Documento creado: 15 de marzo de 2010
Air & Space Power Journal - Español  Primer  Trimestre 2010

La Guerra Híbrida

Es Algo que ya Existía. No es nada Nuevo

Honorable Robert Wilkie

Guerra Híbrida

Los límites entre . . . la guerra “regular” y la “irregular” se están volviendo difusos. Incluso los grupos que no son estado tienen cada vez mayor acceso a las clases de armas . . . que una vez eran el dominio exclusivo de los estados. Y es posible incluso que los estados recurran cada vez más a las estrategias no convencionales para mitigar el impacto del poderío estadounidense.

—Max Boot, War Made New, 2006

La posibilidad de conflicto armado continuo y esporádico, con combates poco definidos en tiempo y espacio, disputados en diferentes niveles por un conjunto grande de fuerzas nacionales y sub-nacionales, indica que es probable que . . . la guerra . . . pase de una división nítida a categorías distintas.

—Michael Evans, “From Kadesh to Kandahar”
Naval War College Review, Verano de 2003

EN LA DÉCADA de 1980, el teórico militar israelí Martin van Creveld pronosticó que el conflicto militar convencional entre las fuerzas armadas regulares de las naciones-estado declinaría en frecuencia mientras que los conflictos de baja intensidad llevados a cabo por milicias, caudillos, pandillas criminales y fuerzas paramilitares se incrementarían de forma exponencial en el mundo en desarrollo.1 Sus predicciones se han materializado en la última década, dando como resultado un asalto directo y audaz contra la ortodoxia de los sistemas militares occidentales de Clausewitz, particularmente los de Estados Unidos y el Reino Unido.

La manifestación más reciente de la tesis original de Creveld es la guerra híbrida—una nueva variación de los temas más antiguos de guerra convencional, irregular y compuesta que comienza a afianzarse en el Reino Unido, Australia, Escandinavia, y más recientemente, dentro del Comando de la Infantería de Marina y Fuerzas Conjuntas de los Estados Unidos. Durante su apersonamiento ante el Comité de Servicios Armados del Senado en enero de 2009, el Secretario de Defensa Robert Gates utilizó por primera vez el término híbrido en público cuando dijo que “tendremos que . . . darle una mirada a los otros elementos del [Sistema de Combate Futuro y] . . . ver . . . qué hay de útil en este espectro de conflicto de lo que yo llamaría guerras híbridas complejas para los que trabajan en contrainsurgencia [COIN]”.2 Desde que asumió funciones a fines de 2006, el Secretario Gates ha advertido continuamente contra repetir la experiencia posterior a la guerra de Vietnam de olvidarse de cómo luchar COIN con éxito, algo que considera un fenómeno recurrente probable en la “larga guerra” contra los movimientos extremistas violentos. De acuerdo con la Estrategia de Defensa Nacional, “Mejorar la capacidad de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en la guerra irregular es la máxima prioridad del Departamento de Defensa”.3 En un artículo en Foreign Affairs, el secretario declaró enfáticamente que ya es hora de fomentar algún “pensamiento no convencional” en el Pentágono.4

¿Qué es entonces una guerra híbrida? Es el conflicto en el que los actores estado o no estado explotan todos los modos de guerra de forma simultánea usando armas convencionales avanzadas, tácticas irregulares, terrorismo, y tecnologías perjudiciales o la criminalidad para desestabilizar un orden existente.

De acuerdo con Frank Hoffman, principal proponente estadounidense de la teoría,

Las amenazas híbridas incorporan una gama completa de modos diferentes de guerra que incluye capacidades convencionales, tácticas y formaciones irregulares, actos terroristas con violencia e intimidación indiscriminada, y desorden criminal. Las guerras híbridas pueden ser llevadas a cabo por los estados y una variedad de actores que no son estado [con o sin auspicio de un estado]. Estas actividades multimodales pueden ser realizadas por unidades separadas, incluso por la misma unidad, pero generalmente son dirigidas y coordinadas de forma operacional y táctica dentro del espacio de batalla principal para lograr efectos sinérgicos en las dimensiones física y sicológica del conflicto.5

Sin embargo, incluso Hoffman admite que “la guerra híbrida no representa la derrota o el ree­m­plazo de la ‘guerra a la antigua’ o guerra convencional por la nueva. Aunque sí presenta un factor de complicación para el planeamiento de la defensa en el siglo 21” (énfasis en el original). También observa que “el futuro añade valor a las fuerzas que son versátiles, ágiles, adaptables y de mente expedicionaria”.6 La guerra aún significa aplicar fuerza cinética, no importa el apodo que se le ponga.

En el Reino Unido, el Ministerio de Defensa incorpora la doctrina híbrida en su último documento de investigación sobre la guerra irregular. En “Contrarrestar la Actividad Irregular Dentro de un Enfoque Integral”, el Vicealmirante Chris Parry, de la Marina Real, observa que

la guerra híbrida la llevan a cabo fuerzas irregulares que tienen acceso a armas y sistemas más sofisticados que normalmente portan las fuerzas regulares. La guerra híbrida puede cambiar y adaptarse durante una campaña individual, según lo permitan las circunstancias y los recursos. Se prevé que los grupos irregulares continuarán adquiriendo armas y tecnologías sofisticadas y que las fuerzas de intervención tendrán que confrontar una variedad de amenazas que en el pasado se asociaban principalmente con las fuerzas armadas regulares de los estados.7

Además, la más reciente estrategia marítima nacional estadounidense refleja la visión del futuro expresada por el General James Conway, comandante de la Infantería de Marina; el Almirante Gary Roughead, jefe de operaciones navales; y el Almirante Thad W. Allen, comandante del Servicio de Guardacostas: “Los conflictos se caracterizan cada vez más por una mezcla híbrida de tácticas tradicionales e irregulares, planeamiento y ejecución descentralizados, y actores que no son estado que utilizan tecnologías simples y sofisticadas de formas novedosas” (énfasis añadido).8

La guerra híbrida parece ser una variación moderna de lo que se ha llamado guerra compuesta, que comienza con una fuerza regular que aumenta sus operaciones con capacidades irregulares. En la Guerra de la Península, el Duque de Wellington expulsó a los franceses de España realizando una lucha convencional contra los mariscales de Napoleón mientras que lanzaba las guerrillas españolas en la retaguardia francesa. El Mariscal de Campo Edmund Allenby hizo lo mismo en Palestina contra los turcos, lanzando un asalto de infantería frontal amplio bajo la cubierta de los cañones de la Artillería Real mientras que al mismo tiempo los irregulares beduinos de T. E. Lawrence se filtraban y cortaban las líneas de suministro otomanas. Mao utilizó tácticas similares contra los nacionalistas y Ho Chi Minh contra los franceses y vietnamitas del sur.

El plan operativo de la guerra híbrida comienza con la guerra irregular—las fuerzas irregulares aumentan su capacidad con armas convencionales. El término mismo captura la esencia del problema al definir su organización y sus medios. Como hemos visto en este siglo, esta situación crea un nuevo nivel de ferocidad combinando el fanatismo de la guerra irregular con la capacidad militar convencional. Un buen ejemplo es la lucha israelí contra Hezbolá, que desplegó grupos regulares con combatientes irregulares capaces de adaptarse y soportar castigo mientras que operan de forma independiente sin depender de comando y control centralizado. La guerra híbrida puede ocurrir también cuando una nación-estado convierte sus formaciones regulares en combatientes irregulares, como hizo Saddam con sus fedayines en 2003.

Enfrentamos enemigos que nos atacarán desde múltiples frentes: terror, cibernético, información, sicológico, convencional y criminal. John Arquilla, un asesor cercano al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, comentó en 2007 que las “redes han mostrado incluso una capacidad de librar guerra frente a frente contra naciones-estado—con algún éxito. . . . Por lo tanto, la gama de opciones de que disponen las redes cubre un espectro completo del conflicto, planteando la posibilidad de un desvanecimiento importante de las líneas entre insurgencia, terror y guerra”.9

Ron Tira, del Centro Jaffa en Israel observa que los actores híbridos son a menudo inmunes a la aplicación convencional de fuerza que emplean Israel y Estados Unidos: “El intento de aplicar el concepto Shock and Awe (Impacto e Intimidación) y el método de [operaciones basadas en efectos] contra una organización de guerrillas como Hezbolá es . . . similar a tratar de romperle los huesos a una ameba—usando fuerza que es ajena a las circunstancias, los hechos y la naturaleza de la guerra”.10 El Secretario Gates a menudo advierte que el “enemigo obtiene un voto”11 y que es improbable que vote para repetir los clásicos como Midway, la batalla de las Ardenas, o la ofensiva Meuse-Argonne; más bien, los paradigmas son Mogadishu, Faluya y Líbano. Sin embargo, la historia militar estadounidense está repleta de ejemplos de las fuerzas armadas participando en y ganando lo que Boot llama “Las Guerras Salvajes de Paz”, las pequeñas luchas en la historia estadounidense que son más comunes que las luchas lineales como la Primera y Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea y la Operación Tormenta del Desierto.12

¿Qué significa esto para la lucha futura y para la Fuerza Aérea? COIN sigue siendo una base sólida con la cual confrontar el problema. Esto no es terreno nuevo para la Fuerza Aérea, que históricamente ha sido capaz de ampliar el orificio del espectro del conflicto más allá de los cazas y bombarderos. Desde los Tigres Voladores, pasando por el apoyo para los Chindits (fuerza especial hindú), hasta los comandos de la Fuerza Aérea en Vietnam, Laos y Camboya, la Fuerza Aérea creó asociaciones exitosas, bajo fuego, con naciones en desarrollo y sus fuerzas aéreas (lo que el Coronel George Monroe, USAF, retirado, llama “la Fuerza Aérea del Interior”).13

Si tomamos en serio a los teóricos híbridos, las funciones principales del poderío aéreo no cambian. Las misiones contra ataques aéreos son estándar en las operaciones de seguridad nacional, incluyendo eventos como el Súper Tazón y la juramentación presidencial. Movilidad aérea es el principio indispensable para proporcionar a las fuerzas especiales la capacidad de responder o atacar rápidamente al enemigo. Inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR) aerotransportado proporciona la capacidad persistente y de tiempo vital para buscar, fijar y combatir fuerzas hostiles. La enorme demanda impuesta sobre ISR aerotransportado en Irak y Afganistán—los repetidos pedidos para mejorar las capacidades de ISR para detectar los dispositivos explosivos improvisados y sus operadores—indica que esta misión del poderío aéreo seguirá creciendo. Además, la aptitud del poderío aéreo para atacar a un enemigo con precisión, velocidad y discernimiento se ha convertido en el modo de ataque preferido en las operaciones especiales. Notablemente, todas estas misiones son vitales para las operaciones combinadas—en otras palabras, no hay nada nuevo bajo el sol. Sir Henry Rawlinson, quien bosquejó la devastadora ofensiva de armas combinadas aliadas en Amiens en 1918, empleando reconocimiento fotográfico, artillería, equipos blindados, zapadores (fuerzas especiales de la Primera Guerra Mundial), y 1.900 aviones, reconocería los fundamentos básicos de las operaciones actuales. Billy Mitchell, Hap Arnold y George Kenney entenderían que los principios básicos del poderío aéreo son en esta época tan pertinentes como lo fueron en la suya.

Como su antecedente irregular, la guerra híbrida requiere una visión que aproveche la ventaja técnica de los Estados Unidos. Esto requiere más sensores no tripulados, aviones pequeños, armas de energía dirigida y guerra cibernética. Es esencial utilizar la energía dirigida y el ataque de redes, así como armar un orden electrónico de batalla a la brevedad posible, y la Fuerza Aérea puede tomar la iniciativa. El Teniente General David A. Deptula, sub-jefe de estado mayor de la Fuerza Aérea para ISR, ya está hablando de desarrollar rápidamente “fuegos electrónicos” (interferencia, energía dirigida y ataque de redes) y sacarlos de los anaqueles. Como la naturaleza del campo de batalla electrónico es muy fluida, puede que las jerarquías tradicionales no sean capaces de moverse con la rapidez necesaria para producir efectos en el campo de batalla. Deben aparecer organizaciones nuevas y descentralizadas, que combinen el espacio, ISR y el terreno para producir resultados.

Como se mencionó anteriormente, COIN sigue siendo el cimiento del entorno híbrido. Impidiendo que el enemigo pueda atacar a las fuerzas amigas e interrumpiendo e interceptando sus líneas de aprovisionamiento, el poderío aéreo es vital para el éxito de una campaña COIN. La victoria no es posible sin ISR y patrullas de combate aéreo constantes. La Fuerza Aérea aumenta el valor de la vigilancia, inteligencia y uso discriminado del poderío cinético cuando trata con enemigos de baja frecuencia, como al-Qaeda. El poderío aéreo proporciona la sorpresa, flexibilidad y capacidad de quitarle la iniciativa a los insurgentes. Fíjense en la lista de bajas enemigas en Irak y Afganistán, la gran mayoría son el resultado del poderío aéreo principalmente. Por lo tanto, con la guerra híbrida como la teoría del día (cuando se le quita el brillo, no es tan diferente de lo que hemos experimentado por más de un siglo), aún necesitaremos el poderío aéreo convencional, combinado con el poder electrónico de la Fuerza Aérea, para triunfar. Es virtualmente imposible entrar en operaciones no convencionales sin blandir el bastón de la disuasión y sin controlar el aire. La participación estadounidense en las guerras menores y en COIN ocurre bajo el paraguas del poderío aéreo y el escudo nuclear. Sin ese poderío, las guerras menores se convertirían en guerras grandes.

La gran Fuerza Aérea debe argumentar que las capacidades convencionales y nucleares pueden y deben complementarse en este clima. Los regímenes granuja que amenazan a sus vecinos y a nuestros aliados, potencialmente con armas nucleares, son un problema hoy y seguirán siéndolo en el futuro. En parte, nuestro objetivo es reducir su capacidad para tener cautivas a otras naciones y negarles la capacidad de proyectar poderío. Una nueva tríada con una fuerza de ataque convencional y defensa con misiles balísticos nos mueve en esa dirección. Una fuerza de ataque convencional quiere decir que hay más objetivos vulnerables sin tener que recurrir a las armas nucleares. Las defensas con misiles refuerzan la disuasión y minimizan los beneficios de la fuerte inversión que hacen las naciones granuja en misiles balísticos: Irán y Corea del Norte no sabrán si sus misiles son efectivos, haciendo por consiguiente que Estados Unidos y sus aliados se sientan menos vulnerables.

Lo que parece perdido en este y en muchos debates es que en el empeño constante para reinventar los principios y las teorías de la guerra, a la larga, ambos han permanecido constantes. Como diría la Fuerza Aérea Australiana, no hay ciclo empresarial en una defensa que crea una “nueva panacea” cada cinco a 10 años para crear a partir de ella algo nuevo y profundo. Nathan Bedford Forrest tenía razón: “Guerra quiere decir luchar y luchar quiere decir matar”. No importa cuánto paguen los grupos de expertos por ellos, los denominados paradigmas revolucionarios no pueden cambiar esa realidad. 

Notas

1. Véase Martin van Creveld, The Transformation of War (La Transformación de la Guerra) (New York: Free Press, 1991).

2. Senado, Audiencia Pública para Recibir el Testimonio sobre los Retos que Enfrenta el Departamento de Defensa, Comité del Senado de los Estados Unidos sobre Servicios Armados, 111avo Congreso, primera sesión, 27 de enero de 2009, 18, http://armed &id=3614.

3. Departamento de Defensa, Estrategia de Defensa Nacional, (Washington, DC: Departamento de Defensa, junio de 2008), 13, http://www.defenselink.mil/pubs/2008national

4. Robert M. Gates, “A Balanced Strategy: Reprogramming the Pentagon for a New Age (Una Estrategia Equilibrada: Reprogramar el Pentágono para una Nueva Era)”, Foreign Affairs 88, no. 1 (Enero–Febrero de 2009), http://web.ebsco host.com/ehost/detail?vid=7&hid=106&sid=028e9f71-84b8 &bdata=JnNpdGU9ZWhvc3QtbGl2ZQ%3d%3d#db=aph&AN=35634218.

5. Frank G. Hoffman, Conflict in the 21st Century: The Rise of Hybrid Wars (Conflicto en el Siglo 21: El Surgimiento de las Guerras Híbridas) (Arlington, VA: Potomac Institute for Policy Studies, diciembre de 2007), 8, http://www.poto

6. Ibíd., 43; y Frank G. Hoffman, “Information Paper on Hybrid Warfare (Documento de Información sobre la Guerra Híbrida)”, Centro para Información de Defensa/Grupo de Visión Estratégica, 12 de marzo de 2008, 8.

7. Doctrina Conjunta, Nota 2/07, “Countering Irregular Activity within a Comprehensive Approach (Contrarrestar la Actividad Irregular dentro de un Enfoque Integral)”, marzo de 2007.

8. A Cooperative Strategy for 21st Century Seapower (Una Estrategia de Cooperación para el Poderío Marítimo del Siglo 21) (Washington, DC: Infantería de Marina de los Estados Unidos, Marina de Guerra de los Estados Unidos, Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos, 2007), [6], http://www.navy.mil/maritime/MaritimeStrategy.pdf.

9. John Arquilla, “The End of War As We Knew It? Insurgency, Counterinsurgency and Lessons from the Forgotten History of Early Terror Networks (¿El Fin de la Guerra Tal Como la Conocimos? Insurgencia, Contrainsurgencia y Lecciones de la Historia Olvidada de las Redes Iniciales de Terror)”, Third World Quarterly 28, no. 2 (marzo de 2007): 369, http://www.informaworld.com/smpp/section?content=a771175280&fulltext=713240928.

10. Ron Tira, “Breaking the Amoeba’s Bones (Rompiéndole los Huesos a la Ameba)”, Strategic Assessment 9, no. 3 (noviembre de 2006), http://www.inss.org.il/publications
.php?cat=21&incat=&read=84.

11. Véase, por ejemplo, Julian E. Barnes y otros, “A Battle over ‘The Next War,’ (Una Batalla sobre la ‘Próxima Guerra’)”, Los Angeles Times, 21 de julio de 2008, http://articles
.latimes.com/2008/jul/21/nation/na-nextwar21.

12. Max Boot, The Savage Wars of Peace: Small Wars and the Rise of American Power (Las Guerras Salvajes de Paz: Guerras Menores y el Surgimiento del Poderío Americano) (New York: Basic Books, 2002).

13. George M. Monroe, “The Rebirth of the Outback Air Force (El Renacimiento de la Fuerza Aérea del Interior)”, Armed Forces Journal, febrero de 2008, http://www.afji.com/ 2008/02/3246746.


Colaborador

Honorable Robert Wilkie El Honorable Robert Wilkie (BA, Wake Forest University; JD, Loyola University of the South (New Orleans); LLM, Georgetown University Law Center; MSS, US Army War College) fue secretario adjunto de la defensa para asuntos legislativos, desempeñándose en calidad de asesor legislativo del secretario de defensa y fomentando la estrategia del Departamento de Defensa, prioridades legislativas, irectrices y presupuesto ante el Congreso de Estados Unidos. Se ha de­sempeñado en calidad de asesor jurídico del Senador Jesse Helms (Republicano, Carolina del Norte); abogado y asesor sobre asuntos de seguridad internacional para el Líder de la Mayoría del Senado, el Honorable Trent Lott (Republicano, Mississippi); asistente especial del presidente para asuntos de seguridad nacional; y director principal del Consejo de Seguridad Nacional. El Sr. Wilkie es un oficial de inteligencia en la Reserva de la Fuerza Aérea, asignado al Estado Mayor de la Fuerza Aérea. Anteriormente prestó servicio en la Reserva de la Armada de EE.UU. con el Grupo de Guerra Especial Número Dos de la Armada y en la Oficina de Inteligencia de la Armada. En calidad de egresado de la Escuelas Superiores de Comando y Estado Mayor de la Armada, de la Fuerza Aérea y del Ejército, el Sr. Wilkie ha publicado artículos en las siguientes revistas: Naval War College Review, Parameters, Armed Forces Journal y Proceedings. Colaboró con un capítulo sobre la defensa europea en el libro Stragegy for Empire: U.S. Regional Security Policy in the Post-Cold War Era (Estrategia para el imperio: La política de seguridad regional de EE.UU. después de la era de la guerra fría) (SR Books, 2004). El Sr. Wilkies fue condecorado con la Medalla de la Defensa por Servicio Público Distinguido, el premio más alto que el Departamento de Defensa le otorga a civiles.



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