 2004.

24. Ibid. También consultar: Mark Lacey, "Drug Gangs Use Violence to Sway Guatemalan Vote," The New York Times, August 4, 2007.
 http://www.nytimes.com/ 2007/08/ 04/world/Americas/04guatamals.html.

25. AID Paper, 2006; consultar también, Manwaring, 2005.

26. Ver www.seguridadpublicaenmexico.org.mx.

27. J. Londono and R. Guerrero, "Violencia en América Latina: epidemiología y costos," IADB Working Paper, No. R-375, 22. También consultar Aid Paper, 2006.

28. AID Paper, 2006.

29. "U.S., Guatemala to jointly battle crime," The Miami Herald, September 20, 2007.

30. Ibid., Arana, 2005.

31. Ibid.

32. Bonilla, 2004.

33. AID Paper, 2006; Entrevistas del Autor.

34. Ibid.

35. Ibid.

36. Sullivan y Bunker, 2003, 48-49.

37. Ibid., Manwaring, 2005, 9-10.

38. Arana, 2005, 101; Sullivan y Bunker, 2003, 45-53.

39. Ibid.

40. Sullivan, "Maras Morphing," 2006, 493-494.

41. Ibid., 501.

42. Fishel y Grizzard, 2005, p. 4; AID Paper, 2006; Entrevistas del Autor.

43. Ibid.

44. En el 2007, Estados Unidos ofreció $4 millones de dólares para combatir las pandillas callejeras y el tráfico de drogas en la región centroameriana. Ese dinero ayudará a los gobiernos centroamericanas a redactar una política de seguridad regional.
 Ver: http://www.cnn.com/2007/WORLD/Americas/07/19/central.america.gangs.reut/index.html.

45. Informado por el Consejo Asesor de Seguridad en Ultramar (OSAC), 12 de diciembre de 2005, y publicado en www.osac.gov/Maras/story.

46. Sullivan, "Maras Morphing," 2006.

47. AID Assessment, 2006.

48. Ibid. También consultar: Mark Stevenson, "Mexico: Drug gangs using terror tactics," Miami Herald.com, May 17, 2007.
http://www.miamiherald.com/915/story/110509.html.

49. Ibid. También consultar: "Drug gangs set their sights on the military," El Universal, May 15, 2007. www .mexiconews.com.mex/Miami/vi_24610.html. Kevin G. Hall, "Mexican drug war getting bloodier," Miami Herald.com, March 21, 2007. http://www.miamiherald.com/579/vprint/story/47875.html. "Mexican gangs terrorize border," CNN.com, March 1, 2006. http://www.cnn.com/2006/WORLD/Americas/03/01/mexico.gangs.reut/index
.html; and David Jordan, 1999.

50. Ibid. También consultar: Sullivan, "Maras Morphing," 2006.

51. George W. Grayson, "Mexico and the Drug Cartels," Foreign Policy Research Institute, August 17, 2007. Consultar: www.fpri.org.

52. Sullivan, "Maras Morphing," 2006.

53. Ibid. También consultar: "Mexican drug lords use new tools to intimidate," CNN.com, April 13, 2007.
http://cnn.worldnews.print this.clickability.com/pt/cpt?action +cpt&title=Mexico=drug=lor; and Duncan Kennedy, "Mounting toll in Mexico’s drug war," BBC News, July 5, 2007. http://newsvote.bbc.co.uk/mpapps/pagetools/print/news.bbc.co.uk/2/hi/Americas/6250200.stm.

54. Manwaring, 2005, 24.

55. Peter A. Lupsha, "The Role of Drugs and Drug Trafficking in the Invisible Wars," in Richard Ward and Harold Smith, eds., International Terrorism: Operational Issues, Chicago: University of Chicago Press, 1987; y Peter A. Lupsha, "Towards an Etiology of Drug Trafficking and Insurgent Relations: The Phenomenon of Narco-Terrorism," International Journal of Comparative and Applied Criminal Justice, Fall 1989, pp. 70-74; y William J. Olson, "International Organized Crime: The Silent Threat to Sovereignty," The Fletcher Forum, Summer/Fall 1997, 75-78.

56. Ibid.

57. Ibid.

58. Jordan, 1999, 19.

59. Ibid.; Arana, 2001 y 2005; Sullivan y Bunker, 2003; y Sullivan, "Maras Morphing," 2006.

60. Jordan, 1999, 142-157.

61. Ibid., pp. 193-194.

62. "Five slain in Nuevo Larerdo, pushing year’s total over 100," Huston Chronicle, May 9, 2006. www.chron.com/disp/story.mpl/world/3852351.html. Esto es tan solo los primeros cinco meses del año, en una ciudad con una población de solamente 330.000.

63. Stevenson, 2007; Hall, 2007, and Kennedy, 2007.

64. Rodolfo Rojas-Zea, "Narcotráfico, la Multinacional Más Importante del Crimen," El Financiero, May 15, 1994, 18.

65. Jordan, 1999, 152.

66. Jordan, 1999, 152..

67. Grayson, 2007

68. Ioan Grillo, "’Cop-killer’ guns from U.S. seen crossing into Mexico," The Boston Globe, August 19, 2007.
 www .boston.com/news/world/latinamerica/articles/2007/08/ 19/copo_killer_guns. Duncan Kennedy, "Mounting toll in Mexico’s Drug War," BBC News, July 5, 2007. www.newvote .bbc.co.uk/mpapps/pagetools/print/news/bbc.co.ul/2/hi/Americas/6250200.stm. "Armed gang kills Mexican police," BBC News, May 17, 2007. www/newsvote.bbc.co.ul/mpapps/gagetools/print/news.bbc.co.uk/2/hi/Ameri cas/6664215.

69. Mary Beth Sheridan, "Traffickers Move into Yucatan Peninsula," Los Angeles Times, August 27, 1998. También consultar: Sullivan y Bunker, 2003.

70. Bunker y Sullivan, "Cartel Evolution: Potentials and Consequences," Transnational Organized Crime, Summer 1998, 55-74.

71. Robert J. Bunker y Matt Begert, "Overview: Defending against the Enemies of the State, Global Crime, August-November, 2006, 309.

72. Ibid.

73. Olson, 1997.

74. Sullivan and Bunker, 2003.

Daniel C. Esty, et al., 1998; Robert H. Dorff, "Strategy, Grand Strategy, and the Search for Strategy, in The Search for Security: A U.S. Grand Strategy for the Twenty-First Century, eds. Max G. Manwaring, Edwin G. Corr, and Robert H. Dorff (Westport, Conn.: Praeger, 2003), 127-240.

75. Daniel C. Esty, et al., 1998; Robert H. Dorff, "Strategy, Grand Strategy, and the Search for Strategy, in The Search for Security: A U.S. Grand Strategy for the Twenty-First Century, eds. Max G. Manwaring, Edwin G. Corr, and Robert H. Dorff (Westport, Conn.: Praeger, 2003), 127-240.

76. Sun Tzu,1971, 77-78.


 Colaborador

El Dr. Max G. Manwaring

El Dr. Max G. Manwaring (Ph.D.,Ciencias Políticas, Universidad de Illinois), es Profesor de Estrategia Militar en el U.S. Army War College, y Profesor Adjunto de Ciencias Políticas en Dickinson College. Es un coronel retirado del Ejército de los Estados Unidos y ha ocupado varias posiciones civiles y militares en el U.S. Army War College, el Comando del Sur de los Estados Unidos, y la Agecia de Inteligencia de Defensa y la Universidad de Memphis. Es autor y co-autor de varios artículos sobre asuntos político-militares, y temas de seguridad global y regional. Es el editor y co-editor de, El Salvador at War, 1988; Gray Area Phenomena: Confronting the New World Disorder,1993; Managing Contemporary Conflict: Pillars of, 1996; Beyond Declaring Victory and Coming Home: The Challenges of Peace and Stability, 2000; y The Search for Security: A U.S. Grand Strategy for the Twenty-First, 2003; y co-autor, con John T. Fishel, de Uncomfortable Wars Revisited, University of Oklahoma Press, 2006.

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